Donde se crían los campeones

Martes, 17 de enero, siete y media de la mañana. Los prados, aún con escarcha, reciben los primeros rayos de un tibio sol de invierno. Los potritos, que acaban de cumplir un año (en el mundo de los caballos todos los ejemplares cumplen años el primer día del año), corretean alegres por las praderas.

El invierno es una época de ilusión en la yeguada. Comienzan los nacimientos de los primeros potritos, con todo el estrés y la responsabilidad que eso significa”, nos comenta Federico Rioperez, propietario de la Dehesa Cantogordo, una de las pocas yeguadas que se dedican en España a la cría de purasangres ingleses. La dehesa de Cantogordo está situada en las estribaciones de la maravillosa sierra de Gredos, a poco más de una hora de Madrid. Allí se encuentra esta yeguada de reciente creación, donde el caballo es el auténtico protagonista. Pastos naturales, una alimentación cuidada y un manejo artesanal de los animales, hacen de esta finca un verdadero paraíso para sus inquilinos.

“Esta finca ha pertenecido a mi familia desde hace varias generaciones, aunque la idea de criar purasangres es relativamente reciente, desde 2012. Siempre pensé que sus características naturales la hacen idónea para este fin. Aquí los caballos son los protagonistas. Todo es por y para ellos. Buscamos una cría natural, sin artificios, pero siempre bajo unos estrictos parámetros de calidad”, comenta Rioperez mientras observa cómo retozan los foals de pocos meses de edad.

Y es que no hay nada más difícil que criar un caballo de carreras. Son nerviosos, inquietos, curiosos, ágiles y, sobre todo, delicados, muy delicados. Se podría decir que son los Fórmula 1 de los caballos, cualquier problema, por nimio que sea, puede complicar su futuro en las pistas, su principal fin y para lo cual se han venido seleccionando desde hace siglos.

Si hay una afición donde el glamour y la tradición se dan la mano, esa es el denominado turf, que es como se conoce al mundo de las carreras de caballos. Desde la Reina de Inglaterra hasta John Ferguson (mítico ex entrenador del Manchester United), pasando por las monarquías de los países petroleros del golfo Pérsico, como el Jeque de Dubai o la familia real saudí, o grandes empresarios norteamericanos, comparten la afición -casi obsesión- por las carreras de caballos y, en especial, por su cría. Porque puedes ganar una carrera importante con un caballo que hayas comprado, pero lo que realmente te doctora como “uno de los nuestros”, para ser verdaderamente alguien en este mundo de dinero y lujo, tienes que ganar con un caballo criado por uno mismo.

Pero las carreras de caballos son algo más que un entretenimiento para millonarios. Así, en Francia se considera que las carreras de caballos es una de las más importantes industrias del país, con más de 250 hipódromos y 80.000 empleos directos vinculados al turf y en Irlanda sus centros de cría, probablemente los mejores del mundo, son una fuente de ingresos brutal, generando empleo en zonas agrarias que de otra manera sufrirían un progresivo abandono de población.

“La cría de un campeón comienza en la elección de su madre. Es el punto de partida y probablemente la decisión más importante”, nos comenta Federico mientras observa orgulloso sus yeguas de cría.

La calidad de una yegua destinada a la cría se fundamenta en tres vértices. Por un lado, su físico: “No se trata de que sea más bonita en el sentido estético del término, sino que sea armónica, proporcionada, correcta y sin defectos”. Y es que Mendelson juega un papel fundamental… y dada la delicada constitución de los PSI (acrónimo de Pura Sangre Inglés) hay que intentar minimizar los riesgos en todo lo posible. El segundo aspecto a estudiar es su origen: si en su familia han abundado los campeones, es más fácil que transmita calidad. Y es que se tienen registros documentados de los pedigrees de los caballos desde hace más de 300 años. Y por último, sus actuaciones en las pistas de carreras. “Siempre será mejor que haya demostrado un gran valor, está claro”. ¿Y cómo se balancean estos tres componentes? Ahí radica el secreto del posible éxito de criar un campeón… Bueno, eso, y la suerte, condimento indispensable en ese maravilloso mundo.

