Gonzalo García Pelayo

Leonardo da Vinci creería en la reencarnación si conociera a esta matrioska de barbas canas que guarda en su interior a un cineasta, un productor, un jugador, un escritor y un pensador sin prejuicios. Calculó las probabilidades para hacer saltar la banca del talento e inventó una maravillosa máquina a la que llamó rock andaluz. Houdini que escapa de las cadenas de las etiquetas sin renunciar a la raíz tritura sin compasión las ideologías. Alma en tensión entre la inteligencia abstracta y la emocional, entre Gauss y María Jiménez. Arco siempre dispuesto a hacer blanco en la única diana que le merece la pena, la felicidad. Es Gonzalo García Pelayo, un hombre del Renacimiento 2.0.

Su currículum abruma, ¿cuántas vidas ha vivido?

Todas las que he podido. Vivir con intensidad me ha apasionado siempre, intentar concentrar muchas cosas a la vez. Ahora no me permito pensar ni calcular más de tres cosas al mismo tiempo.

¿Se ha hecho el test de inteligencia?

No, me da miedo que me dé bajo. (risas)

Cineasta, presentador, productor, apoderado, jugador… Si estas actividades fueran un pinchito, ¿el palillo que los ensarta sería?

La búsqueda de la esencia de la naturaleza del ser humano. Tengo un referente en Shakespeare y en su indagar cómo es la conciencia humana, por qué las reacciones y las diferentes capas en la personalidad, el mundo que no conocemos de las otras personas aunque estén cerca, el hondo universo de la mujer. Siempre hay algo que investigar; es el palillo del pinchito.

¿Viene de vuelta?

Clarísimamente me siento siempre de ida. Ahora mismo con sesenta y ocho años me siento en el recomienzo de muchas cosas.

¿Al hombre hay que buscarlo en su infancia?

Para mí, es de las fases menos importantes. Mi adolescencia, cada década que he vivido, mi vida ahora mismo, tienen más importancia que en la primera década.

García Pelayo

Descríbame en escenas cinematográficas su infancia, y póngale una banda sonora.  

Primera, la muerte de mi padre y toda la infancia sin él, aunque tuve un padrastro, con una función importante pero que no quiso ocupar la figura paterna. Segunda, una cierta sensación de inseguridad y timidez, que en la adolescencia me esfuerzo en quitar. Tercera, el descubrimiento de la mujer, complemento fundamental, incluso religioso con la Virgen María. Todo eso empujado por el sexo y la voluntad de reproducción.

¿Qué banda sonora le pondría?

I need you de George Harrison (la tararea).

¿Y su madre?

Fue clave, como todas las madres. Era el centro ideológico, muy religiosa, el centro cultural, muy lectora y amiga de los libros. Muy el centro de todo el desarrollo de mi vida. Fue concejal de Cultura en el Ayuntamiento de Chipiona y hemos conseguido que le pongan una sala en la biblioteca del pueblo… y creemos que no sobraría una calle con su nombre. Se llamaba Francisca Segovia.

¿Qué tipo de educación recibió?

Religiosa, estudié en los Jesuitas. Cuando acabé los estudios estaba en la duda de ingresar en la orden o dedicarme al cine. Tuve una crisis de desgarramiento y decidí marcharme a París a estudiar cine porque en España por ley no podía hasta los veintiún años. Dejé Filosofía y Letras en Sevilla y me marché a París; solo lo entendió mi madre. Allí lavaba platos por las mañanas y las tardes las dedicaba al cine y la música. Preparé mi ingreso en la academia de cine; lo logré a la primera.

Nace en Madrid, pero es del Sur.

Hasta los ocho años vivo en Jerez, luego me hice sevillano con las vacaciones en Chipiona.

El Sur del franquismo…

Aquí fue tan malo como en cualquier otro sitio. Recuerdo cuando la cosa empezó a agitarse con Franco vivo. La música en algunos momentos es un factor mucho más revolucionario que las ideas: los Rolling Stones podían tener más valor que Fidel Castro. La Sevilla de aquella época la agitaron más los Rolling, Hendrix y Pink Floyd que las ideas. El primer movimiento de gente joven que se puede llamar movida se da en Sevilla, mucho antes que en Madrid, en el año sesenta y nueve.

