Glassing Monkey

Es curioso que en Sevilla tenga su sede una de las más importantes factorías de tablas de surf personalizadas de toda Europa. Sin un solo kilómetro de costa, hace ya algunos años dos socios consiguieron montar lo que para ellos era un sueño, su propia empresa de tablas de surf. Hoy en día están consolidados como líderes en este sector y marcas de todas las nacionalidades vienen hasta sus talleres para requerir sus servicios. Además de fabricar para marcas como Rip Curl o Emery, cuentan con un distinguido equipo de diseñadores que con sus bocetos cubren las necesidades y gustos de más de un surfista. Hablamos con Jesús Ruiz, uno de los chicos de Glassing Monkey, que nos cuenta el arduo camino para alcanzar cifras cercanas al millón de euros de facturación anual y para convertirse en el único fabricante de Rip Curl en Europa.

Hace algo más de 30 años, en la playa de Matalascañas surge lo que unos años más tarde se conocería como. Unos amigos, amantes del surf, decidieron montar un taller donde poder reparar y crear tablas. En Andalucía existía una importante demanda de este servicio así como de productos relacionados con el surf. Y así echa a andar este taller, importando foam de Francia, con el que fabricaban sus tablas. Con el paso del tiempo dejan atrás su etapa amateur y montan el primer taller profesional en El Puerto de Santa Maria, y al poco tiempo deciden instalarse en Sevilla.

Actualmente cuentan con unas instalaciones de más de 1.000 metros cuadrados en Sevilla capital, lugar que, según los técnicos y expertos, es el ideal para montar la factoría por la localización y el clima. La plantilla está compuesta por una decena de trabajadores fijos, que se reparten tareas de diseño, producción y administración.

Entre las personas que trabajan en Glassing Monkey hay que destacar la figura del shaper, el constructor de tablas. Aunque el diseño se hace con la ayuda de ordenadores, es necesaria la dirección humana para marcar las directrices en el proceso de elaboración de las tablas. Matt Barrow es el shaper de Glassing Monkey, su incorporación al equipo fue “un punto de inflexión”, reconoce Jesús Ruiz. Decidieron apostar por uno de los mejores en su campo: desde que Matt se incorporó, los resultados son óptimos ya que ofertan la posibilidad de diseñar un modelo de tabla idóneo para cada cliente.

Actualmente fabrican en torno a 3.000 tablas al año, repartidas entre su propia marca SOUL Surf Boards y otras de gigantes del surf. Venden tablas en todo el mundo, pero su principal radio de acción es Europa, incluyendo Inglaterra e Irlanda. Tienen dos líneas de construcción: la primera, y la más popular hasta ahora, se realiza con un núcleo de poliuretano y se lamina con fibra de vidrio y resina de poliéster. La segunda, que se está implantando ahora con muy buenos resultados, se realiza con un núcleo de EPS (poliestireno expandido) de alta fusión y se lamina con fibra de vidrio, carbono y resina de epoxy. El proceso para fabricar comienza con el shape de la tabla, la creación del núcleo de la misma. Después viene la laminación para conseguir endurecer la tabla e impermeabilizarla; más adelante se le instala el sistema de quillas, que hacen que la tabla funcione. Por último, la customización de la misma. Es un proceso artesanal, por eso una de las ventajas competitivas de Glassing Monkey es su mano de obra: “Al no existir escuelas donde poder formarte en la producción de tablas de surf, los profesionales de nuestro taller son muy valorados en el sector, ya que tienen la formación requerida para esta manufactura. En una buena tabla es tan importante o más que los materiales, los profesionales que participen en su proceso productivo”.

Ahora mismo son los únicos fabricantes de Rip Curl en toda Europa, algo que no ha sido fácil. El gigante americano tiene unos exhaustivos controles de calidad que han sido superados por esta empresa sevillana. Han tenido que competir con fabricantes con casi 30 años de experiencia, pero el buen hacer de este taller ha conseguido convencer a los estadounidenses. Una de las claves del éxito, afirma Jesús, es “conseguir hacer tablas a medida capaces de responder a las sensaciones que desea experimentar el surfista”.

Existe competencia, pero la consideran “sana”. Estamos en un negocio que podemos denominar a medida, sus clientes buscan tablas personalizadas y únicas. La intrusión de las tablas chinas desde el año 2010 no ha hecho todo el daño que pretendían puesto que los materiales y procesos son de baja calidad. “El surf no es un deporte caro -nos comentan- pero sí tiene un punto de exclusivo”, y es aquí donde Glassing Monkey se lleva el gato al agua.

Les preguntamos por sus nuevos proyectos. “La cabeza nunca para, además de trabajar para mejorar aún más nuestros productos, queremos traer nuevas y mejores marcas”, señala Ruiz. Una de las cosas que más les motiva es el desarrollo de nuevos materiales para la construcción, que aporten mayores prestaciones a las tablas; en este sentido, acaban de presentar un novedoso sistema de construcción llamado CR-FLEX. Otro objetivo es consolidar Glassing Monkey a nivel internacional e ir ganando mayor cuota de mercado en otros países.

Glassing Monkey es uno de los principales fabricantes de tablas de surf de toda Europa, pero a pesar de ello no creen que estén en la cresta de la ola; les queda aún recorrido, pretenden seguir creciendo paso a paso. Las prisas no están hechas para esta empresa sevillana.

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