Costus, el brasero vanguardista

“Con los pies fríos no se piensa bien”, decía una canción de Pereza. Cada vez que los pies del país, este Sur, han entrado en calor, el norte ha pensado mejor en el futuro, en el suyo. La ebullición sureña siempre puso tiernos los garbanzos septentrionales, también en lo creativo y artístico. Los vientos vanguardistas y rupturistas han soplado desde el sur, como la obra de Enrique Naya y Juan Carrero. Y es que el movimiento contracultural de la Movida madrileña hunde uno de sus pilares icónicos en Cádiz, la cuna -de nacimiento y de adopción- de estos creadores que firmaban como Costus. 

Enrique Naya (Cádiz, 1953) y Juan Carrero (Palma, 1955) se conocen los primeros días del curso 1974-75 en la Escuela de Artes y Oficios de Cádiz, ciudad que acoge Made in USA en 1975, la primera exposición individual de Naya. En agosto viaja a Madrid en busca de piso para instalarse con Carrero como pareja artística y sentimental. En la capital se especializan en dibujo publicitario: Enrique trabaja para la DGT y Juan en las oficinas de Magefesa.

En marzo de 1977 conocen a Tino Casal, para quien Enrique diseña la portada de seis libros de la colección De qué va. En julio, además de terminar sus estudios, se mudan a un piso de la calle de La Palma, que convierten en su estudio-vivienda y que recibe a un nuevo inquilino, Fabio de Miguel, más conocido como Fanny McNamara, amigo de Tino Casal y de un entonces desconocido Pedro Almodóvar. Ese piso en Malasaña pronto se convierte en Casa Costus, lugar de encuentro de gente como Tino Casal, Pérez-Mínguez, Alaska, Almodóvar, Manolo Cáceres, Ana Curra, Carlos Berlanga, Manuel Piña, entre otras muchas personas con intereses artísticos y creativos comunes. Allí se originó el núcleo que más adelante protagonizó la Movida madrileña.

En ese momento Juan y Enrique trabajan por separado, pero en el otoño de 1978 les encargan decorar el bar La vía láctea, para el que pintan, entre otras pinturas, un enorme mural con estrellas del cine en un deslumbrante estilo pop. Es su primer trabajo conjunto, que se inaugura en noviembre de 1979 y provoca conmoción en Madrid. Por estas fechas realizan la portada del primer disco de Alaska Horror en el hipermercado.

Formar pareja artística requiere no sólo una maduración conjunta sino maduraciones individuales. Juan abandona el naif e inicia una etapa que llama mambo, y Enrique se mueve en la exacerbación del hiperrealismo (Grace Kelly, El Sha y Fara Diba, Carmen Polo). Es ahora cuando crean las obras que se agruparán bajo el nombre de El chochonismo ilustrado. En mayo de 1980 inician la serie La marina te llama, homenaje a las muñecas vestidas de gitana de la marca Marín: Enrique pinta las figuras y algunos fondos y Juan se encarga de los trajes y de otros fondos más expresionistas. Dos meses después Almodóvar rueda en su casa Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón, participando en algunas escenas.

Noviembre del 80 es crucial para Costus: idean dedicar una serie de pinturas al Valle de los Caídos. No es hasta 1981 cuando comienzan a pintarlas, la primera de ellas San Juan Evangelista, luego La piedad para la que posan Alaska -Virgen María- y Miguel Ordóñez -Cristo muerto-. Este último cuadro se integra en la muestra colectiva ANDANA: Pintores andaluces que viven fuera de Andalucía, en la que también hay obras de Pérez Villalta, Luis Gordillo y Chema Cobo, entre otros. Firman con Fernando Vijande, quien les propone inaugurar su nueva galería con la exposición El chochonismo ilustrado; a partir de ese momento firman todas sus creaciones como Costus, nombre con el que homenajean a las costureras.

A comienzos de 1982 se mudan a casa del fotógrafo Pablo Pérez-Mínguez, que colabora con Costus en la preparación del resto de obras de El Valle de los Caídos. Durante esa Semana Santa, en El Puerto de Santa María, muere su perra Lara, acontecimiento que precipita su decisión de emigrar a México. Son incluidos en la New spanish figuration, exposición colectiva e itinerante -Londres, Oxford, Cambridge y Glasgow-, junto a Gordillo, Cobo y Pérez Villalta.

