Gervasio Iglesias. Éxito y gloria

La primera persona del singular y del plural se mezclan de manera irremediable en las respuestas, tanto como las segundas personas en las preguntas, y no por incoherencia sino por todo lo contrario. Del individuo al grupo y de lo local a lo universal. Esa es la filosofía de este niño grande que pelea día a día con los bancos para que le dejen contar historias que ocurren en su tierra. Productor por casualidad de la llamada Generación Cinexin, la generación de oro del cine andaluz. Es Gervasio Iglesias. 

¿Qué recuerdos tienes de tu infancia?

Tenía un gran mundo interior. Los recuerdos que tengo son fantaseando en mi cuarto, jugando solo, leyendo. Tengo una hermana mayor que yo y se fue pronto de casa. No tuve mucho contacto con ella. Jugaba en el pasillo a los cowboys y a hacer ligas de fútbol. Leía mucho. Me encantaban los relatos fantásticos y la ciencia y los programas de Jiménez del Oso de terror.

No eras un niño pegado a la televisión.

Para nada. La veíamos mientras comíamos. Lo único que no me aburrían eran las películas y el Un, dos, tres.

¿Qué era el cine para ti?

Los primeros recuerdos son de muy niño, y recuerdo lo bien que me lo pasaba. Más adelante hay un momento de mi vida en que sí me quedo fascinado con el cine que es al ver La guerra de las Galaxias, Apocalipsis Now y Arrebato. Resumen lo que me gusta: cine de género, fantástico y de historias potentes. Es lo que hacemos nosotros. Cine de género pero con historias por debajo.

¿Qué ha significado para el cine andaluz la Generación Cinexin?

(Resopla y toma aire) Fue una semilla que germinó donde parecía imposible que germinara porque no había estructura, pero como éramos muchos salió. Nos empezamos a convencer de que podíamos hacer lo que queríamos aquí y de que si lo hacíamos desde Andalucía, lo haríamos con mucha más libertad que en otros sitios.

¿Por qué más libertad?

En aquel momento, y ahora también, todo estaba centralizado en Madrid con una forma de contar las historias, de qué historias debían contarse. Nosotros aquí dimos la primera pedalada para poner en marcha nuestra pequeña industria poniendo tú el piñón y el plato para llevarla a donde quieras. De esa manera cuentas historias que de otra forma no se hubieran contado.

La primera fue Underground. 

Nadie pensaba con aquello que íbamos a llegar al punto en que estamos hoy. Además te decían que esa historia era muy local. No entendían que la potencia que tenían esas historias es que son universales. Eso es lo importante.

Y estaba Alberto Rodríguez.

Exacto. Todos pensábamos que Alberto conseguiría algo en el mundo del cine porque era muy bueno. Esa es nuestra suerte, que hemos tenido a Messi en el equipo y que tirara para adelante.

Esa generación, ¿ha bebido del cine anterior de Saura, Bollaín…?

Claro que sí. De hecho, Bollaín fue el primero que me dio una oportunidad en el cine. Con diecisiete años monté con otros amigos un Cine Club en el pabellón de Uruguay. Allí proyectábamos películas rarísimas pensando en que no iba a ir nadie. Y resulta que se llenaba. Tras ése, fuimos haciendo festivales de cine para arruinarnos y cada vez iba más público. Uno de los ciclos fue con Bollaín con Las dos orillas. El ciclo era en fin de semana y el lunes le devolví los cortos. A los quince días me llamó porque le llamaron para una serie en Canal Sur y me dijo que me fuera con él. El único motivo por el que me llamó fue porque fui la persona que le pedí lo cortos que más pronto se los devolvió.

¿Qué momento vive ahora el cine andaluz?

Un momento muy ilusionante y muy delicado. Esto está funcionando porque muchos años se ha hecho un trabajo muy calculado. Lo importante ha sido producir, producir y producir para contar bien nuestras historias y hacerlo con calma. Además, hemos tenido una solidaridad con los demás extraordinaria. Ahora es el momento de la gran expansión y el peligro que trae es que entre gente que no tenga ese espíritu y quiera conseguir beneficios propios. Creo que si pasara, esta industria no está tan madura como para soportarlo. A nivel creativo es un momento fantástico, y además la gente se está pudiendo dedicar a esto sin tener trabajos paralelos. El que se crea que ya ha hecho algo en su vida, está acabado. Hay una frase que me encanta: “Es mucho más fácil sobrevivir a un fracaso que a un éxito”.

Y qué momento más apasionante el que vivimos de cambio en el sector, ¿no?

Es tremendo. Es lo bonito de esto, que cada cinco años el sector audiovisual da un bandazo. Cambian las formas de producir, las de contar las historias al público. El desarrollo tecnológico ha provocado un cambio en las ventanas de consumo. Cambia la narrativa de cuando haces películas a cuando haces series. Me parece maravilloso que por primera vez en Andalucía hemos partido desde la misma línea de salida que el resto de comunidades productoras de cine del mundo. Si hace quince años alguien te dice que la serie con mayor presupuesto de España va a ser hecha en Andalucía y contando una historia de Sevilla, nadie se lo hubiera creído.

