«El fútbol es toda una metáfora de lo que el Estado fascista quería de sus ciudadanos: siempre dispuestos a darlo todo por el Fascismo»

Imagen del Nazionale Calcio de 1934, con los jugadores haciendo el saludo fascista.

Si Messi, Cristiano Ronaldo y Neymar es la tripleta soñada de cualquier hincha para su equipo, Hitler, Mussolini y Franco la es para el arte fascista de utilizar el fútbol como herramienta de propaganda. Los tres dictadores se dieron cuenta del poder de sugestión de este deporte de masas, y los tres regímenes totalitarios -en mayor o menor medida- se sirvieron de este deporte para exaltar su ideario y legitimar su poder. 

Fútbol y fascismo (Ed. Altamarea) es un libro delicioso a pesar de su título, un ameno recorrido por los episodios más significativos de esta inquietante relación entre el deporte rey y las dictaduras de Alemania, Francia y España, sin olvidar la Portugal de Salazar y las dictaduras latinoamericanas. 

Portada de Fútbol y fascismo.

Su autor es Cristóbal Villalobos, profesor de Historia, escritor y articulista, y colaborador en alguna ocasión de La Muy. Sin duda a él se debe gran parte del éxito de este libro al afrontar el tema con un estilo de crónica periodística y una deslumbrante capacidad para introducirnos en las atmósferas totalitarias. Villalobos consigue algo tan difícil como incorporarnos a la mentalidad de regímenes totalitarios para, desde esa cosmovisión, hacernos partícipes de la pasión de determinados episodios futbolísticos. Logra que sintamos esos partidos como lo sintieron los espectadores de la época, nos regala la posibilidad de comprender las claves que hacían posible utilizar el fútbol como instrumentos propagandísticos. 

Charlamos con su autor sobre este imprescindible, y más que recomendable, Fútbol y fascismo

Cristóbal Villalobos, autor de Fútbol y fascismo.

Cristóbal, ¿por qué ejerce tanta fascinación el fútbol en el fascismo?

Porque descubrieron, al poco tiempo de hacerse con el poder, que podría convertirse en una herramienta muy eficaz para propagar las ideas fascistas entre los jóvenes, a quienes principalmente querían hacer llegar sus mensajes. Posteriormente, vieron en él la capacidad de transmitir hacia el resto del mundo el poderío de sus respectivos estados, patrimonializando para ello las victorias de sus selecciones nacionales o de sus clubes más destacados.

¿Qué valores encarna el fútbol para el ideario fascista?

La lucha, la garra y, sobre todo, la supeditación del esfuerzo individual bajo una misión colectiva, toda una metáfora de lo que el Estado fascista quería de sus ciudadanos: siempre dispuestos a darlo todo por el Fascismo.

¿Cuáles son los mecanismos de legitimación del fascismo que actúan en el fútbol? 

El fútbol constituía una manera fácil y efectiva de transmitir a toda la población un sentimiento de orgullo y de pertenencia a una nación que, además, se correspondía con unos símbolos que quedaban expuestos en el campo de juego: la bandera, el escudo, el saludo fascista…

¿Consideras que el fútbol no solo es utilizado como medio propagandístico por el fascismo? ¿El poder sigue intentando utilizarlo?

Todos los totalitarismos lo han usado. En Fútbol y poder en la URSS de Stalin, que la editorial Altamarea acaba de reeditar, se ve claramente cómo dictador soviético también se apoderó del fútbol en su país. Pero también en los estados democráticos se manipula, o se intenta manipular, a las grandes masas que acuden a los estadios o ven los partidos desde casa. Silvio Berlusconi en el Milan, que acabó catapultándolo al Gobierno de Italia, Jesús Gil y el Atlético, o la relación actual del Barcelona con el nacionalismo catalán, son algunos de los ejemplos, de diversa índole, en los que el fútbol y el poder acaban mezclándose de alguna manera.

El vocabulario del periodismo deportivo se aproxima a la terminología bélica, ¿tiene algo que ver con esta utilización como vehículo propagandístico?

Fue precisamente el fascismo italiano el que por orden de Mussolini introdujo en las retransmisiones radiofónicas y en las crónicas deportivas un lenguaje beligerante y violento, a la vez que italianizaba diversos términos.  Sin ir más lejos, se sustituyó por ley el uso de la palabra football por la de calcio. En España se hizo algo similar, y el Athletic pasó a ser el Atlético de Bilbao, por poner un ejemplo. Los símiles bélicos, que actualmente seguimos utilizando, son sin duda una reminiscencia de aquella época. Ahora, aunque no existan estados fascistas que manipulen este deporte de una manera tan clara como entonces, si perviven entre las hinchadas luchas políticas que, bajo el amparo del deporte, esconden en los insultos y los cánticos enfrentamientos políticos que van mucho más allá de un simple espectáculo.

¿Seguimos conservando la escenografía fascista, o al menos algunos tics, en los partidos de fútbol importantes?

Se conservan, más que tics fascistas, elementos nacionalistas claros. El historiador Hobsbawn dijo que era más fácil sentirse parte de una patria al verse identificado con once jugadores. El nacionalismo, determinante en el fascismo, está hoy presente en todos los símbolos que usan los hinchas, más allá de las banderas e himnos oficiales.

El llamado Partido de la Muerte, con una escenografía totalitaria.

A pesar de los poderes que han intentado -y siguen haciéndolo- del fútbol, ¿consideras que al final es una pasión patrimonio del pueblo o eso se ha diluido?

Es por ser la actividad humana que más pasiones despierta por lo que los poderosos del mundo a lo largo de la historia han intentado apropiarse de él. En el libro se narran momentos en los que ha sido así, pero también muchos otros en los que, a pesar de los intentos del poder, ha sido el pueblo el que ha acabado usándolo como válvula de escape o como arma democrático. 