¿Su primer trabajo?

En París. Tuve que trabajar para mantenerme lavando platos, en una máquina que plegaba telas, limpiando oficinas; mi madre también me ayudaba.

¿Por qué hizo radio?

Me había traído discos de París y tenía ganas de compartirlos. En Radio Nacional de Sevilla, con Paco Cervantes, nos aceptaban una lista de discos que presentaba una locutora profesional, y era de una frialdad tremenda. La gran expansión se produjo cuando pude montar Radio Popular de Madrid, una emisora que nos dio satisfacciones enormes. Hicimos las veinticuatro horas de los Beatles, que fue histórico. Luego supe que Carlos Herrera empezaba un programa nacional, le escribí diciéndole que me gustaría hacer radio de opinión y estuve siete años con él en una colaboración semanal. Con la situación actual me gustaría opinar todo el día.

¿Y le dejarían?

Sí. No es lo mismo estar en democracia que en una dictadura como la de Franco. A partir de la democracia tengo una visión radicalmente diferente de la sociedad. Cuando discriminan entre lo legal y lo moral, lo critico mucho. No hay concepto moral, solo el legal. Todo lo que sea moral y no está en la ley, hay que meterlo en la ley; todo lo que sea inmoral y está en la ley, hay que sacarlo. Lo que es correcto acordado por toda la sociedad es lo correcto. No puedo soportar una bandera republicana porque hemos decidido democráticamente que en principio no; me parece bien que se intente, se hable, pero es irrespetuoso con la democracia y el acuerdo.

¿La mayoría manda?

Votamos, y los que hemos ganado queremos que se respete lo que hemos ganado. ¿Por qué hay quien piensa que tiene una fuerza moral mayor que la de los que hemos ganado? No acepto esa fuerza moral superior, que es la que siempre tiene Anguita y esta gente; usted no la tiene más que yo, de ninguna manera. Solo estamos bajo la moral que está protegida por la ley gracias a que estamos en un país plenamente democrático. Tenemos que terminar con esa dualidad entre lo que tendría que ser y lo que es.

¿La mayoría siempre tiene razón?

Lo que dice la mayoría está bien. Y tranquilos, que no pasa nada, que ya se corregirá lo que está mal. Recuerdo la América de los sesenta y los problemas de los negros, cómo me iba a imaginar que esa sociedad acabaría eligiendo un presidente negro.

¿La democracia es una cuestión de cantidad?

Usted no me hable de calidad, hábleme de cantidad. Eso es propio de la democracia. Si estamos hablando de algo con un valor social, actúa la ley de los números, luego la ley de la cantidad. ¿Quién le da a usted el marchamo de la calidad? La única persona que podría tener esa representatividad es el presidente del Constitucional y el Papa, pero tampoco tenemos que aceptar que alguien tenga la última palabra; la tendría Dios, pero no se pone al teléfono.

¿Y las minorías?

La democracia implica la aceptación de la minoría, pero que no se imponga a la mayoría. Usted tiene todo el derecho a pensar diferente a la mayoría, pero no a pensar que es superior al resto y que tiene que pensar como usted. Y si tiene razón, ya irá impregnando a toda la sociedad.

El independentismo catalán ¿es mayoría o minoría?

Es una cuestión a discutir en España entera, y son minoría absoluta. Incluso si lo discutimos en Cataluña, las urnas han dado que tampoco la tienen.

¿Qué sensación le provoca la situación política actual?

De joven de dieciséis años con granos en la cara. Hay países que van hacia la madurez, como Italia, y otros que están todavía en la adolescencia, como España. Como es lo que quiere la gente, me parece estupendo, pero también, sin necesidad de prédicas, va a aprender que no tener bipartidismo conlleva otros problemas.

¿España siempre llega tarde?

España es un país de una enorme capacidad de inteligencia emocional y una pobrísima capacidad de inteligencia abstracta. Si llegar tarde se refiere al progreso científico, estamos siempre llegando tarde. Bajo un punto de vista de inteligencia abstracta somos cortos, lo que pasa es que el mundo nos admira por nuestra enorme capacidad de inteligencia emocional. En el terreno de la inteligencia abstracta estamos muy retrasados… somos el país que gritaba ¡Vivan las cadenas!

