Fuera caretas

Hace semanas leí a un famoso editor de revistas que poco me interesan pero que tienen muchísimo éxito (suele ocurrirme), que cada vez que se enfrentaba a la excitante idea de crear una publicación nueva solo pensaba en que le tenía que gustar a sí mismo. Con esta hipótesis se carga las miles de teorías acerca de la planificación estratégica empresarial, el estudio marquetiniano de situación previo y demás expresiones enrevesadas que tienen que ver con la empresa que se estudia en las universidades.

Bien, pues este editor al que no me apetece mencionar, ha logrado conectar con el que escribe. Le comento. Cuando esté leyendo toda esta verborrea habrá terminado el primer evento organizado por la revista La Muy y que ha tenido como eje vertebrador una de las temáticas que más separan y a la vez unen Sevilla: la Semana Santa. Quizá haya habido lectores que hayan pensado que nos hemos quitado la careta. Que los que estamos detrás de todo esto hemos intentado disfrazarnos de lo que no somos para, con sutileza, ganarnos un hueco en el panorama cultureta y, más tarde, sacar la patita. Habrá otros que opinen que ha sido interesante y otros, un tostón. La mayoría seguramente no se haya siquiera enterado. Bueno, quizá del pregón de Manu sí.

No hemos hecho más que lo que decía el maldito editor. “Hacer lo que nos gusta a nosotros”. Y ese “hacer lo que nos gusta a nosotros” considero que no es sino un clarísimo ejemplo de valentía que esconde unas ganas tremendas de mostrar cómo somos. Y más interesante, qué pensamos. Pero no qué pensamos sobre la Semana Santa ni sobre todas las aristas que la caracterizan, sino qué pensamos sobre las tradiciones, la modernidad, la política y la necesaria discusión, histórica, antropológica o ideológica de cualquier tema susceptible de debate con el fin último del enriquecimiento común. Esa es la careta que nos hemos querido quitar.

De eso es de lo que hablábamos hace meses en la oficina y que se llegó a anunciar en algún número: el club La Muy. Un club extraño porque no hace falta carné para pertenecer a él, mucho menos etiqueta, tampoco edad, y en el que la única droga dura que se sirve es la virtud de envenenarnos mutuamente de ideas, de proyectos, de debate con fundamento y bien articulado intentando siempre ayudarnos de los que más saben en cada ámbito.

Unos días antes de que Manu pronunciase el pregón heterodoxo me preguntaba hasta dónde queríamos llegar. O mejor dicho, hasta dónde él podía llegar con el pregón. Le contesté que si somos algo en la revista es de no ponernos cortapisas, aún menos tener miedos, y que si por una cosa o por otra esto se iba al garete, al menos que hubiésemos hecho lo que nos gustaba. Lo tengo demostrado, solo así podrás agradar o entusiasmar al menos a alguien.

Vendrán muchos proyectos más, de ello estoy convencido, siempre manteniendo como médula espinal la revista, que se va haciendo mayor y que sabe hacernos daño si algún día la maltratamos, pero que también sabe sacarnos carcajadas y experiencias vitales cuando trabajamos duro.

Así que queridos lectores, patrocinadores, anunciantes, medios de comunicación, compañeros y, por qué no, instituciones públicas (a las que solo les pido un poco de cariño), nos hemos dado cuenta de que, aunque de una manera desvencijada a veces, somos capaces de hacer dos cosas a la vez.

No llamen a la puerta. Entren. Bienvenidos al club.

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