Hablar con las máquinas, hablar a las máquinas

Predecir el futuro es siempre arriesgado, pero ¿qué hacer cuando uno ve claro que lo que nos rodea va a cambiar un aspecto determinado de nuestras vidas aunque sin saber exactamente cómo? Intentaré enfocar este problema de una manera especulativa, pero procurando presentar alternativas realistas. El primero de los cambios que quiero comentar es la manera con la que nos comunicaremos con las máquinas.

Hemos pasado de hablar con las máquinas en su “idioma”, con líneas de comando (10 IMPUT …) a simplemente decir “Ok, Google llama a Eva”. Tampoco ha cambiado tanto: seguimos dando órdenes simples, directas y en un número muy reducido. Y tampoco es que tengamos conversaciones muy reales con ellas que digamos.

Pero pensemos en que hacerlo con la voz es sustancialmente distinto. Son áreas cerebrales distintas las que gestionan voz y escritura. Para escribir hacen falta dedos, teclados, pantallas… Para hablar, pulmones, cuerdas vocales, lengua y labios (más micrófono).

Siempre soñamos con proyecciones muy distintas a nuestra realidad. Hay dos formas de ver esta relación con las máquinas: una es la visión de la película Her, en la que las conversaciones con la máquinas son como con otro humano, esto es, uno cuenta qué le pasa, cómo se siente, su opinión sobre cosas. Y la máquina, de alguna manera, responde ofreciendo servicios que resuelvan nuestros problemas o inquietudes. La segunda manera es algo más realista, simplemente le pedimos algo como ya estamos haciendo con los teclados, eligiendo opciones o pulsando un botón. Es una interacción, pero no una conversación: busca un vuelo a Viena para el viernes, dime cómo está el tráfico en el camino a casa o reproduce la lista de reproducción de Van Morrison. Eso no es una conversación, pero que sea la voz el medio con el que transmita la información y que haya dispositivos de uso general que nos entiendan es el primer paso para que ocurra. El segundo paso tiene que ver con que las máquinas, aparte de entender lo que decimos, nos comprendan. En este camino están muchos equipos trabajando en inteligencia artificial y por ahora sólo podemos vislumbrar algunas aplicaciones simples. Nada parecido a tener un amigo que te consuele cuando estás triste o con quien hablar del Brexit.

¿Qué pasa con los contenidos ya existentes? Los servicios de compras, buscadores, aplicaciones, etc. están preparados para una pantalla. No están pensados para “hablarnos”. Aunque podamos usar un lector automático como el que utilizan los invidentes, la redacción, la estructura de las palabras está hecha para ser leída, no para ser escuchada. Un cambio en el medio cambiará la estructura del mensaje.

Si nos asombramos con nuestros hijos y la facilidad con la que manejan los dispositivos táctiles, con su extrañeza ante pantallas que no reaccionan a sus dedos, ya veremos qué piensan nuestros nietos cuando les contemos que normalmente leíamos letras en una pantalla y escribíamos con un teclado textos como éste.

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