Volvamos a su vida. Defina su cine.

Un ejercicio para romper etiquetas de mí mismo. Mi cine es no tener estilo.

¿Es un cineasta de culto?

Ojalá que al menos sea eso. Durante treinta años no he sido nada. Ahora parece que se me reconoce con ciclos como el de la Viennale 2013, la Jeu de Paume de París y la filmoteca de Zaragoza.

¿Cuáles son los referentes en su cine?

Ford, Rossellini y Godard. En la revista francesa Trafic el articulista escribe algo que me hace descubrirme: amor a la tradición y a la transgresión. Esa idea parece que representa mucho mi cine. Otros críticos dicen que las líneas fundamentales son el amor al arte popular, cierto sentido de trascendencia y unos intentos de investigar sobre la modernidad. De alguna manera ese intento de investigación de la modernidad sería la transgresión y el amor al arte popular la tradición, con esa cuestión de la trascendencia en medio. Esa trascendencia también la busca Hendrix y Antonio Mairena, es un latido casi obligatorio en cualquier obra de arte.

¿Es posible transgredir en el Sur sin la raíz de la tradición?

Es muy difícil estar en Andalucía y no tener el sentido de la tradición. He salido doce años en El Silencio. He ido a El Rocío y al carnaval de Cádiz. Son mis relaciones con los festejos populares. Y mucha proximidad al flamenco. Toda la gestión del rock andaluz iba en el sentido de no desaprovechar la gran tradición cultural que tenemos.

¿Qué película, no suya, enviaría al espacio para que, si hay vida inteligente, conociera al ser humano?

Que no fuera mía… (risas). Mandaría una mía, Vivir en Sevilla, y Pierrot le fou de Godard.

¿Cómo llega a la música?

En París. Salgo del restaurante donde lavaba platos y en un puesto de segunda mano encuentro un disco con un título que me llama la atención, Sketches of Spain de Miles Davis. No sé qué es, pero lo compro, lo escucho y alucino. Si Miles Davis y el arreglista Gil Evans son capaces de hacer eso, poner así una soleá y hacer esa versión del segundo movimiento del Concierto de Aranjuez, para mí, el mejor arreglo de la historia… fue una iluminación. No obstante, arranca con mi padrastro, que me ponía Beethoven, yo alucinaba con los preludios de Wagner. Luego, Paul Anka, Elvis y los Beatles, que vi en París en 1965.

¿Qué debe tener un buen productor musical?

Un concepto global de la elaboración de un disco, saber manejar bien lo mejor del técnico de sonido, del arreglista, del compositor y combinarlo. En muchos discos parece que el productor no está, pero cuando escuchas muchos sí se le empieza a encontrar. En Triana, Carlos Cano, Labordeta, María Jiménez, Amancio Prada, Paco Rivas y Vainica Doble, a lo mejor hay ese alambre del pinchito, en este caso yo. También debe tener un cierto sentido sociológico, saber si esa obra está integrada en el momento que vive el país.

¿Y un productor genial?

Lleva al diez, a la máxima excelencia, todas las características que he dicho. Hay una artista maravillosa, María del Mar Bonet, que solo tiene un disco maravillosamente producido por Alain Milhaud. Y hace un disco para mí legendario. Hay grandes cantantes a los que les falta un productor: Javier Ruibal es un magnífico cantante y compositor sin productor. Algo así le pasa a Serrat, que adolece de producción. Podría dar una lista enorme. Sin embargo, hay cantantes que no son lo mejor del mundo y tienen una gran producción detrás, como Rosario, que tiene unos discos espléndidos, por encima de su nivel artístico, que es alto. Comparativamente prefiero un disco de Rosario que de Serrat, creyendo que tiene más dimensión artística Serrat.

¿Existe el rock andaluz?

