Decisión política

Esta semana me he masturbado demasiado. Unas cinco veces al día desde el lunes, con un pico de siete a la altura del jueves por la tarde. Hoy es viernes y me he seguido machacando hasta la hora de la ducha. Siento la zona genital abultada y tensa. He visto en el espejo que ha adquirido un tono violáceo…

Una manifestación de mi cuerpo, una protesta callejera en medio de la plaza. Esto duele, colega, tienes que parar. Llevo a conciencia mi ropa interior más suave pero me quema de todas formas. Me he pasado. No debo mirar hacia otro lado ante las pancartas indignadas que me recubren el tejido eréctil. Tenéis que entenderlo, llevo sin follar cinco años. No me veía en una coyuntura así desde la pubertad.

De todas formas me he duchado y me he puesto elegante porque he quedado con unos amigos para cenar. Se preocupan por mí, les apena mi encierro, quieren sacarme de paseo. Saben que lo necesito, que lo agradezco.

Cuando llego a su casa me sirven una copa de vino enorme para que digiera más fácilmente la noticia de que me han preparado una encerrona. Es una especie de triple cita con dos miembros de sobra. Nos sientan juntos a la mesa. Reparten más vino. Tengo que reconocer que mi pareja sorpresa no está mal, pero la entrepierna no me arde por eso.  Parece un hombre honesto y delicado, parece que le gusto, pero me coloca una mano encima de la ingle y sus dedos son esparto a través de la falda.

La vida es cuestión de prioridades. Supongo que esta noche me voy a tener que hacer mucho daño.

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