Ecos del antipregón

Hace tiempo grabé para televisión un reportaje de investigación sobre drogas. Me costó conseguir que la gente hablara a una cámara, aunque fuera con la cara tapada. Fue hace años y casi ni lo recordaba, así que cuando me llegó un whatsapp el otro día de un contacto llamado “Traficante 2”, no lo recordaba y me quedé blanco. Al final del artículo os contaré cuál fue su mensaje, pero fue una de las muchas personas que han querido decirme que les gustó aquella locura del pregón heterodoxo, y no tanto por el pregón en sí, sino por ese canto de amor raro a la Semana Santa que montaron los de La Muy, David González de la editorial El Paseo y José María Rondón.

Atención a la variedad.

Al salir del Teatro Quintero, alguien que se me presentó como “ultraortodoxo” me dio la mano y me dijo que se había emocionado. “Yo venía con las pistolas cargadas para darte fuerte con eso que dijiste de antipregón, y fíjate, al final se me han saltado las lágrimas y todo, coño”.

El bajista de un grupo de música me escribió desde su gira y me dijo “Me lo he tragado entero del tirón, y lo he disfrutado como un enano. Has hecho que me sienta orgulloso de ser sevillano. Se agradecen cosas así”.

Un compañero de trabajo de Móstoles, me mandó un whatsapp: “He venido escuchando tu pregón en el coche. Soy madrileño, me encanta Madrid y vivir en Móstoles. No soporto el calor ni entiendo la Semana Santa, pero he escuchado lo que has contado y me ha dado envidia no ser sevillano”.

En Twitter, hubo gente que me dijo que tampoco había visto un paso en su vida, pero que había escuchado el pregón y quizá tenía razón en eso de que “hay dos tipos de personas en Sevilla, a los que les gusta la Semana Santa, y los que no saben que les gusta”, porque, sin ser capillita, es verdad que guardaba recuerdos preciosos que habían ocurrido alrededor de esa semana.

Hay quien me mandó gloriosas fotos de pañuelos de papel arrugados como muestra de los mocos que había soltado llorando. Hay quien me cogió camino de la cerveza que tomamos después del antipregón y me dijo que “la Semana Santa de la que has hablado no es la heterodoxa, es la de la gente, la de verdad”. Hay quien me dijo que nunca le había pasado estar llorando de emoción, empezar a partirse de risa y no saber si las lágrimas eran de una cosa o de otra.

Repaso todo esto no como una reivindicación a lo bien o mal que quedó, sino para resaltar dos cosas que pensé.

La primera es que el pregón llegó a gente a la que el prejuicio nos aleja de pensarlos cercanos la Semana Santa: un traficante, un mostoleño, un rockero… La segunda es que no me dijo nadie que le hubiera incomodado.

Y entonces pensé que quizá me equivoqué en una cosa: igual miramos a una ortodoxia intransigente y castradora que no existe. Quizá la creamos con nuestra mirada, quizá no hay heterodoxia y ortodoxia y estamos todos en el mismo lado, más para adelante o más para atrás, a la sombrita que refresca o al solito que da gustito, pero todos en el mismo país.

Si resulta que es un enemigo ficticio y sirve para unirnos, bienvenido sea, pero que no nos haga pensar que la mejor ciudad del mundo está más dividida que cualquier otra del mundo. Porque estoy seguro de que el de la sombra se reirá del del solito, pero también estoy seguro que mataría por él.

Ojalá sea así, porque con el tiempo he aprendido que los que dividen, siempre traman algo, y el mundo cambia y no está quieto nunca. Si no que se lo digan a “Traficante 2”, que en su whatsapp, me dijo “Killo, mortal tu pregón. Me ha alegrado verte. Yo me he quitado de todo, me he casado, tengo trabajo y ahora me ha dado por correr. ¿Quién nos iba a decir aquel día que estábamos hablando un pregonero y un maratoniano?”.

Una canción: El río de mi Sevilla de Lole y Manuel.

Comentarios

Dejar un comentario

Tu eMail no será publicado

Debes usar estas HTML etiquetas y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>