Existe, y lo creamos Julio Matito y yo, en mi casa, en los altos del Club Don Gonzalo, en Virgen del Valle 32, en Sevilla. Desde luego, inmediatamente con el acuerdo de Gualberto. Me reúno con Julio y le digo “No podemos estar haciendo Hendrix igual que Hendrix y Redding igual que Redding; tenemos muchas cosas que contar”. Hice una especie de ecuación: tenemos un tiempo y un espacio, nosotros somos de un tiempo, el del rock, y de un espacio, que no es California, ni Manchester, ni Liverpool. Tenemos que ser capaces de unir el espacio y el tiempo, y esa es la idea original del rock andaluz, que llega a su cumbre con Triana.

¿Y después?

Julio se dedicó absolutamente a eso y Gualberto se unió enseguida. Yo no estaba, pero dejé a Alain Milhaud. Llega El Garrotín de Smash. Suman un genio, Manuel Molina. ¿Suerte? Probablemente intuición. Molina era grifota como ellos y había circunstancias que los unían, similitud de pensamientos y sentimientos. Y de una manera que nunca sabré explicar Triana coge la magia de todo eso y la amolda como nadie, no sé si como heredera o de forma paralela, pero evidentemente es la coronación de esa idea.

Al escuchar Triana ¿qué sintió?

Dije “esto es por donde debemos ir”, sin ninguna duda, duda que sí tuvieron las compañías. Era la materialización de la idea que tuvimos.

¿Es el mejor grupo que ha escuchado?

Sin duda. No del rock andaluz, sino de España y de los cinco mejores del mundo. Tiene una gran inspiración, sentido de la trascendencia y de lo moderno. Amor a la tradición y transgresión. King Crimson, Steve Winwood,  Paul Moran… los tiene dentro Jesús de la Rosa, pero también todo el ambiente de la calle Feria, de Montesión, de sus amigos flamencos. Todo eso está en Triana.

¿Sus cuatro evangelistas de la música del sur?

Mairena, Falla, El Selu de Cádiz y Triana.

¿El mejor disco que ha producido?

El primero de María Jiménez. El desempeño que debo hacer es mucho más amplio que en otros. En El Patio de Triana, un disco histórico, mi colaboración es abrirles las puertas de la casa de discos; ellos tenían las ideas muy claras. Con María es diferente, tengo que inventarme un sonido, un repertorio y quizá como productor es más completo este trabajo que el de Triana. Es un disco completamente nuevo en muchos aspectos de sonido. Y te podría decir que el segundo que más me gusta de mi carrera es el último que hice con María Jiménez, cantando a Sabina.

¿Qué le sugieren estos nombres? Jesús de la Rosa, Víctor Jara, Gualberto, Lole y Manuel, Camarón, Bisbal, Alejandro Sanz y Beyonce.

De la Rosa: genio. Jara: compromiso. Gualberto: artista. Lole y Manuel: inspiración. Camarón (ríe y se lo piensa): no sé si decirlo… cuento. Bisbal: no sé. Sanz: sentido de donde está; Beyonce: por fotos, atractivo sexual.

¿Qué supuso el asesinato de Víctor Jara?

Me enteré después. Fui a Londres a ver a su viuda. Me concedió una entrevista desgarradora. Le prometí que haría todo lo posible para que la figura de Víctor se conociera en España. Edité su música sin suponer el éxito económico que iba a tener. Pensaba que era para una minoría, pero fue el motor económico de Gong.

¿Y la muerte de Jesús de la Rosa?

Estaba fuera de España y no pude ir a su funeral. Sentí que se acababa algo muy importante. Los tres tenía una función clave en el grupo, pero el centro lo tenía Jesús. Me lo confirmó de una manera muy generosa Eduardo Rodríguez, cuando dijo que Triana se había terminado una vez que Jesús ya no estaba. Me atrevo a decir que es la figura más importante de la música popular española.

¿Quién se le ha ido vivo en la producción musical?

Tuve Como el agua para La Susi, y la cogió después Camarón. Es mi principal fallo. Me gustaría haber hecho un disco con Sabina, también con María del Mar Bonet. No se me han escapado vivos, no he tenido la posibilidad de arrancar sus carreras.

¿Qué mueve su creatividad?

