El diseño español en la Expo 92

La entrañable Expo fue, ante todo, un proyecto de Estado. Un emblema del cambio político, económico y cultural que había protagonizado la sociedad española tras el fin de la dictadura. Como gran dinamizador, el sector público impulsó y financió dichos cambios a pesar de no contar siempre con los actores apropiados. Esto hizo que, en cuanto a diseño se refiere, en los prolegómenos de la Expo del 92 se diluyera toda la energía en un sinfín de concursos mediocres, ideados para no tener que tomar decisiones, que a la postre perjudicó a quien se pretendía ayudar: el “diseño español”.

En los años noventa, a diferencia de otras épocas en las que la arquitectura y el diseño industrial representaron la punta de lanza de la cultura, el diseño gráfico se situó en toda Europa en una posición de prioridad estratégica. Desde esa perspectiva, la Expo 92 y su proyecto gráfico fueron un fracaso. Presentaron un lenguaje visual errático y confuso. Nuestra identidad, como país, nunca existió. Y no lo hizo porque nunca se planteó.

El diseño nacional emergió como una flor exótica dentro de un país pobre, rodeado de naciones ricas a las que quería parecerse. Y la consecuencia fue una falta de madurez, criterio y rigor. La escenografía de la Expo fue tan abrumadora que no se llegó a prestar atención al contenido y a la comunicación de las ideas. El liderazgo se dirimió entre la ingeniería y la arquitectura, obviando la comunicación visual. Y así, un complejo de imagen tan complejo como el de la Expo 92, que incluía desde el diseño de la marca y el símbolo hasta la creación de los uniformes, pasando por la mascota, carteles o la señalización, resultó finalmente tan disperso como irrelevante.

Para la identidad gráfica se escogió la propuesta de un argentino afincado en Barcelona desde 1967, Carlos Rolando (1933-2016), que sintetizaba el globo terráqueo surcado por una red de comunicaciones. En principio fue considerado como una buena solución y un símbolo identificador adecuado, al que por desgracia no se le supo sacar provecho. Autor de un buen número de logotipos para empresas españolas, desde Mango, Prisa y Camper hasta Fagor y Eroski, pasando por Ifema o Círculo de Lectores, Rolando nunca mantuvo un estilo propio. Sus trabajos siempre eran diferentes, contrarios al estándar de su tiempo. Lluis Bassat, uno de sus mejores amigos y mentores, no duda en calificarlo como “el mejor, dotado de un talento extraordinario para las ideas, el diseñador más profundo que he conocido”. No en vano, se le considera uno de los padres del diseño gráfico español contemporáneo, junto a América Sánchez y Enric Satué. Incluso fue galardonado con el premio Nacional de Diseño en 2005 y el premio Laus honorífico del FAD en 2012.

Otro botón de muestra sobre la errática gestión del proyecto gráfico lo encontramos en la elección del cartel oficial de la Expo 92. Treinta y tres participantes de distinta procedencia se presentaron al concurso. Los diseñadores nacionales estaban representados, entre otros, por Alberto Corazón, Daniel Gil, Ceesepe, Javier de Juan, Carlos Rolando, Antonio Pérez Escolano ó Enric Satué, lo mejor de lo mejor. De otro lado, y representando una nada despreciable selección del diseño internacional, figuraban nombres como Milton Glaser, Takenobu Igarashi, Jean-Michel Folon o Joost Swarte. Finalmente resultó ganador el francés Guy Billout, de cuya propuesta nunca más se supo, pues a la postre se editaron otros carteles oficiales, entre los cuales destacan los de Javier Romero y el Giraldillo de Óscar Mariné.

En cuanto a la mascota, la elegida fue Curro, una idea del checoslovaco Heinz Edelmann. Ilustrador especializado en carteles y portadas de discos, era muy conocido por su participación en la película de dibujos animados Yellow Submarine de los Beatles. Como dato curioso, merece la pena mencionar que fueron veintitrés los artistas invitados al concurso, entre los que destacaban Moebius, Ziraldo, Félix Rivas o Miguel Berrocal. Los finalistas fueron Edelmann, nuestro ilustre Mingote con su Angelito con Gafas y el alicantino Miguel Calatayud con su Caballo Cartujano. La elección generó una gran polémica en su tiempo, pues incluyó una clasificación para las mascotas. Este hecho motivó la airada renuncia de Mingote, que según declaraciones de su mujer y representante, Isabel Vigiola, “no se presentó a un examen para que le den nota”.

