Donde la escultura nos lleve

Los sueños casi nunca se cumplen, y eso no es trágico. Lo que resulta imperdonable es que se cumplan y ni te enteres. O peor aún, que te des cuenta cuando ya es tarde y tengas nostalgia de lo no vivido, que es la más corrosiva de las nostalgias. Ahora piensas que aquello fue ese sueño tan ansiado: la posibilidad de conocer países remotos -algunos hasta han desaparecido ya-, culturas exóticas, tesoros y obras que parecían inaccesibles; y todo a pocos metros de tu casa. El viaje total, la vuelta al mundo era posible en ochentahoras, minutos incluso. Conocer al otro para conocerse uno mismo mejor. Qué cil hubiera sido, pero cierto orgullo displicente -lo llaman ombliguismo- impidió hundirnos hasta las trancas en esta oportunidad histórica. Lo único que nos queda es el viaje inverso a aquel de 1992: desde algunas esculturas de artistas internacionales para la Exposición Universal de Sevilla hasta sus lugares de origen. Eso nos queda, que no es poco, porque la escultura es siempre un viaje… y viajar es sinónimo de esperanza.

 TIFLIS.

El nacimiento del hombre nuevo, más conocido como El huevo de Colón, es la mayor escultura de bronce de Sevilla -y de España- con una altura máxima de 45 metros. Se erige en el centro del Parque de San Jerónimo y es obra del escultor ruso-georgiano Zurab Tsereteli (Tiflis, 1934). Si bien este coloso no llegó a Sevilla hasta 1995 como una donación del ayuntamiento de Moscú a la ciudad, la idea se gestó con motivo de la Expo 92. Se materializó una vez se adecuaron los terrenos del antiguo vivero para la muestra y se transformaron en un parque público. Como el personaje representado, el monumento llegó a su emplazamiento actual tras un largo viaje, primero por mar hasta Santurce y, luego, por carretera hasta Sevilla.

SAN SEBASTIÁN

Quizás el Monumento a la Tolerancia tenga la mejor vista del Guadalquivir y de Triana que se conozca. Emplazado en el Muelle de la Sal, es una monumental escultura del artista vasco Eduardo Chillida (San Sebastián, 1924) que realizó con motivo de la Expo 92 gracias a la financiación de la Fundación Amigos de Sefarad. Costó 98 millones de pesetas y conmemora el Edicto de Granada de 1492, por el que los Reyes Católicos expulsaron a los judíos de su reino. El proyecto se fraguó en 1980, pero fue Jesús Aguirre quien lo rescató con motivo de la muestra universal. A su inauguración (01/04/1992) acudieron el presidente de Israel, Jaim Herzog, y el Nobel de la Paz, Elie Wiesel. Chillida confesó que el monumento refleja una idea: “Sería perfecto que algún día en Sevilla el pueblo judío, el árabe y el cristiano volvieran a darse la mano”.

SANTIAGO DE CHILE

De allí es Roberto Matta, autor del colosal mural cerámico Verbo América, que recibía a los visitantes que entraban en el recinto de la Expo por la Barqueta. Fue un encargo de la Sociedad Estatal Quinto Centenario al pintor chileno, quien tardó años en realizar el mural definitivo para el que contó con la ceramista Yoko Akabane. El mural está dividido en dos partes de 20 metros de longitud por 4,5 de altura. Es un auténtico tesoro del considerado por la crítica artística como “el último surrealista”, premio Príncipe de Asturias a las Bellas Artes en 1992. En uno de los paños se lee: “El Verbo América es conjugar participios pasados con presentes condicionales, (…) es poner bien los dedos en lo que los une, en vez de despreciarse con megatónicas megalomanías”. Tras años de abandono y vandalismo, fue restaurado en 2011 en un proceso multidisciplinar, en el que incluso participó un buen amigo de nuestra revista, Seleka.

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