El Pali atleta

Más de 150 kilos de gachó, miopía pronunciada, cuerpo con excesiva gordura, autor de frases tan famosas como “menos misiles y más pavías”, trovador de Sevilla, vecino del Arenal, conocido en las inmediaciones de la pastelería Nova-Roma por la ingesta de petisús. Un tipo peculiar al que reñían por salir de costalero. Así recordamos a Francisco Palacios.

Este es el Pali que recordamos, pero hubo otro antes. Francisco Palacios, ese tipo regordete, apasionado del deporte y de su Betis, en su juventud practicó todo el deporte que pudo hasta el punto de llegar a estar federado y representar a Sevilla a nivel nacional en la modalidad de atletismo. Dicen que correr es de cobardes. Quizás por eso el Pali dejara el atletismo y empezara a trabajar con su padre, para más adelante centrar su carrera profesional en el cante.

Francisco Palacios, apodado el Pali desde muy pequeño, por su cuerpo flaco y espigado, empezó a correr cuando tenía apenas diecisiete o dieciocho años. Los niños de aquella época se aglutinaban entorno al Frente de Juventudes, que organizaba actividades y entretenimientos para los más jóvenes. El Pali, que creció en la casa de la moneda, hizo un buen grupo de amigos gracias a esta organización que se encontraba por aquel entonces en la sevillana calle Rioja. Era un apasionado del deporte, sin embargo, debido a su problema de visión no pudo practicar todo el ejercicio que le hubiera gustado. No obstante, descubrió el atletismo, que era un deporte que podía practicar con sus gafas de culo de vaso y para el cual estaba perfectamente capacitado. Le caracterizaba su resistencia y fondo a la hora de correr, algo que se probó más adelante con su forma de cantar. El Pali tenía una capacidad pulmonar fuera de lo común. Estas cualidades unidas al grupo de personas que encontró fueron las que motivaron a Francisco Palacios para llegar a federarse e incluso a competir.

Estuvo federado durante 6 años representando a Sevilla por toda la geografía nacional. Crearon un equipo bastante competitivo entre los que se encontraba el hermano de Antonio «el Bailarín”. Participaron en innumerables carreras pero nunca consiguieron ganar nada reseñable. A los veintiséis el grupo se disolvió y su padre Pepe aprovechó para sugerirle que era hora de ganar un jornal en condiciones. Fue entonces cuando empezó a trabajar con él en el muelle.

El Frente Juventudes organizaba todas las carreras y era el que daba apoyo a todos estos jóvenes atletas. En sus inicios entrenaban en el estadio Macarena, que se encontraba a la espalda del Hospital de las Cinco Llagas, y en sus últimos años como atleta, el Pali entrenó en las novedosas instalaciones de Chapina. La equipación, el calzado y demás utensilios los facilitaba el Frente de Juventudes que se encargaba de todo. Corría en la modalidad de campo a través y maratones. Nunca se dedicó precisamente a la velocidad. Lo suyo era la resistencia. El Pali de joven

Corrían por todos los lugares de España, hecho que permitió al Pali conocer infinidad de ciudades españolas. Como no podía ser de otra forma el Pali fue protagonista de más de una anécdota peculiar en su etapa de atleta. En una mañana de invierno cuando estaba corriendo por el norte entre las comunidades de Cantabria y Asturias cuando el Pali marchaba el primero del grupo de sevillanos, lejos de la cabeza de carrera, concentrado en su carrera no perdía ápice de lo que pasaba a su alrededor. En un momento, divisó en uno de los márgenes de la carretera un venta repleta de gente. El Pali decidió aminorar la marcha y esperar al resto de su equipo. Ahí acabó la carrera para Francisco y sus compañeros. Decidieron pararse a comer algo en aquella transitada venta. Se acercó a una mesa y vio el guiso que estaban degustando y ni corto ni perezoso pidió un perol y se sentó en una mesa junto a sus compañeros. La carrera siguió trascurriendo, pero el Pali y los demás no tuvieron ni las más mínima prisa. Cuando terminaron de rebañar toda la salsa de la cacerola, se marcharon, no sin antes dejar su camiseta como forma de pago para que aquel ventero les dejara ir.

Tuvo que dejar de correr por la edad y por motivos laborales, pero nunca se desvinculó del todo del atletismo, seguía con la afición intacta. José Luis Montoya escritor de ‘El Patio’ de ABC, reunía cada cierto tiempo a un grupo de veteranos atletas de Sevilla que seguían entrenando y practicando su deporte favorito. Francisco, por su físico, no podía ejercitarse con ellos pero sí mantenía gran amistad e incluso los siguió en varias competiciones por pueblos cercanos.

El Pali en su juventud fue muy deportista. Otra de sus pasiones fue el ciclismo. La pasión por los pedales se la inculcó José Luis Segura, vecino del Pali de la Casa de la Moneda. Este amigo de la familia era un gran aficionado a las bicicletas. El Pali salía en distancias largas acompañado de Segura. El Pali atleta con el equipo

Reconocida, esta sí, era la pasión de Francisco por el Betis. Decía que era doblemente bético: bético y diabético.

Pali y deporte. Dos términos que parecían antónimos y que se deben unir, al menos, para describir esta etapa del cantaor.

Texto: Paco Brida. 

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