Coches para siempre

Dudo que cosas tan comunes como tener un coche en propiedad o tener licencia de conducir sean habituales dentro de un futuro no muy lejano. ¿Que por qué? Porque la industria automotriz está cambiando de forma radical y se dirige a pasos agigantados hacia tres tendencias: la conducción automática, la conectividad y el almacenamiento de energía eléctrica. Estas tres tendencias cambiarán para siempre nuestro concepto sobre movilidad.

La conducción automática es la nueva moda. Hemos visto los prototipos de Google y las pruebas de Tesla, cuyos vídeos nos dejan con la boca abierta. Pensar que los coches se conducirán solos no es soñar. Es ver la realidad y ponerse a especular si serán hegemónicos o solo omnipresentes. Porque no serán anecdóticos. Si un servicio se puede realizar de manera más económica y con una calidad aceptable por una máquina en lugar de por una persona, la experiencia nos dice que esa profesión se extinguirá o se hará excepcional. ¿Pasará lo mismo con los conductores de taxis?

Un coche conectado no es un coche en el que se pueden ver películas en streaming o hablar por videoconferencia con tu madre mientras estás en un atasco. Un coche conectado es un vehículo que forma parte de un sistema, de un conjunto. No está aislado, es parte de un flota que le dice cómo llegar de manera más eficiente a su destino según las condiciones del tráfico. O dónde debe repostar para que sea más barato. O dónde recoger a un pasajero que haga más eficiente o económico el trayecto. O incluso qué componente va a fallar en los próximos 200 kilómetros, ya que los datos que genera son analizados y comparados dando predicciones muy fiables sobre qué sistema del vehículo necesitará mantenimiento o una reparación.

El tercer gran cambio tiene que ver con la energía. Los avances en el almacenamiento de electricidad han hecho posible lo que antes sólo eran prototipos. Hasta ahora había obstáculos insalvables: las baterías eran caras, o cargaban muy lentamente, o la autonomía no era suficiente, o la infraestructura para cargarlas no estaba disponible, etc. A medida que cada uno de esos problemas se van resolviendo, se ve más claro que la alternativa eléctrica es más que un sueño extravagante.

A la gran revolución en los coches se ha unido la fiebre de Silicon Valley, con su arrogancia y omnipotencia, con la convicción de que todo puede ser resuelto con equipos dedicados y enfoques radicalmente nuevos y mucho, mucho software. ¿Serán Apple, Google y Microsoft suministradores de tecnología para ellos? ¿O será el modelo de Tesla -yo me lo guiso, yo me lo como- el que se impondrá ignorando a las grandes empresas de siempre?

La construcción en serie de coches es una tarea muy complicada. Requiere de mucha experiencia, de procesos y ajustes muy complicados. No basta con poner robots en una fábrica. La complejidad de proveedores, fiabilidad, comercialización, posventa, etc… es aún más difícil que diseñar y ensamblar un buen vehículo. Por muy bien que lo esté haciendo Tesla, crecer hasta vender en grandes cantidades no es algo trivial. Lo analógico no escala, como es evidente, tan bien como lo digital. Algunos de los analistas más experimentados del sector señalan que lo más complicado está por llegar y que Tesla tiene que demostrar que es capaz de fabricar muchos miles de coches de forma continuada y fiable para cubrir demandas a gran escala. Lo que consiguió Elon Musk con los pagos en PayPal, es posible que sea algo más complicado con los coches en Tesla.

Todo esto crea una tormenta perfecta para que nuestra concepción del coche cambie. ¿Por qué tener un coche aparcado más del 80% del tiempo?¿Por qué mantener en propiedad algo que se deprecia tan rápidamente como un coche? ¿Cómo podemos encontrar espacio para uno o dos coches por familia en ciudades con densidades de población en crecimiento? La respuesta hasta ahora era: ¡Tú puedes permitirte un coche en propiedad! Sólo así puedes tener libertad para usarlo cuando lo necesites a un coste razonable de manera cómoda. Hasta ahora, las alternativas (taxis, coches de alquiler…) eran más caras o más engorrosas. Pero, ¿qué pasaría si pudieras disponer fácilmente de un coche que te llevara de aquí a allí cuando quisieras y sin tener que financiarlo, sin costes de mantenimiento, de manera que pagaras lo que consumieras y con un costo muchísimo más económico?

Ya hay mucha gente sin coche en propiedad. Haciendo cuentas, para muchos es más barato alquilar coches o coger taxis. Imaginemos que la escala de las empresas de compartir coche o de coches con conductor sea lo suficientemente buena para dar un servicio con gran disponibilidad pero sin los costes de los taxis, bien porque sean máquinas las que conduzcan o porque uno de los clientes es también el conductor.

Hay muchos interrogantes por responder, pero lo que está claro es que la rígida división entre transporte público y privado va a enriquecerse con muchas variantes nuevas. ¿Pagaremos por un vehículo permanente en exclusiva, o por el derecho a tener un coche disponible cuando lo necesitemos? Parece razonable pensar que se podrá economizar mucho si rompemos la barrera del transporte privado/público.

¿Qué es, si no, BlaBlaCar? ¿Y Cabify? No son autobuses públicos ni taxis. Pero se parecen más a esos modelos que un coche privado tradicional. Las viejas líneas definidas se difuminan porque las categorías dejan de ser aplicables. Dudo que mis hijos acaben teniendo coche en propiedad o carnet de conducir.

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