Existen un Blade Runner de sevillanas maneras, y está en Youtube

Illo, ¿tú los cortos de Juan Sebastián Bollaín los has visto?”. El que habla es David Linde, y el que escucha yo. Estamos en el Monasterio de San Clemente ensayando una actuación con Javi Vega y Pájaro que pronto repetiremos, y yo estoy a punto de ver uno de los vídeos más injustamente desconocidos que hay sobre Sevilla, una deliciosa rareza surrealista.

David habla mientras busca en su ordenador: “Yo había escuchado que se habían hecho pero nunca los había visto, son unos cortos alucinantes. Los encontramos de rebote y le pedimos a la familia que, por favor, lo pusiera en Youtube, porque esto lo tenía que ver todo el mundo”.

Sevilla en tres niveles es uno de esos cortos documentales que Juan Sebastián Bollaín, arquitecto y tío de la directora de cine Icíar Bollaín, se marcó sobre nuestra ciudad.

Se trata de un supuesto informativo que Bollaín dice haber recuperado de un archivo y que cuenta, en 1978, cómo cree que será Sevilla en 1995. Su particular distopía sobre nuestra ciudad, un 1984 miarma, un Blade Runner de sevillanas maneras, cuenta que Sevilla está estructurada en tres niveles.

Primer nivel:

Las azoteas.

Una de las primeras medidas del partido del ayuntamiento de ese futuro ha sido “la supresión de cárceles y reformatorios, y su sustitución por azoteas”. Toma ya.

En las azoteas de Sevilla viven, aislados, los delincuentes y vagos, que tienen sus propias y deliciosas normas, como acostarse cada cuatro días y dormir tres seguidos, pasar de una azotea a otra por puentes que ellos mismos construyen entre las calles estrechas, o leer semanarios como si fueran diarios.

Entre tendederos, se representa una vida que recuerda a una ciudad libre, de noches largas, con ojos verdes de farmacia de guardia, de Alameda y guitarras, de sexo y miradas cansadas en Joaquín Costa.

Segundo nivel:

Sevilla cota cero.

“En este nivel se mueven los ejecutivos, los que trabajan, los que producen. Generalmente se alimentan de productos sintéticos y congelados”. Aquí, Bollaín habla, diríamos, del salón de té Nova Roma, de la Sevilla formal que se saluda paseando, que toma pastelitos en La Campana o espera mesa en Los Coloniales. Una Sevilla que, según el corto, atención, cuando necesita vacaciones por el estrés, sube a las azoteas.

Tercer nivel:

La Sevilla subterránea.

Debajo de las aceras de La Constitución o La Alameda se ha descubierto “una ciudad paralela, en la que el tiempo se ha parado y hay vida detenida y repitiéndose constantemente. No hay luz, ni sol, así que no hay ritmo”.

Aquí, el supuesto informativo habla de “la negación del tiempo, magnífica piedra filosofal, únicamente descubierta por los sevillanos”, una frase que hizo que yo levantara la mirada del ordenador y mirara a David con cara de “Pero esto… ¿qué maravilla es?”.

Para que nos entendamos, yo esta Sevilla la veo más como Serva La Bari, más de conversación en voz baja en el Círculo Mercantil de la calle Sierpes, de negociación turbia en un balcón viendo pasar un palio.

La imaginación a veces explica mejor la realidad que el periodismo. En 1978, Bollaín encontraba tres niveles en una ciudad que hoy, casi treinta años después, los sigue manteniendo.

Hace un mes, a las tres de la mañana, en La Alameda, vidrio en mano, me dijeron que los sevillanos estamos condenados a habitar en la contradicción, “y a ir saltando entre los tres niveles”, respondí yo.

PD: Sevilla en tres niveles no es el único corto de J. S. Bollaín sobre Sevilla, solo es mi preferido, pero os recomiendo verlos todos porque están en Youtube.

También os recomiendo muy fuerte ver el vídeo de la recomendación musical que os hago.

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