Guía apócrifa de Semana Santa

Hay quien encuentra placer en el hábito, seguridad en la repetición. Esto es mucho de Sevilla, sobre todo cuando llegan sus fiestas grandes, en las que la tradición manda sobre la improvisación. En estas fechas cercanas a la celebración de la Pasión proliferan programas y guías que recomiendan qué hacer -y cómo- y qué ver -y cómo ver- la Semana Santa de Sevilla. Seguirlas es ser canónico.

Os proponemos una guía alternativa, que podéis cumplir o no, incluso adaptarla a vuestros gustos. Advertencia: si la seguís, pasaréis al lado oscuro, a ser apócrifos de la fiesta.

Esta es la guía de la Semana Santa de La Muy, con una recomendación por día. Disfrutadla a vuestro antojo.

DOMINGO DE RAMOS. Poneos ropa cómoda. O no, mejor colocaos vuestro traje según el dress code cofrade. Tirad temprano hacia Santa Catalina, a eso de la una de la tarde. Meteos del tirón en El Rinconcillo y apalancaos como sea en uno de los ventanales que se abren a la calle Gerona. Id preparando el cuerpo a base de coroneles, finos o cervezas. A eso de las tres y media veréis cómo empiezan a pasar los nazarenos de La Cena. Desfilarán primer y segundo paso, los dos de Cristo. Lo mejor está por llegar. Pedid entonces una cerveza bien fría y un pavía de bacalao. Y mientras pasa el palio del Subterráneo a los sones de Tejera, saboreadlos con placer. ¿Misticismo? Quién lo necesita con este plan.

 

LUNES SANTO. Este día haremos un poco de deporte. No os asustéis, será algo relajado. Montaos en una yola o una piragua, vamos a singlar por las tranquilas aguas del Guadalquivir. Eso sí, protección solar y gorra. Remad desde algunos de los pantalanes y clubes náuticos rumbo al puente de Triana a eso de las cinco y media de la tarde. Fondead el bote y disfrutad desde el agua del paso de la Hermandad de San Gonzalo por el puente. Quedaréis impresionados por esta visión inédita… y refrescante.

 

MARTES SANTO. Hay que madrugar. Vamos en autobús de Tussam hasta el barrio de El Cerro del Águila, en la línea que mejor os venga. Desayunaremos en alguna de sus populosas cafeterías, esa mañana hasta las trancas de vecinos nerviosos por la salida de su cofradía. Luego buscaremos la Parroquia de los Dolores y nos colocaremos para ver salir la cofradía, momentazo -como diría Boris Izaguirre- de la Semana Santa. Por cierto, el único palio que sale con los sones del Himno de Andalucía. Lo mejor está por llegar. Una vez salga y se marche la cofradía hacia el centro de la ciudad, pasead las calles desiertas del barrio. La sensación de absoluta soledad y excepcionalidad os impactará; os sentiréis Eduardo Noriega en la Gran Vía en Abre los ojos.

 

MIÉRCOLES SANTO. Vestíos cómodos, vamos a sudar un poco. Os damos a elegir dos medios de transporte: patines o bici. Elegid el que queráis. Nuestro destino es el barrio de Nervión. A mediodía en la Gran Plaza, allí debéis estar. Sale la cofradía de La Sed y la vais a ver en una especie de traveling en tiempo real. Poneos en paralelo a uno de sus dos pasos una vez enfile Eduardo Dato y acompañadlo -sobre patines o en bici- a lo largo de esa larguísima avenida y de la de Luis Montoto. Pocos podrán decir que han visto una cofradía en movimiento mientras la acompañaban sobre dos u ocho ruedas.     

 

JUEVES SANTO. Vamos dirección Alameda de Hércules. Al cine, el que prefiráis: Multicines Alameda o el Cervantes. Entrad a la sesión de seis y media o siete de la tarde. Palomitas y a disfrutar de la peli… hasta que empiece a llegarnos el sonido de los instrumentos de la Agrupación Musical Nuestro Padre Jesús de la Redención que acompaña al paso de la Oración en el Huerto, vulgo Montesión. Retumbará el cine y se mezclarán en un caos armónico y onírico el sonido de la película con las marchas de Semana Santa. Podréis presumir de haber visto sin ver Montesión mientras veíais una película, o de haber visto una película con una banda sonora advenediza que jamás se repetirá.  

 

MADRUGADA. Estaban los místicos en su rincón… De la mano de Antonio Núñez de Herrera iremos a ese rincón, el mostrador de Casa Vizcaíno en la calle Feria. Hablamos de las nueve y media de la mañana, la hora exacta para un vino o una cerveza. Acodados en la madera, veremos pasar la Macarena a través de los cristales de la tasca. En el mostrador, junto a las cuentas en tiza y los altramuces, Teoría y realidad de la Semana Santa de Núñez de Herrera. Mientras pasa la interminable cofradía, y sin dejar de libar, leed Explicación y elogio de Pilatos, Texto púnico de los cien gallos, Salmo de Jesús del Gran Poder y por supuesto Estaban los místicos en su rincón. Y en ese momento, como por sortilegio, vais a comprender la grandiosidad de los textos nuñezherrerianos, que es igual a comprender la riqueza popular de la Semana Santa.

 

VIERNES SANTO. Día de tinieblas y silencio. Cofradías serias que siembran el recogimiento a su paso. Dirigíos a la calle Bustos Tavera, al Convento de la Paz. Os advertimos que va ser tarde, al filo de las dos de la madrugada. Todo será oscuridad, absoluta negrura. Pero antes de llegar a ese momento habréis tenido que descargaros en vuestros smartphones la app de night vision. Con ella convertiréis vuestro celular en una cámara de visión nocturna. En cuanto escuchéis la campanilla del muñidor que abre el cortejo de La Mortaja, poned ante vuestros ojos el móvil con la aplicación de visión nocturna y disfrutad de la entrada de la cofradía como posiblemente nadie lo hará nunca. Observaréis detalles imperceptibles… salvo para vosotros.

 

SÁBADO SANTO. Como os habréis acostado tarde viendo La Mortaja, no os haremos madrugar. El plan es simple: tortilla de patatas, filetes empanados y bebidas; bañador, sombrilla y protector solar; coche y música. Coged la carretera que lleve a la playa que más os guste… la que os dé la gana, eso sí, no demasiado lejos. Disfrutad de un día de sol y baños y a eso de las ocho de la tarde, después de una duchita y cambio de ropa, de vuelta. Parada en La Pañoleta para cenar y luego a la plaza de San Lorenzo. Hay que estar allí antes de las doce, que es cuando llega la Soledad a la plaza. Vedla entrar y esperad hasta que las puertas de la parroquia se cierren. Luego, acercaos a la puerta, tocadla y santiguaos. Así volveréis a estar allí al año siguiente… eso dicen.    

 

DOMINGO DE RESURRECCIÓN. Volvemos a madrugar, venga que ya queda poco. Echaos en el bolsillo vuestro reproductor de música. Previamente, descargaos el Nessun Dorma de Pavarotti. Dirigid vuestros pasos hasta Santa Marina. Situaos frente al portón de la iglesia a eso de las ocho de la mañana. Ojo, ahora maniobra de precisión: tenéis que sincronizar la música de vuestro reproductor con los tiempos de la cofradía del Resucitado. Cuando veáis que aparecen los ciriales, dadle al play. Escuchad la salida del paso de Cristo haciendo coincidir la frase final del aria de Puccini -Tramontate, stelle! All’alba vincerò!- con el arranque de la agrupación musical que lo acompaña. ¡Será un final glorioso!

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