El Jueves

Al cenáculo le han echado aserrín y cáscaras de altramuces por el suelo. El Monte Sión queda lejos, pero Montensión está a tiro de gargajo. Los discípulos son obedientes, beben del cáliz de la cebada en Casa Vizcaíno. A San Pedro le han evitado la vergüenza tapándole la cara; el ex pescador se volvía loco en los reservados de la Alameda buscando el cante del de la estirpe de los Gallos.

El Jueves

San Juan implora permiso al Maestro para pedir la primera en el mostrador de madera a pesar de ser menor de edad. Un nuevo apóstol con gafas de sol y riñonera pone en jaque la exclusividad masculina en el ministerio. Tiradas y revueltas, las vestiduras esperan a que se las jueguen a los dados del regateo. No es la Vía Dolorosa, sino la calle Ancha la Feria, y en ese adjetivo caben Eric Cantona, José de la Tomasa, Murillo, Belmonte, los Marqueses de la Algaba, Jesús de la Rosa y Núñez de Herrera. Es el Jueves, no el Santo. Es el Jueves que consagra el sacramento de la vida popular. Y Cristo lo bendice.

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