Dudas de hormigón y terciopelo

Foto: Óscar RomeroNo creer o creer. Es el intermitente que señala cada giro de nuestras vidas. Muro o cortina, en esa dicotomía se resume la existencia, desde ella se han construido religiones, teorías filosóficas y sistemas políticos. Lo empírico frente a lo numinoso, lo mortal en pugna con lo trascendente, lo imposible contra lo posible. El muro es el final, la cortina puede ser el principio. El nihilismo es un grafiti en el muro, la poesía es una mano que descorre la cortina. En el muro apoyan sus sables los dictadores, por debajo de la cortina repta el viento de las revoluciones. Pero a veces el muro es metáfora de la dignidad mientras que la cortina, cuando es de humo, oculta la indignidad humana. Un muro es un hombre erguido ante un tanque en Tiananmén; entre los pliegues oscuros de una cortina florece el moho de las tramas para financiaciones ilegales. Creer en lo increíble o no creer en lo creíble. Realidad o deseo. Muro o cortina. Más bien, muro y cortina. Mejor dudar, en eso se nos va la vida.

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