Carta desde Tallin

Querida Sevilla, ¿cómo te va?

Te escribo desde Tallin un día cualquiera de diciembre cuando el sol se pone a las 4 de la tarde y te regala atardeceres rosas y violetas. Que ¿qué se me ha perdido ahí? Entre otras cosas, he encontrado un cuento de hadas viviente con la magia báltica que te traslada a un escenario donde sus aromas, su viento y su luz/no luz son otra historia.

Tallinn es tan dual…Por una parte su casco antiguo ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad (como el tuyo) y a la vez alberga el “Silicon Valley europeo”, donde todo emprendedor con un sueño no tiene excusa ya que aquí puedes abrir tu empresa en 20 minutos sin exagerar.

Sevilla, siempre han dicho de ti que eres un pueblo grande, sin embargo, los edificios de la zona financiera de Tallinn no la eximen de esa etiqueta ya que es más pequeña que tú. Siempre fuiste tan intensa con tu pantonera pasando de albero a granate y aquí todo pastel, sus puertas, sus ventanas, sus fachadas…Como te iba contando, esto es precioso y aunque han abrazado la innovación que llevan por bandera, su arquitectura contemporánea me recuerda que estoy en un país en crecimiento con tanto centro comercial en construcción que a veces me recuerda a la España precrisis de la burbuja inmobiliaria. Atrás quedarán los barrios soviéticos como testigo de una época que a los estonios no les apetece recordar, ni esa ni ninguna conquista anterior. Llevan tantas invasiones a sus espaldas de suecos, rusos, alemanes y daneses que, honestamente, puedo comprender su timidez tintada de desconfianza.

No te preocupes por si no como cazón en adobo, lo he sustituido por el salmón, por sopas de arce con patatas, por el pan negro y por platos policromáticos muy Instagram. Se nota que sus restaurantes y cafeterías están pensados para que pases largas horas charlando, trabajando o incluso, estudiando. Sigo adaptándome a esta cultura, como en su día hice contigo, pero lo que no me ha costado ningún trabajo es adaptarme a su silencio; El autobús parece una biblioteca y sí, a los españoles nos ven como pasionales y ruidosos, pero eso ya lo sabíamos.

He visto que han abierto unos cuantos bares en los que beber vino y tapear, que Carmen la Hierbabuena sigue siendo la diva de la ciudad y que la Plaza del Salvador continúa como centro de toda celebración y encuentro. No te imaginas las ganas que tengo de estar contigo para pasear por San Lorenzo y acabar en La Alameda.

Nos vemos en enero amiga.

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