El género de las cosas abstractas

Me parece cómico, que no ilógico, que el ser humano continúe etiquetando a los seres animados, las cosas inanimadas o incluso las abstractas con adjetivos propios de los seres humanos, clasificándolos y humanizándolos como si fueran parte de sí. La cosa no parece absurda puesto que si el lenguaje es un invento humano, es normal que éste use sus palabras, y con ellas, los conceptos que éstas encierran, para definir un universo que no se puede mirar sino a través de una proyección de sí mismo.

Humanizar a los animales es algo casi natural, sobre todo cuando son domésticos, pues por mímesis incluso adoptan actitudes que no adoptarían en la naturaleza, haciendo monerías y adquiriendo comportamientos no demasiado lejanos a los nuestros que permiten con facilidad que se les propine con adjetivos propios de los humanos.

Cuando hablamos de objetos inanimados, y refiriéndonos sobre todos a los objetos utilitarios, y no a los artísticos, que lógicamente están dotados de un concepto tras sus formas, estamos en un camino intermedio pues las asociaciones se hacen por interrelación más o menos compleja de formas o de trasfondos conceptuales; así pues no es demasiado extraño oír que una pata de una silla es femenina, que un edificio es inteligente, que un puente es rotundo, que un jardín es misterioso, que un coche es viril o que una casa es elocuente.

Lo divertido es cuando dotamos de esos adjetivos a cosas que son abstractas o a aquellas que de por sí deberían tener una apreciación inocua. El caso histórico que más me divierte es el del sexo de los colores. Todo el mundo sabe ya que el color no es sino la impresión que los  órganos visuales tienen de las longitudes de onda que emiten los objetos al estar en contacto con la luz, emitiendo una parte del espectro electromagnético. Un prisma de cristal transmitiría el espectro completo de color, que en un lenguaje de andar por casa es el arcoíris. Eso explica que en la oscuridad nuestros órganos receptores no adviertan el más mínimo color.

Algún listo dirá: pues si el color es una impresión, es inherente también al ser humano, pues de las características propias de los ojos de cada ser humano dependerá que una longitud de onda sea interpretada como un color o no… Pues tiene razón, y de ahí vienen las eternas discusiones de las personas que no distinguen los colores pastel o la incapacidad de casi todos los humanos en ponerse de acuerdo sobre si algo es aguamarina o turquesa, o si es malva o lila o rosa…

En fin, pero de ahí a que los colores sean considerados femeninos, masculinos o neutros va un trecho. Obviamente esta asociación es cultural. Y eso es bastante divertido. Divertido es también el camino que nos lleva a ahondar en la historia para averiguar el porqué de estas asociaciones. Nadie se cuestiona hoy en día por qué a los niños se les viste de azul y a las niñas de rosa. En los comercios, los juegos para niños son azules y para niñas son rosas. ¿Por qué? ¿Acaso un fragmento del espectro electromagnético tiene sexo? ¿No es sino una simple manifestación física?

Observando ejemplos de la historia, apreciamos además cómo esas valoraciones son pendulares, y no es extraño ver retratos de reyes que llevan tacones rojos, o casacas rosas o amarillos canario, o reconocer que la virgen María siempre va vestida de azul, color hoy considerado masculino. O que antes de la reina Victoria nadie se casaba de blanco, color hoy asociado a la pureza. Un tranquilo pero enriquecedor paseo por la historia explica todos esos movimientos pendulares asociados al color y a las formas.

Como arquitecto y decorador, me enfrento diariamente a los prejuicios que tienen las personas sobre el género y el sexo de las formas y de los colores, y es algo que está muy arraigado en nuestra cultura occidental e imagino que en las demás también, aunque tendrán significados diferentes a los nuestros. Para mí, no es algo malo ni bueno, sino humano. Mas no se dejen llevar por esos prejuicios si esconden tras ello algún perjuicio, y cuando se vayan a vestir, a regalar flores o a pintar una habitación de  sus casas, recuerden: el color es simplemente una manifestación física de la luz.

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