Enrique Veiga

Levando a choiva galega ás zonas mais secas. Allá por el año 1965 desembarcó en Sevilla Enrique Veigas, un ingeniero industrial gallego que cambió las mojadas calles de su Vigo natal por la alegría del barrio de El Porvenir, en el que todavía reside. Él mismo se considera sevillano, pero el acento aún no lo ha perdido. Lleva cincuenta años viviendo y desarrollando su carrera profesional en la ciudad, estamos ante un hispatalento que ha creado una máquina que fabrica agua potable a través del aire.

Enrique VeigaEste gallego estudió en la Escuela Superior de Ingenieros de Vigo y, cuando terminó su carrera, marchó a Francia a prepararse con los mejores científicos y profesores en materia de frío industrial. Concluyó sus estudios y pasó por países como Noruega o Canadá hasta que le llegó, como él dice, la oportunidad de su vida. Veiga confiesa que «no todo en la vida es tener una formación excelente y ser un buen profesional, tienen que aparecer retos y oportunidades que te ayuden a crecer». Así le ocurrió a él: una empresa gallega iba a poner en marcha un proyecto en Sevilla y querían que Enrique estuviera al frente, no lo dudó y se embarcó en la aventura sin pensárselo dos veces.

Nos cuenta Veiga que Sevilla por aquella época era el segundo puerto de España en cuanto a entrada de pescado congelado. Atracaban los más importantes buques cargados de género que procedía de caladeros del Atlántico y el Mediterráneo. En el puerto hispalense estaban los más grandes y modernos almacenes de frío de la época. Estuvo trabajando en la creación de flotas pesqueras congeladoras y en las mejoras de las ya existentes, además de en la construcción de aquellas cámaras frigoríficas.

Siempre ha sido una persona de mente inquieta, que no ha parado de darle vueltas a la cabeza, teniendo alguna que otra patente que así lo corrobora. A día de hoy su invento con mayor repercusión ha sido la máquina creadora de agua, aunque nos adelantó que en estos momentos trabaja en otro invento. Reconoce que la «gran sacrificada» es su familia y, sobre todo, Pilar, si bien afirma que ha tenido una vida «intensa en lo creativo y muy gratificante».

Sin duda nos encontramos ante un talento que, aunque no haya nacido en Sevilla, sí asegura que esta ciudad fue la inspiradora de su gran invento. Allá por los años 90, España sufrió una época de enorme sequía, más acentuada en el sur de la península. Veiga explica que en la ciudad «hubo gran preocupación ante este acontecimiento, sufriendo la población cortes en el suministro de tan preciado bien». Esta situación, sumada al carácter inventor de este gallego, hizo que Enrique empezara a preocuparse por el remedio a la falta de agua. Un buen amigo suyo le insistió en que estudiara el tema, ya que conocía la materia debido a su profesión. Veiga indica que su logro no ha sido inventar agua a partir del aire, sino «crear una máquina capaz de trabajar en condiciones extremas y producir el líquido elemento». El principio físico de la condensación es el que explica este fenómeno: el aire tiene un porcentaje de humedad, es decir, contiene partículas de agua, y la máquina que ha creado Enrique no hace sino coger aire con temperaturas de hasta 45 grados centígrados y con tan solo un 8% de humedad y fabricar agua, que tras pasar por determinados filtros, es totalmente potable.

Veiga creó su máquina y la aceptación no fue mala, pero los potenciales clientes y demandantes de este invento eran países de zonas áridas y desérticas con poco poder adquisitivo. Circunstancia que sumada a la falta de ayudas provocó que Enrique abandonara un poco el proyecto. En aquella época era el único poseedor de la patente. En 2005, con la ayuda de uno de sus hijos, retoma el proyecto y decide mejorar la máquina para obtener el mejor rendimiento posible.

Y ahí continúa. Actualmente el país africano de Namibia ha contratado a la empresa Altecfrio del Viso del Alcor, empresa en la que se apoyó Veiga en 2005 cuando decidió meterse de lleno en el proyecto, la creación de 1.500 generadores de agua. El inventor ha sido recibido por los máximos mandatarios del país africano con honores de Estado. Otros países africanos y sudamericanos, como Chile, se han interesado por estos generadores, que además de tener un consumo eléctrico mínimo, generan un bien tan preciado en determinadas zonas y que puede llegar a salvar la vida de los seres humanos.

El proyecto de Veiga tiene un fin que podríamos llamar humanitario, aunque son muchos los particulares que lo conciben como una máquina funcional, que les supone un ahorro de energía y, por tanto, de coste en sus vidas. Enrique reconoce que «cada vez son más los clientes de todas las partes del mundo los que optan por esta opción de generador de agua como solución de suministro para viviendas, riegos para el campo, empresas, etc…».

Un gallego-sevillano que ha sido capaz de llevar la lluvia de la tierra que le vio nacer a las zonas más secas del planeta con la ayuda de sus conocimientos. Esta es la historia de Enrique Veigas, el talento del agua.

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