Gary Bedell

Llegó a Sevilla en 1991 con su tez blanca, el pelo claro y los cachetes rosados como cualquier guiri que aterriza en San Pablo. Durante los meses de abril y mayo de 1992 empezó a ponerse colorado  con el reflejo del sol en el Guadalquivir, y hoy la policromía de su piel parece la de un oriundo andaluz. Es Gary Bedell, el comisario adjunto del pabellón de Canadá durante la Expo 92. Un canadiense comprometido política y socialmente que hizo reír a Mandela en tiempos enmarañados.

Minero, auxiliar de vuelo, asesor político y, por último, diplomático. Una juventud agitada. ¿Era un inconformista?

Más que inconformista, culo inquieto, de familia pobre y con ganas de comerme el mundo.

¿Sigue siéndolo?

Incluso más, pero ahora mis inquietudes son más de querer ayudar a los demás, devolver algo de la suerte que he tenido y tener un impacto social con mis esfuerzos. Ahora estoy lanzando un proyecto para luchar contra la despoblación en los pueblos rurales. Es muy importante.

¿Cómo fue su infancia?

Una infancia marcada por la pobreza.

¿Sus constantes desplazamientos debido al trabajo de su padre le enseñaron a vivir lejos de casa?

He cambiado de escuela cada año hasta terminar el instituto. Nunca tuve amistades que duraran más de un año. Quizás por eso valoro tanto mis amigos en Sevilla, que me han durado un cuarto de siglo.

¿Era un joven implicado políticamente?

Sí. Siempre de izquierdas. Mi gran héroe ha sido Pierre Trudeau, un político de talla grande y padre del actual primer ministro canadiense, Justin Trudeau.

¿Qué es para usted el patriotismo?

Es el hecho de pertenecer a una tribu y asimilar sus reglas. La expresión del patriotismo como hincha de la selección de fútbol o cuando juega Rafa Nadal es sana y buena. El patriotismo mezclado con el racismo, con la religión o la intolerancia deja de ser patriotismo y se convierte en ideología y soflama de los tontos de nacimiento y de los tontos peligrosos como Trump y sus seguidores. Ni hablar de Marie Le Pen y otra  chusma de patriotismo rancio.

Mandela sabía de patriotismo, ¿no?

Mandela no ha sido patriota sino humanista. Odiaba el patriotismo racista y excluyente del régimen del apardheid. Supo utilizar el patriotismo a través del deporte para unir a su país en un momento muy delicado, como en la película Invictus. Su figura, su fama y sus logros se convirtieron en motivo de un nuevo patriotismo para los surafricanos de todos los colores.

¿Qué conexión surgió entre Mandela y Bedell para que decidiera llevarle a Sudáfrica como ayudante personal?

Madiba es su nombre de clan. La conexión fue una amistad. Tuve la suerte de poder hacerle reír. Algo muy importante en tiempos muy complicados.

¿Existen verdaderos líderes internacionales o nacionales en este tiempo?

No, existen las redes sociales, noticias falsas y las interferencias de Rusia. Ese sí es un líder déspota y muy peligroso. Viene de la KGB y no ha cambiado desde entonces.

¿Donald Trump es héroe o antihéroe?

No es ni héroe ni antihéroe. Es una aberración que da vergüenza ajena. No terminará su mandato, pero antes hará el daño suficiente para perdurar en toda una generación.

¿Por qué tenía interés en conocer España?

Por las fotos antiguas de Ortiz Echagüe. Fotógrafo español, pionero de fama mundial y fundador de SEAT. Quería conocer la España que él captó antes de que desapareciera para siempre. En muchos casos, llegué demasiado tarde.

Y llegó el 92. ¿Fue un jarro de agua fría en el mejor momento de su carrera que le nombraran comisario del pabellón de Canadá en la Expo 92?

¡Qué dices, hombre! Lo mejor que me ha pasado en la vida.

¿Qué significó la Expo 92 para la ciudad?

Orgullo, infraestructuras importantes. Más orgullo. Todo los sevillanos con pases y a disfrutar cada noche en la Expo. Más orgullo aún. ¿Quién habla de otras exposiciones universales o de la de Zaragoza? Nadie. Las grandes exposiciones internacionales ya no tienen sentido en un mundo tan conectado. Nadie quiere gastar tanto dinero en lo que se ha convertido en una feria de turismo carísima. La Expo 92 de Sevilla era la última Exposición Universal relevante. No se repetirá jamás. Un gran éxito de verdad.

Viendo la Expo con la perspectiva de veinticinco años, ¿hemos aprendido algo de todo aquello o solo es nostalgia?

Mera nostalgia. Pero nostalgia buena y merecida. No hemos aprendido nada. Había corrupción entonces, sí. Pero más ahora. Había desempleo, sí, pero más ahora. España es mucho peor ahora. Menos mal que lo celebramos en el 92 con un andaluz en el poder. Un gallego como Rajoy, que parece asustado cada vez que baja más abajo de Despeñaperros o un Aznar con su nariz metida en el culo de Bush, no hubieran gastado tantas pelas en Andalucía.

¿Cuál fue la clave del éxito del pabellón de Canadá en la Expo 92?

Una película espectacular, el oso polar, regalos de botellas de Canadian Club Whisky y el hecho de que nos integramos mucho en Sevilla: adoptamos una escuela marginada en La Pañoleta, un comisario que salió de costalero… Tocamos la fibra sensible de Sevilla, y los sevillanos nos respondieron con mucho cariño.

¿Qué ha pasado por la vida de Gary Bedell en estos últimos veinticinco años?

Un cuarto de siglo como sevillano, veinticinco Semanas Santas, hectolitros de Cruzcampo y rebujito por un tubo, muchas amistades, follar justito, comer y beber demasiado. Muchas bodas y algún que otro funeral. Como cualquier otro sevillano.

¿Sufrió una especie de Síndrome de Estocolmo con Sevilla?

Sería el caso si Sevilla me hubiera raptado. Al contrario, me la comí con papas. Ni síndrome ni Estocolmo. Me la comí entera.

¿Considera que los terrenos de la Expo han tenido una buena integración en la ciudad?

Los pabellones temáticos están muy abandonados. Pero hay vida y el resultado es mejor que en muchas ciudades que han celebrado una Expo.

Un libro o una canción que recomendaría para leer y escuchar tras esta entrevista.

¡El de Ivanka Trump, Whomen who work, desde luego que no! Estoy esperando el de Obama con muchas ganas. Pero, ¿alguien lee libros hoy en día en España? De música, todo que sale de la boca de Pablo Alborán, andaluz de los buenos, guapetón y gran compositor. Los andaluces tenemos de todo.

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