La curiosidad. Dejarme llevar por lo que en ese momento realmente me interesa. Intento separar de manera radical las dos cualidades del ser humano: capacidad de intuición y capacidad analítica. En mi actividad creativa no quiero para nada capacidad analítica, nada que signifique un cálculo, solo intuición, aquello que realmente me pide el cuerpo hacer o tengo necesidad erótica de hacer. Hice películas eróticas porque tenía necesidad de fotografiar un coño. En otros terrenos, como el juego, no doy ningún valor a la intuición y lo fío todo a la inteligencia abstracta.

Eso es vivir dos vidas en paralelo, ¿no?

Ahora de pronto tengo ganas de hacer tres películas, simultáneamente. No sé si las podré hacer, pero quiero hacerlas. Sin embargo estoy analizando los números primos y no quiero tener corazonadas sino ser capaz de desgranar una teoría sobre algo que llevan veintitrés siglos buscando… y creo que me acerco más que otros en un análisis de inteligencia abstracta.

¿Lo excelso en el arte debe ser minoritario y deficitario?

El genio más grande del siglo XX ha sido Picasso, que no fue minoritario sino amplísimo y una mina de oro. Otros genios, los Beatles, contradicen ese aserto. También puede ocurrir lo contrario, adoro a Tim Hardin, que casi nadie conoce y murió olvidado. Me encanta un cine underground que no ve nadie, pero también La taberna del irlandés de Ford que fue un pelotazo económico. No veo la diatriba, sobre todo en una sociedad democrática, donde lo lógico es que la obra de arte represente un poco las aspiraciones de mucha gente y sea masiva.

¿El creador debe tener olfato sociológico?

Puede ser que el creador esté demasiado por delante y que siga siendo minoritario hasta que la sociedad avanza, se sitúa detrás y ya no hay diferencia. O que el creador se acerque a la gente. Picasso empieza demasiado por delante, pero en seguida la sociedad le sigue. Vivir en Sevilla no le interesó a nadie y ahora tiene millón y medio de visitas en internet.

En definitiva, ¿cantidad o calidad?

La cantidad no necesita estar preñada de calidad. Admiro la cantidad por ella sola. Alguien que es capaz de hacer mucha cantidad de obra, es casi imposible pensar que no tiene interés o alguna calidad, porque no la haría. Me gusta Woody Allen porque hace una o dos películas al año, significa que tiene cosas que contar.

¿Cómo cae la bolita de su vida en el casillero del juego?

Me gusta el juego porque me gusta jugar al ajedrez, incluso he militado en equipos de la primera división de Madrid. Luego me aficiono a jugar en el casino y observo que no tiene tanta ventaja comparada con otras cosas. Analizo, sin intuiciones, que los juegos serían ganables si se busca alguna perspectiva diferente. Empiezo con las matemáticas clásicas y todas fracasan, pero le doy a la ruleta un enfoque físico, y me sale que es imperfecta. Confirmo mi teoría de que treinta y siete relojes puestos en hora hoy dentro de una semana no irán exactos: eso pensaba que pasaba con los casilleros de una ruleta, que unos adelantan y otros atrasan.

¿Existe el método Pelayo?

Estamos en mil historias de apuestas y juegos, siempre con la misma idea, que la probabilidad sea mayor que el pago. El ejemplo del dado: qué te va a costar que salga el 4 si cada tirada cuesta un euro; te va a costar 6 euros. Si te pagan 6 empatas, si te pagan 5,5 te arruinas y si te pagan 6,5 eres millonario. Cuando me pagan un precio que creo que está bien pagado según su probabilidad -el pago es mayor que la probabilidad de que ocurra- juego a favor o en contra, fundamentalmente a favor.

¿Usted juega para…?

Lo primero, el beneficio económico. La base fundamental de mi desarrollo económico futuro es el juego. Pero también me gusta que tenga ese cierto componente del espíritu del rock: desafío al más grande. Cuando viajé con mi familia por todo el mundo con la ruleta, fue uno de los momentos más altos en el gráfico de intensidad de mi vida.

¿Quién está detrás del juego?

