Cultureta postureta

Si algo tienen de bueno las putas redes sociales (entiéndase putas como adjetivo ponderador), es que ese comentario de sobremesa tras la cena que moría al recoger y sacudir el mantel ahora se publica. Se comenta en la sobremesa que conforman miles de usuarios para que lo recoja el que quiera.

Todo esto viene porque hace algunas semanas publicamos en la red una viñeta titulada El planeta de los simios, en la que aparecía un caricaturizado don Quijote enterrado de cintura para abajo, perplejo ante el bote de un balón de fútbol. La lectura de la viñeta de carácter humorístico era blanco y en botella, sin embargo hubo un lector que nos dio un bofetada dialéctica de repente y gracias a la cual llevo pensando más de la cuenta desde entonces. El comentario del lector venía a decir lo siguiente: “Un día tendremos que empezar a hablar sobre la posibilidad de que la gente a la que nos gusta el fútbol también tengamos cultura y se rompan los estereotipos”. Tras ese comentario se sucedieron otros tantos que venían a defender la postura del primero y ratificarla añadiendo “hay mucho cultureta postureta”.

Cuando leí todo aquello pensé que me sentía muy representado con esos lectores que en un primer momento me dieron una buena sacudida. Durante unos días he estado haciéndome una pregunta: ¿el fútbol es cultura? Desde pequeño he sido educado, entre otras cuestiones y valores, en el deporte del fútbol.

No recuerdo el primer balón que tuve pero sí los pelotazos que daba en el muro que separaba el patio de vecinos de la calle Arrayán donde me crié del palacio de los Marqueses de la Algaba. (Un palacio, por cierto, que a finales de los ochenta y principios de los noventa no era más que un nido de drogadictos.) Pero no sólo eso. Se me vienen a la memoria mis visitas al estadio Sánchez Pizjuán, de cuyo equipo es mi padre y era mi abuelo. Y toda una infancia y adolescencia de colección de botas de fútbol, cromos y fotografías firmadas de Maradona, Zamorano, Suker, etc.

Volviendo a la pregunta que me suscitaba el lector, tengo mis dudas porque considero que habría que, como diría Luis María Ansón, “llegar a una definición cabal de cultura”. Algo que creo que sería como responder a la eterna pregunta del huevo o la gallina. Del deporte rey diré a su favor diré que, además de haberse convertido en un espectáculo de masas, algo que por otra parte no está reñido con la cultura, cultura de masas, incluye una serie de valores deportivos, comportamientos, que genera unos sentimientos y acciones que, en definitiva, hacen que el fútbol sea capaz de articular la sociedad desde el punto de vista temporal, por ejemplo, si hablamos de calendario electoral. Y digo el fútbol en España, Brasil o Argentina, como podríamos hablar del baloncesto en EE.UU. o el rugby en Escocia.

El fútbol no es más que una novela eterna en la que hay buenos y malos, que además generan un género literario épico en muchos casos con crónicas periodísticas de nivel. Para Lázaro Carreter, “el fútbol ha sustituido el fervor de la guerra”. Incluso se ha generado un lenguaje propio que no hace más que enriquecer la lengua española en cualquier caso.

Expresión o manifestación cultural como puede ser la literatura, la arquitectura, el teatro, la pintura, la escultura, la filosofía… ¿Por qué no? Hace un puñado de años los arquitectos diseñaban grandes obras que han sido incluidas en libros y guías como lugares susceptibles de visita. Ahora algunos de los más importantes arquitectos del siglo XXI como Jacques Herzog, Frei Otto, Albert Speer Jr., Cruz y Ortiz o Archibald Letich son los encargados de diseñar los coliseos futboleros del presente y futuro.

¿Acaso no puede considerarse cultura el Sevilla-Betis y todo lo que se genera alrededor, antes y después? Como era cultura el coliseo romano y sus gladiadores y carreras de cuadrigas, o como son cultura las corridas de toros. Define la RAE la cultura como el conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial en una época, grupo social… Cuestión aparte sería si nos sentimos identificados con la cultura del fútbol.

Todo esto me recuerda la conversación que tuve con un amigo, y también denominado agente cultural, con el que discutía sobre la propiedad de la cultura. Defiendo que la cultura es de todos y de nadie y que me causa estupor pensar que haya un segmento de población que se considera culturalmente superior por simplemente tener unos gustos socialmente o familiarmente adquiridos como el fútbol frente al teatro cuando lo interesante es que somos legión los que amamos el fútbol y participamos de la vida cultural de nuestras ciudades. Le doy la razón a aquel lector. Hay mucho cultureta postureta.

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