El Rocío

El alambre de espino delimita la propiedad privada y cercena la libertad. Divide en dos: los de dentro y los de fuera. Crea la ilusión de una seguridad absoluta frente a quienes quieren invadir el espacio de los de dentro. Los que vienen son la amenaza. No es igual venir que ir. Se mueven en sentido contrario en el mismo vector hasta chocar en un punto, que unos llaman frontera, otros valla y algunos muro.

El Rocio

Peregrinar es recorrer ese vector, ir o venir, ser acogido o rechazado. Hay quien va a buscar y quien viene huyendo; quien va sabiendo que volverá y quien viene sin saber si regresará. Hay peregrinaciones donde se ríe y otras donde impera el llanto; en unas suenan cohetes, en otras bombas. Las hay musicadas por guitarras, otras por un silencio triste que rompen gritos desgarradores. Hay quien camina y a quien zancadillean para grabarlo. Y es que se puede ir hacia la esperanza o escapar de la desesperación. Hay caminos que llevan a la luz, otros a las tinieblas del corazón humano.

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