El mobiliario urbano fue sin duda uno de los proyectos más coherentes y trabajados de la Expo 92; un capítulo en el que sí se demostró sensibilidad hacia el diseño. Para ello, se articuló un riguroso pliego de condiciones con los criterios básicos que debían cumplir los diferentes productos, que desarrolló la empresa Artespaña de la mano de Carlos Laorden y Pablo Torrijos. Los diseñadores, previamente seleccionados, recibieron un encargo para desarrollar una pieza concreta. Y tanto el diseño como la producción de los objetos, que suponía un gran reto, fueron un éxito. Entre los múltiples diseños destaca la solución, sencilla y limpia, para el vallado del recinto de Javier Garrido, director del Servicio de Diseño y Oficina Técnica. Otros diseños relevantes son la valla móvil de Gemma Bernal, la fuente basada en los hornos de la Cartuja de Daniel Nebot, la papelera-cenicero inspirada en la Torre del Oro de Pedro Miralles y los dos modelos de bancos de Gabriel Teixidó.

Por su envergadura, complejidad y resultado, “brilla con luz propia” la colección de iluminación Lucero ideada por Perry King y Santiago Miranda. La colección consistía en seis tipologías de luminarias diferentes: báculos, farolas, apliques de pared, luminarias para jardín, lámparas de gran altura para las avenidas y faros para la iluminación de los edificios. A su vez, se dividían en tres grandes familias destinadas a iluminar las diferentes partes del recinto: viales de tráfico, zonas peatonales y parques, y torres de gran altura para grandes áreas. La empresa Philips se encargó del reto de producir, en sólo once meses desde la presentación del anteproyecto, las miles de luminarias que se instalaron.

Por último, merece la pena recordar la cabalgata. Un conjunto compuesto por trece carrozas de grandes dimensiones, ocho comparsas y nueve bandas de música. El espectáculo alegre, colorista y sensual, tomaba como referencia el curso del año festivo mediterráneo de forma transgresora y lúdica. La cabalgata recorría a diario, como si se tratara de una mágica manifestación, un trayecto de dos kilómetros y medio. Ideada por Joan Font, del grupo de teatro Els Comediants, incluía carrozas diseñadas por gente como J. J. Guillén, con su espectacular Dragón de Primavera, que pulverizaba el ambiente con agua de azahar y representaba el mes de abril, o el pintor Guillermo Pérez Villalta, con su Triunfo de Eros simbolizando el mes de mayo.

El cortejo lo componía un elenco de doscientos veinte actores y músicos, para los que se confeccionaron 3.700 prendas, 400 pares de zapatos, 190 elementos de atrezo y 150 sombreros. El brillante diseño de vestuario estuvo a cargo de Els Comediants, Javier Fernández y el sevillano Colectivo Fridor, compuesto por Carmen Giles y los hermanos Manolo y Andrés Martín, que también se hizo cargo del vestuario del personal de seguimiento. Ésta, junto a los uniformes de Victorio & Lucchino, fue una de las pocas contribuciones de diseñadores sevillanos a la Expo 92.

La Exposición Universal de 1992 supuso un soplo de aire fresco que alteró para siempre la fisonomía de nuestra ciudad, y a grandes rasgos fue un éxito tanto por la imagen de modernidad que proyectó de Sevilla como por su contribución en grandes infraestructuras que compensaron nuestro secular retraso y aislamiento con respecto al resto del país. A nivel de imagen, fue una oportunidad perdida de desarrollar y apuntalar la marca España.

En cualquier caso, y más allá de los claroscuros que la cubrieron, la Expo 92 fue un sueño y el soñarlo modificó nuestra nihilista percepción de la Historia, que pasó a ser una entidad en movimiento y, a la vez, amigable. Una gran fiesta a la que se sumaron cuarenta y un millones de visitantes, que duró 176 días y generó una sociedad más optimista y, por primera vez, abierta y tolerante.

Comentarios

Dejar un comentario

Tu eMail no será publicado

Debes usar estas HTML etiquetas y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>