¿La bajada del IVA es la solución para que las salas de cine se vuelvan a llenar?

No va a influir. Me parece muy justo que se haya bajado porque no puede estar tan gravado el consumo cultural. En su momento sí hizo que la gente dejara de ir al cine porque se estaba creando la tormenta perfecta. Pero ahora vivimos en un momento totalmente diferente, es el momento de las plataformas.

Ya nadie piratea películas. 

Se han hecho dos cosas importantes: productos con mucha calidad y reproducidas en HD en una pantalla de plasma y con un buen equipo de sonido. Al final compensa pagar diez o quince euros al mes más que el rato que te pasas buscando la película para encontrarla con mala imagen. Lo último que queda es la inmediatez. Que se estrene la película y la puedas ver en tu casa.

¿Y el futuro de las salas de cine?

Quedarán películas comerciales hechas para las salas y películas para las plataformas. Y creo que está bien. Sin embargo, si el precio de las plataformas fuera de cien euros, la gente se lo pensaría.

¿Habéis tenido que romper muchos tópicos?

Cada vez menos. Al principio sí. Recuerdo cuando hicimos 7 vírgenes, en los círculos de Madrid decían que éramos unos chavales a los que les había sonado la flauta. Pensaban que no estábamos capacitados, el acento andaluz era otro problema. De hecho, en el documental de Alejandro Sanz, Alejandro nos contaba los problemas que había tenido con eso hasta que consiguió el éxito con Corazón partío.

¿Qué ocurre con el acento andaluz?

Ocurría. Ahora es todo lo contrario. Antes nos veían como gente sin estudios y sin preparación y actualmente no es así, y eso se refleja en las películas. La última serie que he visto es El día de mañana de Movistar. Uno de los personajes principales es Jesús Carroza. En la novela era un personaje catalán con un acento muy marcado y, sin embargo, en la serie deciden dar ese papel a un andaluz con su acento. Lo que antes era de segunda categoría ahora es un valor. En definitiva, se han dado cuenta de que esta forma que tenemos de contar las historias que pasan aquí es mucho más vanguardista. Se nota mucho en los mercados internacionales. La gente se interesa mucho por saber lo que se está haciendo en Andalucía. Hemos sido los dueños de contar nuestras historias y eso es fundamental para una cultura.

¿El cine es solo entretenimiento?

En la primera capa. Por debajo estás contando una historia de peso que habla de cómo somos y cómo es nuestra sociedad. Para contar algo, tienes que hacerlo de principio a fin para que el espectador no lo deje a la mitad y para eso tienes que entretener.

¿Buscas historias que trasciendan? 

Hay una gran diferencia entre el éxito y la gloria. El éxito te lo da el público de forma inmediata y la gloria te la da el tiempo. Todos aspiramos a esas dos cosas. Algo que sea muy reconocido en el momento pero sobre todo que permanezca en el tiempo. Me gustan las dos, pero si tuviera que elegir, elegiría la gloria sin duda. Eso son los clásicos.

¿La industria cultura tiene el apoyo político necesario? 

No me gusta hablar de política. Soy muy escéptico. Está claro que los datos de puestos de trabajo de las industrias culturales en España son muy importantes. Y en Andalucía hay un dato apabullante. En el sector de técnicos audiovisuales la tasa de paro es cero. En el sector audiovisual sí se apoya porque genera empleo y aportamos al PIB.

¿Se ha abusado de la subvención?

Se abusó porque había mucho dinero y a los políticos les interesaba la foto. No era lo debidamente difícil conseguir un millón de euros para hacer una película. Y mira con ese presupuesto haces una película con pocos actores y que no entra en el mercado. Esa visión del exceso de subvención creo que estuvo muy dirigido por un sector mediático después de la famosa gala de los Goya que se politizó demasiado. No me gusta que en actos que engloban a todo el mundo del cine se lancen proclamas políticas. Hay gente de izquierdas, de derechas y gente que no es de nada.

¿Tú no eres de nada?

Soy escéptico. Mi forma de ser en la vida y mis valores y pensamientos son vanguardistas, siempre buscando nuevos límites y, por tanto, desde una terminología antigua podría decirse que soy más de izquierda. Pero bueno, esa terminología es del siglo XX. Hay pocos políticos que no caen en la endogamia de mirarse el ombligo y de entrar en una burbuja, alejándose de la realidad. No me gusta mezclar la cultura con la política porque es un barro en el que no debe estar.

Antes has dicho que con un millón de euros para una película no haces nada. ¿Cuánto vale hacer cine?

En España el coste medio es de dos millones seiscientos mil euros. Para hacer una cosa de calidad necesitas siete u ocho semanas de rodaje mínimo, con un equipo de técnicos con sueldos modestos, pero sumando alrededor de unas cuatrocientas personas, el coste es elevado y si quieres llevarlas a las salas, necesitas una inversión en publicidad grande. Las películas que están funcionando en España están en una horquilla de entre tres millones y medio a seis millones. Eso no te garantiza el éxito pero esto no es escribir un libro en que el coste es tu tiempo.