Durante un tiempo, la mafia. Eso se ha terminado. Las Vegas empezó mafiosamente, ahora la controlan las grandes corporaciones de Wall Street.

¿Ha tenido miedo?

En Dinamarca me enseñaron una pistola para echarme del casino. Me fui a denunciarlo a la comisaría y casi me meten en el calabozo. Pedí amparo en la embajada española sin éxito.

¿Es millonario?

No, lo he sido. El dinero se gasta. Lo volveré a ser prontamente. En menos de un año, creo.

¿Hay muchos tramposos?

No he conocido jugadores tramposos. Los que sí hacen trampa son los casinos, y los he denunciado ante el juez. En general, las trampas las hacen las empresas, y cuando el Estado actúa como jugador. De cada 100 euros que inviertes en la lotería, pierdes 35, y cuando ganas, de esos 65 que quedan, el Estado te pide un 20%. Los tahures son los casinos y, sobre, todo el Estado.

Fue apoderado, ¿qué ve en el toreo?

Un arte. No puedo entender esta visión animalista que hay en la sociedad cuando hay muchos ejemplos de gente con intuición artística y más conocimiento del ser humano que adoran el toreo y lo tienen como una de las artes más exquisitas e increíbles. La lucha del hombre contra la adversidad y su capacidad de imponerse de manera bella es completamente inconcebible. No puede haber un arte más exquisito.

¿Qué significa el tópico para usted?

Me siento muy ajeno. Es lógico, consustancial a una masa de gente. ¿Es un tópico amoroso And i love her? Me da igual, me llega, significa que soy sensible a un tópico. ¿No es un tópico Tristán e Isolda? También me llega. Estoy en contra del exquisito. Los americanos nos han dado muchas lecciones con gente ilustrada que no impone sus ideas, como Hemingway. Sin embargo detesto a Sartre, que era un déspota ilustrado que veraneaba en la URSS silenciando los crímenes del régimen.

¿Quién es la persona que más le ha impresionado?

Mi profesor de matemáticas, que vivía en la calle Torneo y no recuerdo su nombre. Me gustaría que alguien me lo dijera para dedicarle películas y libros.

¿Cree en dios?

Sí, aunque de alguna manera sin conocerlo. Pienso que hay una fuerza creadora, que mantiene esto, y quizá se está creando ahora mismo. Es una teoría de mi hermano Javier que me gusta: la evolución y el pensamiento están creando un dios; él nos crea porque lo estamos creando.

¿En qué se implica?

Estoy implicado en no implicarme. La gente que pide implicación no me tiene. Estoy implicado solamente con la democracia, y me suelo sumar a las mayorías. No pienso que podamos decir a los italianos que se equivocan cuando votan sistemáticamente a Berlusconi, no tengo autoridad moral para decírselo a un pueblo tan inteligente. No me implico contra Donald Trump; prefiero que no gane, pero si gana, no voy a estar en contra porque no soy quien para decirle lo que tienen que hacer los americanos. La superioridad moral la da la mayoría.

¿Es la felicidad su meta?

El único valor universal que existe es la felicidad, que no contempla ningún ideario ni religión. La religión enaltece el sufrimiento porque la felicidad será en el cielo. ¿Quién le da importancia a la felicidad aquí? Tampoco las ideologías. ¿Socialismo y muerte? ¿Qué puede haber por lo que merezca la pena morir? Como mucho tus hijos o un gran amor. Cuba está llena de ese lema. ¿Cómo vamos a sustituir la idea del martirio cristiano por esa idea de martirio de mierda de socialismo y muerte? Además, ¿los cubanos quieren eso? Ni un cubano. El único valor es la felicidad.

¿Ninguna ideología lleva a la felicidad?

Toda ideología es matadora para el hombre, acaba con la vida. La ideología es muerte. La única ideología es la vida y tener la intuición de qué es lo mejor en cada momento. Mi madre era muy religiosa, pero cuando le advirtieron del peligro de un nuevo parto se hizo una ligadura contra todos los consejos de la religión, y jamás tuvo remordimientos porque estaba segura de que había hecho lo correcto. Ideología no, vida.

¿Qué pretende con Todo es de color?

La búsqueda de la felicidad.

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