Nuevo traslado, a Madrid, a casa de Tino Casal. En la capital conocen a Eugenia Niño, directora de la galería Sen (allí muestran Pinturas mexicanas), y exponen junto a Txomin Salazar, Pérez Villalta, Ouka Lele, Mariscal, Pérez-Mínguez, Carlos Berlanga y otros en la colectiva La luna.

Ambos siguen dedicando gran parte de su actividad a El Valle de los Caídos, si bien no abandonan sus inquietudes individuales. Juan experimenta con la escultura en papel maché y Enrique ilustra el libro de Pérez-Mínguez Al Sur de los Gaitanes, que nunca llegó a editarse. A finales de 1984 inauguran BICHOS en la Sen, donde exponen sus pinturas, dibujos y esculturas, y en febrero del 85 uno de sus cuadros aparece en la feria ARCO. Comienzan la serie La Andalucía de Séneca y en verano se marchan a la Huerta de San José, a las afueras de El Puerto. Ese mismo año el Chase Manhattan Bank organiza una exposición en el MOMA neoyorquino con pintores españoles, entre ellos Costus.

Su impulso creativo es efervescente. Enrique escribe el guión cinematográfico La leyenda del duende, Juan trabaja los tapices y la cerámica, y siguen pintando conjuntamente La Andalucía de Séneca y aceptan encargos como el cartel de la Muestra de Arte de Vanguardia de la Diputación de Cádiz.

El 3 de junio de 1987 cierran un ciclo de siete años: inauguran en la Casa de Vacas del Retiro la exposición El Valle de los Caídos. Es, sin duda, su obra cumbre, la que mejor expresa su particular estética y lleva al extremo su propuesta artística -tan potente que influirá en otros creadores-, erigiéndose de manera natural en el icono de la llamada Movida madrileña. Esta serie se concibe como traslación a la pintura de las esculturas de El Valle de los Caídos -Luis Sanguino, tío de Juan, trabajó como escultor en ese conjunto monumental- siguiendo la tradición pictórica del Barroco: eligen como modelos a personajes coetáneos -tal y como hizo por ejemplo Murillo con su hija para una de sus Inmaculadas- y representan a las figuras con la indumentaria actual como los artistas que vestían a sus vírgenes y santos con la moda de su época. Enrique pinta las figuras y Juan se encarga de los fondos a modo de rompimientos de gloria barrocos. Incluso introducen pinturas fluorescentes que, con la luz adecuada, construyen atmósferas de psicodelia mística.

No se detienen. Juan diseña un anagrama para Antonio Alvarado y un traje de novia por encargo de Manuel Piña; Enrique pinta el Almanaque Mariano, encargado por el Ayuntamiento de Cádiz, y el cartel de la II Muestra de Arte Andaluz de Vanguardia. Viajan a Egipto y, de regreso, introducen paisajes egipcios en la serie La Andalucía de Séneca. Colaboran en el libro El kitsch español y publican uno propio, Enciclopedia universal de la María.

La pareja artística funciona, la sentimental no. A primeros de 1988 se plantean separarse: Juan pasa una temporada con Tino Casal y se muda a Sitges mientras que Enrique sufre una mala racha de salud aunque sigue pintando. Juan regresa en mayo y anima a Enrique a someterse a varias pruebas médicas, que determinan que padece sida.

Se instalan juntos en Sitges. Allí se dan de bruces con una cruel realidad: el propietario ha cambiado la cerradura al conocer la enfermedad de Enrique. Interponen una demanda -la primera en España por discriminación a causa del sida- y la justicia les da la razón. Ya en su casa de Sitges, son visitados por amigos y familiares que les animan a seguir con su actividad creativa. Juan se afana en sus bodegones y paisajes y Enrique pinta varios cuadros de máscaras con influencia picassiana.

Durante 1989 continúan con la serie La Andalucía de Séneca, pero Enrique comienza a empeorar hasta que fallece el 3 de mayo en el hospital de Badalona. Un mes después, la noche del 3 de junio, Juan se suicida. Tras catorce años juntos, Costus desaparece.

Juan y Enrique eligieron Costus porque se sentían como costureras pegadas a sus máquinas de coser. Su genialidad cosió las piezas de ese esperanzador traje contracultural que el país estrenó tras la dictadura para lucirse sin complejos ni censuras. La Movida se gestó en Casa Costus, es cierto, pero reducirlos a precursores de la Movida es injusto; ocupan un lugar destacado en la vanguardia artística española.

Costus fue el brasero sureño que calentó los pies de España para que, de una vez, pensara bien en un futuro de libertad.

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