Se espera un final de año e inicio de 2019 muy potente para Andalucía y Sevilla desde el punto de vista audiovisual ¿no?

Van a ser cuatro meses muy buenos. Viene el Festival de Cine Europeo, que se valora mucho en Europa, los premios del cine andaluz (ASECAN) y luego los Goya. Eso genera riqueza y posiciona la ciudad como lugar con capacidad de hacer cosas, y hacerlas bien. Andalucía desde el siglo XIX se ha vendido como una tierra de servicios. Siempre dicen que este es un gran plató cinematográfico, y lo es, pero también es un gran centro de producción.

En unos premios Goya diste las gracias a dos personajes andaluces: Camarón y Silvio. ¿Por qué?

Son dos influencias. Representan muchas de las cosas que me gustan. Silvio es un tipo que tiene una forma mágica de ver la vida. Vivió ajeno al dinero durante toda su vida. Creo que es una forma de vida que aún persiste en Andalucía. Cuando montamos la productora, nuestro eslogan era “El dinero no es el fin, es el medio”. Camarón siempre me ha parecido un héroe griego clásico con ese final trágico. Tenía el don, y siendo una persona que no hablaba, revolucionó el cante. Cuando su pueblo lo empieza a seguir, se abruma. Le llevaban ofrendas.

¿Qué tipo de ofrendas?

Ya habían hecho La leyenda del tiempo y aquello no había funcionado, y entonces Pepe Roca se llevó a Camarón a Punta Paloma para estar allí tranquilos. Por lo visto, el segundo día dice Pepe que salió a fumar y que, cuando abrió la puerta, había una cola de mil gitanos con ofrendas de todo tipo, desde cabritillos, niños para que los tocara, platos soperos de cocaína… De todo. Y eso lo abrumó.

Has hecho casi de todo: películas, documentales musicales, series, cortos… ¿Con qué disfrutas más trabajando?

Con las películas y documentales musicales. Las dos cosas que me apasionan y a las que creo que le tenemos cogido el truco.

¿Por qué decidisteis hacer Omega? 

Para mí, Omega es la primera vez que escucho Esta no es la manera de decir adiós. Me pongo a llorar como un tonto. Ahí entendí a Morente.

¿Cuál ha sido el mejor momento de tu vida?

Espero que no haya llegado todavía (risas). Hay dos o tres momentos a nivel profesional que no olvidaré nunca: uno es el día que le ponemos a la familia Morente el primer corte de la película. Nos vamos a su casa del Sacromonte. Allí estaban todos. Cuando acaba la proyección, me dijo Estrella “Gerva, gracias por volver a traer a mi padre al salón de mi casa”. Fue la primera vez desde que murió Enrique que vieron algo de él. El otro momento es cuando le ponemos el corte a Alejandro Sanz de su película, porque hay un momento en el que se pone a llorar cuando ve la parte de México. No sabía que hubiese nada de esa etapa. Otro momento fue cuando pasamos 7 vírgenes en San Sebastián y por la tarde nos llamaron para decirnos que habíamos ganado la Concha de Plata. Llegamos todos y cuando llegó Alberto un poco más tarde, empezamos a aplaudirle.

¿El líder?

Claro. Y lo bonito es que sigue siendo el mismo tío que cuando empezamos. Todos seguimos siendo los mismos hasta para hacer los sanedrines en los que vemos los cortes y vamos a degüello.

¿Tienes miedo al fracaso?

No. A mí lo que me gusta es que los fracasos sean fracasos. No me gusta quedarme en medio. Dicen sobre Nietzsche que te gusta o lo puedes detestar, pero si te deja indiferente no eres un ser humano. Pues igual. Si hay fracaso, es que ha habido riesgo y para que haya éxito tiene que haber riesgo. Si ni molestas ni enfervorizas, es que no has hecho nada nuevo.

¿El hombre es un lobo para el hombre?

Para nada. No hay cosa que más me guste que la gente. Otra cosa es el poder y el dinero y lo que eso provoca. Somos seres tan maravillosos que nos inventamos cosas tan abstractas como las matemáticas, la música o el dinero.

Si tu vida fuese una película, ¿qué género sería?

Una comedia de ciencia ficción. Cuando estoy con alguien, me gusta que pasen cosas, si no, no me interesa.

¿Hay cantera?

Viene gente detrás pegando fuerte. Sobre todo David Sainz con la gente de Malviviendo. Y vendrá otra después. Por eso hay que intentar que la estructura, que es buena pero precaria, se asiente.

¿En qué estáis trabajando ahora?

Acabamos de terminar de rodar una comedia con un director argentino en la que participa Dani Rovira con muy buena pinta, estamos levantando el próximo proyecto de Juan Cruz y la próxima película con Alberto que puede ser que sea de ciencia ficción.

No habéis hecho nada sobre la Guerra Civil.

Alberto y yo muchas veces hablamos de que nunca se ha hecho una buena película de género de guerra sobre la Guerra Civil. Pero de momento hay otras cosas que me apetece contar antes que la Guerra Civil.

Gracias por tu tiempo, Gervasio.

Gracias a ti.

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