Una vez que se ha elegido la yegua madre hay que elegir el padre. Como todo en la vida, hay padres mejores y peores en términos absolutos, pero también hay padres mejores y peores para determinadas yeguas. “Este mundo mueve tanto dinero que está profesionalizado al máximo. Hay empresas que se dedican a estudiar cada yegua individualmente para recomendarte el mejor semental en cada caso concreto. Hay que combinar físicos, sangres compatibles que ya han funcionado al cruzarse… Una verdadera ciencia”. Y es que la informática e internet han supuesto un avance brutal con estadísticas pormenorizadas, estudios genealógicos… Cabe recordar que hay sementales en Europa que por cubrición pueden llegar a cobrar más de 250.000 euros, existiendo lista de espera y “derecho de admisión”, pudiendo cubrir más de 150 yeguas al año. Cifras mareantes, verdaderas empresas en sí mismo que hacen que el valor del caballo sea superior a su peso en oro.

Siempre se busca que el nacimiento del caballo se acerque lo más posible a principios de año. Al cumplir años todos los caballos el día 1 de enero y dividirse las carreras por la edad del caballo, 3 o 4 meses de diferencia de edad en su primera temporada de competición puede significar la diferencia entre ser una estrella en la pista o un caballo más.

Pero no todas las cubriciones llegan a buen puerto. Puede ser que no se quede preñada la yegua, o que se reabsorva el feto, o sufra algún accidente al nacer… Se calcula que aproximadamente un 20% de las cubriciones no llegan a poner un foal (potro de menos de un año) con visos de corredor en los prados de las yeguadas.

Si todo ha ido bien en el embarazo y el parto, lo más normal es decidir si se vende el producto cuando tiene un año o si te lo quedas para que compita para ti, bajo tus colores, aunque a veces se puede llegar a vender con menos de un año, en lo que los anglosajones llaman pinhooking, dueños de fincas que compran foals para terminar de criarlos en sus fincas y venderlos más tarde. Ellos ponen sus fincas, su sapiencia y toman el riesgo. Si todo va bien, pueden llegar hasta quintuplicar el precio pagado por el foal. Un riesgo con recompensa.

En Cantogordo se suele vender todo lo que se cría. “Nosotros somos criadores, y nuestra finalidad es vender. Cuando un caballo criado por nosotros gana una carrera, la satisfacción es igual o más que si nosotros fuéramos los propietarios”. Pero no solo es la satisfacción del trabajo bien hecho, sino que con buenas actuaciones de los caballos, las madres se revalorizan y sus hermanos se venderán por más dinero en las siguientes subastas. Y es que el fin del ciclo de un criador es la subasta, su prueba de fuego, el examen al trabajo de más de dos años. Para que su venta sea un éxito, debe presentarse en la subasta en óptimas condiciones. “Cualquier contratiempo de última hora puede dar al traste con todo el trabajo de años. Pisar una piedra y hacerse daño, un pequeño accidente en los prados de la yeguada, incluso un golpe en el box donde están estabulados los días anteriores a la subasta… Desde luego, criar purasangres es un negocio de alto riesgo, pero maravilloso”. There’s no business like show business

El valor de un yearling viene fijado por dos factores fundamentales. Por un lado, la categoría de pedigree y, por otro, el físico que presente. “Puedes valorar todos los factores, y comprarte un caballo precioso con un pedigree maravilloso. Y luego no galopar nada. Esto no es una ciencia exacta y en eso radica la grandeza de este deporte. Si no, los potros los comprarían los fondos de inversión. Pero todos soñamos con criar un campeón”.

A lo lejos vemos a Celtic Rock, el semental estrella de la yeguada, que tras una vida de éxitos en las pistas ahora afronta sus primeras campañas como semental. Ajeno a las esperanzas que hay depositadas en él, pasta tranquilamente en su prado particular. Los sementales, dado su carácter, no pueden convivir con otros caballos ni, por supuesto, con otras yeguas. Su contacto con las yeguas se limita a cubrirlas, hecho que ocurre cuando la temperatura de la yegua es la adecuada, las circunstancias lo aconsejan y un largo de etcétera de factores más. Todo muy preparado, sin dejar nada al azar. Y es que si criar un purasangre es difícil, criar un campeón es realmente complicado.

Y todo empieza aquí, en la cuna de los campeones.

Comentarios

Dejar un comentario

Tu eMail no será publicado

Debes usar estas HTML etiquetas y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>