El tiempo es dinero

Hace unos meses, cuando el calor azotaba nuestras noches de verano y durante una cena, un amigo me contaba el argumento de una película. Me adelantaba que era una de esas infumables pero que había un concepto que rodeaba el largometraje y que le parecía llamativo.

La peli se desarrolla alrededor del año dos mil ciento y pico. La sociedad, por arte de no sé qué descubrimiento ha conseguido detener el envejecimiento humano en la edad de veinticinco años. En el cuarto de siglo de vida del ser humano el tiempo parece detenerse con el agravante de que cuentas con un año para “ganar tiempo”. De no ser así, a los veintiséis sufres una parada cardíaca y mueres.

Parece (y quizá sea) la sinopsis más absurda, propia de película americana de serie C. El caso es que lo que me dejó anonadado fue que, según me contaba, el tiempo de la vida se convertía en dinero. Un dinero con el que la gente podía pagar sus pequeños o grandes lujos y sus necesidades. El concepto cambia por completo. No es más rico el que más tiene sino el que más tiempo posee. ¿Un café?, tres minuto, ¿Un bollo de pan?, dos minutos. ¿Un coche?, tres años. No parece muy alejado de la realidad actual…

Esto provoca que haya zonas horarias diferentes en las ciudades. Estas áreas se dividen en zonas horarias pobres, en las que el tiempo de vida es muy bajo, y otras lujosas, cuyos vecinos tienen acumulados cientos de años de dinero. Algo que no deja de ser similar a los barrios más ricos y humildes que vemos en todas las ciudades.

Una vez el envejecimiento personal se paraliza, la única manera de ganar ese tiempo es trabajando. Digamos que el salario medio al día de un oficinista es de dos horas más de vida. Dos horas que al mes son cuarenta horas más. Cuarenta horas más que tienes de vida y a la que debes ir restándole el alquiler del piso, la compra del mes, la guardería de los críos y las cervezas que te tomas.

El tiempo es dinero. ¿No es eso lo que dicen en las escuelas de negocios? Este concepto es interesante por varias cuestiones. En primer lugar le preguntaba a mi amigo sobre la justicia social, si nadie moría o si solo los pobres lo hacían. “No, el sistema es parecido al actual. Cada vez las cosas van costando más tiempo.” Exactamente igual que ahora. Claro, con esa fórmula te aseguras que la gente deja de ahorrar tiempo y se lo gasta todo en necesidades.

En segundo lugar, quién le pone valor al tiempo y cómo lo hace. ¿Por los minutos que le dedicas de tu vida a tomarte ese café? ¿Por los mismos que le dedicas a estar metido en tu coche en atascos a lo largo de tu vida? ¿O quizás es por el tiempo que tardarías en pagarlo letra a letra?

Sin embargo, la idea más interesante que observo del concepto tiempo igual a dinero es el de la volatilidad de la convención en sí. El porqué eso que sacas del cajero provoca que tenga más poder que otro que no lo tiene mientras que ese otro seguro tiene cosas que tú ni imaginas y que, sin embargo, carecen de valor. Hay una cita popularmente escuchada en los bares cuando el que ha injerido más alcohol intenta convencer al que se quiere marchar que define este paradigma: “Si el dinero es papel…”

Definitivamente he visto la película y confirmo el bodrio que me contaban que era. Se llama In Time y la desafortunada traducción al español es El precio del mañana y quién sabe si ese mañana ha llegado y ni siquiera nos hemos dado cuenta.

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