¡Hay que estar espabilao!

Al loro con lo último que me ha pasado. Yo no sé qué hago, pero me llegan todos los locos. Hace poco tuve reunión de comunidad. Imaginaos el personal de mi bloque: es genuino,  cada uno tiene su toquecito, pero eso sí, buenísimas personas. Estábamos reunidos en los sofás del portal y se sentó a mi lado Loli la del 4º, que venía con el perrito de la calle. “Ahora viene mi marido, que se está duchando”, justificó sin que nadie se lo pidiera. Y llegó, como llega siempre, oliendo a gloria, siempre se echa su poquito de Varon Dandy, su cadena de oro, el sello también de oro, su camisa por dentro y unas babuchas… total estábamos en el portal de casa. “¡Hombre, Antonio!”, exclamó el presidente de la comunidad. “Bueno, ya podemos empezar, que está aquí el vocal”. 

En la reunión se habló lo mismo de siempre, que tengamos cuidado con la puerta al entrar que están robando mucho, que los niños no pueden jugar al balón más tarde de las ocho, que nadie tienda la ropa chorreando… Cuando ya estábamos terminando, veo que Antonio me estaba mirando, me buscaba. “Paco, no te vayas, que quiero hablar contigo”. Quería que hablase con mi cuñado, que es pintor, porque quieren pintar la habitación de su mayor. Hasta aquí normal, pero todo apuntaba a que Antonio se quería tomar una cerveza conmigo. Y en el cuarto se detuvo el ascensor. “La que me espera, con lo que raja este tío”, pensé.

Antonio es representante de una conocida marca de ropa íntima masculina, llegando a ser en más de una ocasión el comercial con más ventas de branlis a nivel nacional, el pichichi de esta prenda, vamos. Aparte de esto, es un gran aficionado al tenis, es más, amigo íntimo del portero del club de tenis donde entrena Rafalito Nadal, Oriol… hicieron la mili juntos, cómo no. A través de esta amistad me contó que todos los calzoncillos que usa el tenista mallorquín se los consigue él, unos especiales, sin costuras. Fijaos si le gusta este deporte, que me contó una historia, cuya conclusión era que él estaba convencido de que el tenis lo inventó un español.

“¿Paco, tú no tienes prisa, verdad? Te voy a contar yo a ti quién inventó el tenis”. Sacó dos copas, su botellita de Tío Pepe y un poquito de mojama… y nos dieron las dos y las tres… Estábamos a gusto, para qué os voy a engañar.

“Los ingleses ya sabes cómo son, se quieren quedar con la invención del tenis, pero eso no fue así. Según la historia oficial lo inventó un tal Walter Clopton Wingfield a mediados del siglo XIX, por lo visto este señor, un iluminao, puso a la venta un pack especial, con el cual se podía jugar al tenis. La caja del pack contenía dos raquetas, una pelota de caucho, una red, dos postes y utensilios para medir el campo. Presentó la patente el tal Wingfield en un torneo de Navidad, la verdad es que el tío estaba orientao y sacó el producto justo para los Reyes… aunque no sé si los anglicanos son más de Santa Claus. Uno que había por allí le dijo “Sir, Wingfield, esto ya está inventado y se llama tenis”, a lo que alegó que su red era especial y la había inventado para este nuevo deporte. ¡Que se llevó el pato al agua, Paco! Tú sabes, para los negocios hay que estar vivo”.

Ante mi cara de guasa, Antonio continuó con su teoría. “Unos años antes, un catalán, junto con un inglés, había inventado este deporte. Hay una serie de cartas que lo corroboran. Harry Gem y Juan Bautista Luis Augurio Perera, Juan Luis era el español, crearon un deporte muy similar al que años más tarde Wingfield sacara punta. Perera fue un catalán que emigró a Inglaterra, donde se casó con una chavalita de Birmingham, ciudad en la que se instaló y pasó el resto de su vida. Allí se dedicaba al negocio de la importación, llevando mercancías y productos españoles hasta las islas”.

“Los ingleses comen regular, Paco, yo me imagino que éste llevaría para allá cuatro o cinco cosas nuestras y los británicos como locos”, le respondí. Mi vecino retomó el relato: “Cuentan que hizo buenas amistades, y una vez asentado en la clase alta de la sociedad, le pusieron hasta una calle. En Birmingham está la Pereira Road, muy cerca del club de tenis más antiguo del mundo, Edgbaston Archery and Lawn Tennis Club. Este Juan Luis parecía un tío espabilado y además, siendo catalán, me extraña muchísimo que un inglés le levantara el negocio del pack del tenis. Harry Gem, compadre de Perera, cuando se enteró de que Wingfiled había patentado aquel deporte, escribió una carta al diario deportivo The Field diciendo que la actividad que proponía este señor era un tanto dificultosa y que tanto él como Perera habían creado una más sencilla, que a la larga se convertiría en el tenis como actualmente lo conocemos. El primer partido de aquel deporte denominado por Gem y Perera como “La Pelota” se disputó en los jardines de Fairlawn, vamos en la casa del catalán, y más tarde se empezó a jugar en los más prestigiosos clubes de la ciudad de Birmingham. Con los años pasó a llamarse Lawn-Tennis, y siguió evolucionando hasta nuestros días”.

No sé si por los efectos del Uncle Pepe, pero aquella historia de mi vecino cobraba veracidad por momentos. “Gem y Perera se querían un montón, Paco. Mira cómo era su amistad que, cuando Gem escribió la carta, dijo que todo aquello era invención de Perera y que si a alguien le debíamos el descubrimiento de aquel deporte era a Juan Bautista Luis Augurio Perera. Esto no sirvió para nada porque allí, en Birmingham, no hay ni cofradías ni cosas de este tipo que te reconozcan tus hazañas, pero por lo menos el catalán se llevó su calle”.

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