El futuro no existe

Entonces el pasado tampoco… Pero, ¿qué es la existencia? Disculpadme, no, no nos vamos a poner profundos ni trascendentales, no es el objetivo de este artículo, es sólo que me parecía una buena manera de comenzar a cuestionarnos todo lo que nos llega como afirmación hoy en día, como verdad inmutable, como hecho. Mi objetivo es que nos paremos a reflexionar, de manera crítica, al menos por un momento, en lo que sabemos sobre el futuro.  

¿Qué es el futuro?, ¿se puede predecir?, ¿se puede estudiar?, ¿podemos influir en él con nuestros actos individuales?… Estas y muchas otras preguntas forman parte de lo que, desde los comienzos de la civilización, han sido preocupaciones o cuestiones que, de una u otra manera, han estado presentes en el imaginario de las personas. En la base está nuestro deseo, y también nuestra necesidad, de reducir la incertidumbre, de poder controlar, de poder anticipar eventos, de inferir qué puede pasar mañana, el mes que viene o el año que viene.  

Ahora bien, si pensamos en un futuro a 50-100 años ¿cuáles son las imágenes que nos vienen a la cabeza? ¿Son imágenes nuevas, o están influidas por el imaginario Black Mirror? Por otro lado, si un grupo significativamente grande de personas tiene una imagen de futuro compartida, ¿será más probable que se cumpla esa idea de futuro? Y por último, ¿quiénes deciden cuáles son las imágenes de futuros compartidas, mayoritarias o más influyentes? 

Y en este punto sería interesante incorporar el concepto de hiperstición, muy bien explicado por el autor del blog La Industria del Podercomo: “la profecía autocumplida, narrativas que proponen un determinado futuro como inevitable y, si son aceptadas como verdaderas por el cuerpo social al que van dirigidas, terminan por hacerse realidad. El ejemplo más extendido del comportamiento hipersticioso es la bolsa de valores, pues en cuanto prolifera un rumor del tipo mañana bajará la bolsa, dicha predicción termina por confirmarse una vez que los inversores aceptan que el augurio es más que probable. Este concepto pone en consideración el poder creativo inmanente de los discursos.” 

Dicho esto, si las imágenes de futuro que actualmente tenemos en nuestro inconsciente son distópicas, negativas y mayoritariamente pensadas y casi impuestas, por un sólo tipo de perfil, quiero decir, que viene de un entorno privilegiado, occidental, capitalista (Hollywood y/o Silicon Valley), mayoritariamente masculino…  

Es decir, si el imaginario común viene pensado desde un contexto único y poco diverso, ¿estamos abocados a un futuro también único y poco diverso? ¿un futuro por defecto? 

Os habéis parado a pensar alguna vez ¿cómo se imaginan el futuro otras personas de diferentes culturas, países, creencias? ¿Cómo piensan sobre el futuro diferentes minorías?  

Estas consideraciones están muy presentes en la actualidad ya que todo parece ir muy rápido, vivimos en un mundo acelerado y en pro del “avance”, donde se prioriza la innovación y la tecnología, dejando en un segundo plano la conciencia crítica, las reflexiones sobre consecuencias no intencionadas o los dilemas éticos y morales. 

El futuro está de moda  

En los últimos años ha vuelto a surgir el interés en lo que se denominan los Estudios de Futuros y el pensamiento de futuros. Desde organismos públicos como la UNESCO con su iniciativa Futures Literacy o la OCDE, hasta medios de comunicación de referencia como The Economist con su What if (Que pasaría si…) o la BBC Futures.  

Además de por supuesto la ciencia ficción, pero también el diseño especulativo, diseño crítico o artefactos de futuro. Estos últimos conceptos tienen como objetivo traer al presente reflexiones críticas sobre el futuro a través de objetos, relatos, imágenes, representaciones teatrales… cualquier medio es valido mientras logre despertar consideraciones nunca antes tenidas en cuenta.  

Algunos ejemplos de diseño especulativo son el catálogo de IKEA del futuro, propuesto por The Near Future Laboratory o el prototipo Pure Human de Tina Gorjanc que consistía en una chaqueta y una mochila de piel creadas a partir de ADN humano. Son  objetos que conectan con nuestro presente, y a través de los cuales es fácil plantear escenarios futuros posibles y hacer despertar preguntas y reflexiones éticas interesantes y necesarias, en relación a hacia dónde vamos y si de verdad queremos seguir ciertas direcciones, tendencias o debemos, por el contrario, empezar a tomar decisiones y elegir otros futuros más deseables a través de nuestras acciones en el presente. 

Diseños de futuros 

Habíamos dicho que el futuro no existe, pero ¿podemos diseñar el futuro? ¿Podemos hacer que nuestros futuros más deseables se vuelvan más probables? ¿Estamos “todos” de acuerdo en qué es lo más deseable? ¿Estamos dispuestos a escuchar voces minoritarias y diversas en esta conversación sobre co-creación de futuros? 

No tengo respuestas a estas preguntas, pero sí que me parecen un magnífico punto de partida para reflexionar y al menos ser más conscientes de que nuestros actos tienen consecuencias, y que no existe un único futuro al que debemos dirigirnos, o al que estemos abocados a asistir, sino más bien, pensar de manera crítica quienes están dictando nuestro imaginario de futuro, por qué lo están dictando, y sobre todo para qué y para quién. 

Lourdes Rodríguez
Lourdes Rodríguez

22

Licenciada en Psicología, especializada en investigación, análisis y conceptualización de tendencias.

Comentarios

Dejar un comentario

Tu eMail no será publicado

Debes usar estas HTML etiquetas y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>