¿Dónde estabais?

En mi casa se paraba el tiempo, se mandaba callar a la gente, era un momento especial. Se le echa de menos. Trabajador, artista, un tío con age, un enamorado de su ciudad, de sus tradiciones, de Hugo… Se te echa de menos, Manolo. Un señor que vendía lavadoras y consiguió poner a su clusz de fútbol al nivel que lo puso es digno de admirar. No seré yo quien juzgue si los últimos momentos fueron buenos o malos, que lo hagan otros. Escribo en este número de La Muy para recordar la figura de uno de los presidentes más outsiders que ha tenido el fútbol patrio.

Como decían las sevillanas, Manuel Ruiz de Lopera el cielo te iluminó. Y os preguntaréis, cómo ha iluminado ahora a Paco para que se acuerde de Don Manuel. Pues bien, hace veinticinco años del año 92… ¿dónde estabais? Lopera “salvó” a su Betis y no se le ocurrió mejor forma de inmortalizar aquel ¿milagro empresarial? que grabar un corto con la mejor de las tecnologías de la época, ambientado en su casa, en el cual se narraba cómo habían sido las arduas negociaciones. Y para más inri, resulta que tengo un colega íntimo que estuvo allí presente mientras se rodaba esta obra maestra.

Juan Carlos Castro, el Charli. Fuimos compañeros en el instituto. Recuerdo al Charli como un tipo vacila, fuertecito, jugaba tela a la pelota, repetidor por supuesto, ese compañero de clase al que te aconsejan que no te arrimes porque es una mala influencia. ¡Pues a mí me cogió un cariño tremendo! No había tarde de verano que no viniera a mi piscina a lucir oblicuos y bañador turbito ceñido. Buen chaval… muy en el fondo. Cuando terminé mis estudios, él estaba cursando un ciclo formativo de audiovisuales y me contó Maruja, la conserje del instituto, que se colocó de cámara en una productora. Le perdí la pista hasta que hace poco nos encontramos. Fui a pelarme y allí estaba el Charli, que ha montado un salón de belleza para caballeros. Imaginaos cuando nos vimos. “¡Quillo, Paco! ¡Estás más gordo, mamona!”. Y como buen peluquero y gran amigo mío que era, allí me estuvo dando palique toda la mañana. Salió el tema de Lopera y me contó con pelos y señales, y más pelos y pelos en el suelo, lo que se vivió en el set la calle Jabugo, en Jabullywood.

“Paco, te cuento. A mí me llamó una tarde mi jefe y me dijo “Charli, mañana a las 9:00 te quiero en la calle Jabugo con las baterías de las cámaras cargadas, en las oficinas de Farusa”. Yo sabía que aquello era de Lopera, pero nunca me imaginé lo que iba a ver allí entre alicatados de azulejos y bustos de Don Manuel. El gachó contrató a mi productora para grabar una recreación de cómo había salvado al Betis levantando un teléfono. No sé si lo recuerdas, pero en 1992 el Betis iba a desaparecer y con las aportaciones de socios y simpatizantes no se alcanzaba el montante necesario. Don Manuel puso de “su bolsillo” el dinero restante y se convirtió así en presidente del equipo de sus amores”.

“Tendrías que haber estado, Paco. Llegamos a las nueve en punto, tú sabes que yo siempre he tenido una puntualidad extraordinaria, allí había una algarabía que no era normal, un olorcito que venía de la cocina. Era Doña Maribel, la primera dama verdiblanca, que estaba haciendo puchero. Sonó el telefonillo y preguntó Don Manuel: “¿Quién es a esta hora, niña?”. Y Doña Maribel: “Manolo, es tu sobrino, que trae un queso de Alcalá de un sitio que conoce él”. Los perros no paraban de ladrar. La situación era rocambolesca”.

