Comienza siempre por el final

Voy a hablarte a ti directamente, paciente lector, que pones tus ojos en estas líneas para ver qué puedes descubrir de nuevo sobre algo tan evanescente y estereotipado como el coaching ejecutivo y las habilidades directivas. Y todo a través de la práctica deportiva y su aplicación psicológica: misma misión, misma visión y… ¿mismos valores? Se trata, cómo no, de la dificultad de transmitir verdades objetivas. Pero no se puede empezar por lo más difícil, aunque sí por el final. 

Mi mujer sabe de mis aventuras montañeras. Ella acompaña lo suficiente aunque se siente más cómoda a nivel del mar, sobre la arena. Las pasadas Navidades decidimos pasarlas en la montaña con nuestras dos pequeñas promesas, y en la primera ruta sencilla, justo detrás del albergue desde donde se divisa el valle a 2.500 metros de altitud, renegó del camino tan pronto pisó nieve y empinaba la cuesta, y sin mediar palabra desandó el trecho, convencida de que estaba yendo muy lejos en la aventura tras mis pasos.

Al día siguiente nos visitó su familia y el ánimo al medio día era tan bueno como inmejorable el tiempo que hacía, de manera que invitaba “al paseo” y subir alguna peña. Propuse la misma ruta que intentamos el día anterior, y la iniciativa fue apoyada con naturalidad por todos, con mi suegra a la cabeza. Llegados al punto mismo donde se pisa nieve y la cuesta empina, y arropada por el paso firme de su madre, mi mujer continuó sin titubear, decidida y campante. Ante mi sorpresa, le pregunté “¿Cómo que hoy sí y ayer no?”. “Porque en mi madre confío”, me respondió.

He crecido en la montaña. Me he curtido en sus rigores. He sufrido sus inclemencias. He entrenado duro en ella y he guiado grupos por sus cumbres. He aprendido y he enseñado a interpretar la alta montaña. Digamos que me muevo cómodo en las alturas. Pero transmitir confianza con la misma innata naturalidad que ofrece el instinto materno a su hija, no es comparable. “Da más fuerza sentirse amado que sentirse fuerte”, me consolé pensando en la cita de Goethe.

Liderar un grupo de personas es conducirlos hacia su propia grandeza. Así me gusta entenderlo. Algo similar a reconocerse en un objetivo común, dejándose guiar conscientes del lugar que ocupa cada uno y las responsabilidades que acarrean dentro del grupo. “Es una cuestión de confianza en definitiva”, aseveran muchos. ¿Pero qué hace a la confianza ser tan cotizada? ¿Cuáles son los factores psicológicos que la desencadenan? Diría que es la liberación de ciertas emociones para un mejor control mental. Pero el hombre es algo más que psique. ¡Y qué mejor disciplina que la actividad física para promover esas habilidades tan codiciadas en el mundo de la empresa!

Necesitamos ejemplos e historias de superación personal, historias capaces de inspirar y generar esperanzas. Y el deporte tiene buenos referentes. Y como todo, sus modas, así que desde hace no mucho, gran parte de preparadores de este mundo trabajan ahora asesorando a los puestos más decisivos de las grandes empresas. El caso de Pepu Hernández, antiguo entrenador de la selección española de baloncesto, coronada Campeona del Mundo para alegría de muchos de nosotros, es un ejemplo conocido.

¿Qué valores transmiten? ¿Qué experiencia son capaces de inculcar? ¿Cuáles son los conceptos claves? ¿Cómo se puede emocionar a través de la palabra hasta conducir a un éxito? Y sobre todo, ¿qué es el éxito?

Requiere de algo más que motivación y de diferentes clases de influencias: una serie de esfuerzos bien encaminados que liberen tu talento y lo potencien, maximizando la efectividad de las actividades. En definitiva, resultados prácticos sobre el trabajo de nosotros mismos, en nuestro ser más íntimo, en ese “fondo insobornable” de cada uno. Así que comienza siempre por el final, piensa en el resultado que deseas, y estarás invirtiendo en ti mismo. Ésta podría ser, al menos, una clave del éxito.

Al contrario de la corriente dominante, en la que la apuesta decidida por una serie de lemas y comodines de todo género para iniciados (si son en inglés mejor: Discover your superhuman side, por ejemplo) y que no suele producir un rendimiento a medio plazo, no creo que sea exclusivamente una cuestión de confianza llevar a buen puerto un proceso de ayuda tanto individualizada como profesional, así como para un equipo de trabajo e incluso para la propia organización que diriges o de la que formas parte.

Hoy en día la psicología deportiva se ha deslizado en el entorno empresarial con toda clase de actividades y técnicas, donde se busca formar equipos de alto desempeño a través del llamado Team Building (construcción de equipos) y mejorar las relaciones interpersonales dentro de un grupo. Actualmente es una de las herramientas clave en el desarrollo organizacional con sus fases de desarrollo de toma de conciencia (visualizar metas con las técnicas del Porqué, el Cómo y el Para qué), querer actuar (fortalecer la voluntad y el deseo con la técnica de Las Creencias), saber hacerlo (formarse) y ¡actuar! Este es el punto definitivo y, por supuesto, el más importante. Si no se culmina el proceso con un buen desarrollo a la hora del desempeño de las tareas, de nada habrá servido todo el trabajo previo. Hay que saber continuar con el objetivo en mente y perseverar por el deseo que mueve al deportista/trabajador.

De ahí que estén siendo los entrenadores deportivos con experiencias en equipos los que mejor consideración tienen dentro del ámbito empresarial para conseguir la cohesión de grupos de personas a través de la práctica de valores comunes reflejados en el deporte como máxima expresión del trabajo de grupos, incidiendo en conceptos referidos al compromiso, a la motivación, la autovaloración, la comunicación, los roles, el feedback, etc.

Suponen una experiencia en la que el equipo sale de su ambiente habitual y se enfrenta a retos, situaciones y habilidades desconocidas que aumentan tanto el autoconocimiento como el conocimiento mutuo, la consecución eficaz de objetivos y el sentido de pertenencia al grupo. Así que las mañanas eternas que se dedican a reuniones de autosatisfacción en las que el balance de la empresa es elevado a los altares y en las que la organización muestra querer sólo a aquellos individuos a los que necesita, está obsoletas y abocadas a empequeñecer. De ahí el deporte aplicado a unas necesidades concretas, principalmente recalcaría las de cohesión y pertenencia al grupo de trabajo, con objetivos medibles y realizables.

Las empresas actuales, en última instancia, se determinan a sí mismas por medio de sus miembros dotándose de un carácter de exigencia y desafío propio en el desempeño de sus funciones. Es una realidad que da sentido a la necesidad de aplicar prácticas deportivas con técnicas adecuadas, buscando la excelencia y el equilibrio en el rendimiento, que son los que nos mantienen en permanente alerta de aprendizaje. Esta es la verdadera misión de la psicología del deporte aplicada a la empresa y en común con ella.

 

TEXTO: MARCOS SILVA. 

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