¿Eres de los que piensan que el fútbol es un aliviadero de la presión social y que como tal lo utilizan los poderes para evitar conflictos en la sociedad?

Sin duda. Un ejemplo paradigmático de ello fueron los partidos que retransmitía TVE, durante los últimos años del franquismo, para evitar las movilizaciones obreras entorno al 1 de mayo.

En este sentido, ¿entiendes que haya habido tanto interés en reanudar la competición futbolística lo antes posible en esta pandemia? ¿Crees que ese interés es solo económico? 

El interés es doble en este caso. El fútbol en España constituye una industria muy importante, que además nos proporciona una propaganda hacia el exterior de valor incalculable. Además, con la vuelta del fútbol el Gobierno consigue proporcionar a la sociedad una sensación de normalidad potentísima, una muestra más que clara de que “todo está controlado”. Es por eso mismo que la vuelta del fútbol, y no la de otros deportes, protagonizó parte de los discursos de Pedro Sánchez.

En tu opinión, ¿qué régimen fascista ha sido el que mejor ha sabido utilizar al fútbol?

El régimen de Mussolini fue sin duda el que sacó mayores réditos políticos gracias a sus victorias en los mundiales de 1934 y 1938.

Casi siempre se recuerdan los épicos y gloriosos, pero ¿existe algún momento chusco que deba pasar a los anales de la ridiculez humana?

La derrota de Alemania en las Olimpiadas de Berlín frente a Noruega. Parecía una victoria fácil, por lo que Goebbels, jefe de la propaganda nazi, organizó todo un evento propagandístico y consiguió que Hitler, que quería ver la competición de remo, acudiese por primera vez a ver un partido de fútbol. Los noruegos acabaron dando la sorpresa e Hitler, que se aburrió y quedó medio dormido en el palco, saliendo del estadio antes de que terminase el encuentro con un enfado monumental.

Banderas nazis en un partido de fútbol.

¿Existían infiltrados en los equipos de fútbol, una especie de informadores y/o agitadores al servicio del fascismo o de sus enemigos?

En las concentraciones de la Italia fascista se abría y estudiaba la correspondencia de los jugadores, el dictador Médici, de Brasil, tenía espías en la concentración de México 70 y en el  Chile de Pinochet vigilaban a los familiares de los jugadores para que estos, mientras se encontraban con la selección en el extranjero, no hiciesen declaraciones que pudiesen dejar mal a la dictadura. Hay muchos otros ejemplos. Nada se dejaba al azar.

¿Quién ha sido el jugador más propagandista del fascismo aún sin saberlo?

No hay una estrella clara que se identifique con estos regímenes. En la Italia fascista y la Alemania nazi, aún con jugadores muy buenos, sobresalía el colectivo sobre astros concretos. El franquismo se aprovechó de la figuras de Di Stéfano y de Kubala, Pelé en Brasil constituyó un patrimonio de importancia para la dictadura, al igual que Eusébio en Portugal. Incluso Maradona, luego adalid y defensor del castrismo, fue en su momento un juguete en manos de la dictadura militar argentina cuando apenas era un juvenil que se acaba de proclamar campeón del mundo de su categoría.

¿Han existido equipos o jugadores antifascistas, que con su actitud hayan puesto en entredicho a determinados regímenes? 

El caso más bonito fue quizás el de la Democracia corinthiana de Sócrates, que llegó a convertir al Corinthians en el símbolo de la lucha de Brasil contra la dictadura. Otro caso, en esta ocasión protagonizada por la hinchada, fue el Mundialito organizado por la dictadura uruguaya, donde el estadio acabó coreando: “Se va a acabar, se va a acabar, la dictadura militar…”.

Jugador de la Democracia Corinthiana de Sócrates.

¿Consideras que los estilos futbolísticos de Italia, Alemania y España responden o están influidos por los valores preconizados por los regímenes fascistas?

Pues sin duda el catenaccio italiano, el juego mecánico y ordenado de Alemania y la llamada furia española, aunque no surgieron específicamente como un invento de estos regímenes, sí casaban a la perfección con los ideales que las autoridades de estas dictaduras querían transmitir, por lo que se encargaron de ensalzarlos y mitificarlos a través de los medios de comunicación.

Portada de La Gazzeta.

¿Por qué crees que el fútbol ha generado tanta polémica entre los escritores e intelectuales, con defensa apasionadas y ataques furibundos como los que aparecen en el prólogo de tu libro?

Los intelectuales, por lo general, reniegan de todo aquello que no sea aristocrático. El futbol, como actividad preferida de las masas, y que puede entontecer al servir de evasión de otras preocupaciones, se ha convertido en algo execrable para muchos intelectuales. Sin embargo, aparte de su importancia desde el punto de vista social, que se empieza a reconocer en muchos estudios actuales, el fútbol constituye un material maravilloso para hacer Literatura, algo que han demostrado escritores como Vázquez Montalbán, Javier Marías o Eduardo Galeano y que, en la actualidad, muestran cada mes revistas como Panenka o Líbero.

Para terminar, ¿qué es para ti el fútbol?

El fútbol es un deporte, pero la pasión que genera no es comparable con el resto de deportes. Un espectáculo, pero ir a un estadio no produce las mismas sensaciones que ir al teatro. Es algo inútil, unos tíos dando patadas a un balón… pero sin embargo es de vital importancia para millones de personas. Yo diría que el fútbol  es un juego con arte, parafraseando a Lorca en Poeta en Nueva York, uno de los fenómenos humanos más apasionantes y, como todo lo humano, un amplio catálogo de nuestros vicios y de nuestras virtudes.

Muchas gracias, Cristóbal.

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