“Se rodó todo en una sala de reuniones con muebles de la época, decorada con todo tipo de merchandising verdiblanco; sobre la mesa, varios balones firmados por jugadores béticos con ceniceros como pedestales, y el Gran Poder también estaba presente. Todo digno de una película de Almodóvar o de un videoclip de Tony Genil. En la mesa, sentados en un lateral, Ana María, secretaria de Don Manuel, y enfrente Ángel Martín, Luis Bellver y José Antonio González Flores. Era como la escena inicial de El padrino en versión kitsch. De repente apareció Lopera: “¿Cómo estás Ana María, y tu marido? ¿Cómo está mi chulo?”, por Ángel Martín. “Buenos días, niños. ¿Vosotros sois los shicos de la productora? Venga po vámonos, que cuanto antes empecemos antes terminamos”.

“Comenzamos entonces la grabación. Cámaras, focos, cables, sonido y acción. Lopera, aquel señor de El Fontanal, parecía que se había criado en Hollywood, ¡cómo interpretaba! Don Manuel debía aparecer en escena con el rostro desencajado, y así lo hizo, con más mala cara que Iniesta en el látigo de la Feria. Parecía el Nosferatu de Murnau, qué cosa más demacrada. Los integrantes de la mesa le ponen al día de la situación y el Batman verdiblanco llama por teléfono a Reinaldo. Durante la conversación que mantuvo con este señor, tuvimos que cortar varias veces. La escena parecía un sketch de Martes y Trece, hasta al propio Don Manuel se le escapaba de vez en cuando una sonrisa. Empezaba fuerte el corto…”.

“Pero aquí no acaba la cosa. Resulta que la sala de reuniones donde grabábamos daba a la azotea, y allí tenía Lopera unas jaulas con jilgueros, agapornis y dos palomos para reclamo. No te puedes ni imaginar los pájaros, no dejaban de piar y se metía todo por el canal de audio de la grabación. Tuvimos que salir a la azotea y ponerle unas toallas de bidé de Don Manuel, que llevaban sus iniciales bordadas. Al final, se callaron. Te puedes hacer una idea, la llamada posterior al Banco Iberoamericano tampoco tuvo desperdicio. Gutiérrez era su persona de confianza en la entidad y le dio todo tipo de explicaciones. Aún recuerdo cuando pronunció esa frase, tan memorable como “siempre nos quedará París” o “francamente, querida, me importa un bledo”, de “muchos sevillanos estaban descorchando las botellas de champán, y no vamos a darle esa alegría”. Imagínate, a mí me cogió aquello jovencito y con guasa, y no veas la que se formó allí. Recuerdo que Lopera decía “Er shico de la camarita se distrae mucho”. Tuvimos que cortar en varias ocasiones hasta que se grabó aquella llamada”.

“La escena última era apoteósica, a la altura del final de Con faldas y a lo loco. Cuando salieron todos corriendo de la sala camino de la notaría, uno de los que acompañaba a Don Manuel dio un traspié con uno de los cables y pegó un bocazo en el suelo. En ese mismo momento volvió a sonar el telefonillo: “Manolo, está el cobrador del Gran Poder que viene a por lo de la lotería”. “Maribel, dile que se lo pague Braulio, que ya haré cuentas con él porque me debe dos meses de alquiler del bar”. Esa era Don Manuel”.

“¡Vaya día aquel! Y digo día porque nos dieron las siete de la tarde y, por supuesto, Lopera hizo llamar a los Gómez Brothers para que nos subieran unos serranitos. Yo, que estaba de becario, lo recuerdo como una de las jornadas de curro más divertidas que pasé en la productora”.

– Charli, habría que verte. Es que Lopera era mucho Lopera… bueno, y sigue siendo. No hace mucho lo vi en la tele, entrando en los juzgados, y la verdad es que es único. Una pena que la relación con parte del beticismo esté tan mal actualmente porque nos reíamos tela marinera con donmanué. Bueno, ¿y ahora qué? ¿Te dejó tan marcado aquella grabación que dejaste la cámara?

– Qué va, Paco, que aquello no daba para comer. Tú no sabes la de gastos que tengo yo.

– Bueno, anda, cóbrate, que me tengo que ir.

– Anda ya, Paco, a este pelao te invita tu colega el Charli, por los viejos tiempos.

– Gracias, campeón.

-A ti por venir. Nos vemos figura.

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