Carne trémula

Haciendo referencia a un tema de actualidad, he de decir que me ha dejado conmocionado  por su emotividad y densidad, tanto en la forma como en el fondo, el magnífico discurso de Madonna en los Billboard´s Women in Music 2016, en el que hace un análisis desde su experiencia personal de la misoginia y el machismo en la sociedad actual y un llamamiento a la dignidad, instando a las mujeres a ser fuertes y a quererse a sí mismas. El discurso es, si cabe, más emotivo viniendo de quien viene, pues es difícil imaginar que una mujer tan famosa, con tanto poder social y que transmite una imagen de fortaleza y dureza haya podido ser víctima de una manera tan directa de las consecuencias del machismo. Y es que el machismo sigue siendo una realidad en nuestras vidas, a veces asumido de tal forma que sus proyecciones nos parecen invisibles.

Durante algún tiempo llevo pensando escribir algo sobre la banalización del cuerpo masculino como un fenómeno que ha ido apareciendo y creciendo en nuestra sociedad, y que parece haber llegado para no irse. Pienso en ello porque me parece extraño que la larga lucha contra la cosificación de las féminas, que tiene su origen en la dieciochesca Ilustración y que es muy activa desde la proliferación de movimientos feministas durante todo el siglo XX, y sobre todo a partir de los años 70, no sólo no haya acabado con esta costumbre flagrante de tratar a las mujeres como objeto, sino que no haya creado la suficiente conciencia como para que aparezcan nuevas formas de cosificación, en este caso, la del cuerpo masculino. 

Me parece maquiavélico que la equiparación entre sexos surja reduciendo la belleza formal del cuerpo masculino a un objeto sexual y no elevando la dignidad de la mujer a un papel en el que el físico no sea su cualidad principal. El problema no está en la exhibición personal de los encantos propios como dueños de su propia sexualidad, sino en la presentación de los mismos como una cosa desposeída de humanidad.

Precisamente, una de las ideas que me ha parecido clave en el discurso de Madonna es cuando dice: “Se te permite ser escrutada por los hombres y vestirte como una puta, pero no que seas dueña de tu propia putez ”.

Y el caso es que cuanto más observo ejemplos de cosificación masculina en el lenguaje publicitario, en las redes sociales y en otros medios gráficos, más claro veo que en los ejemplos viriles existe un claro mensaje  de voluntad exhibicionista que no siempre existe en el caso de las mujeres. Esta voluntad es la que separa la cosificación del cuerpo del simple exhibicionismo físico, y encierra la clave de todo: tener la libertad de hacerlo.

Esa ola de destape equipara por el lado más básico a ambos géneros, es la que hace que hoy en día en las redes sociales gran número de personas, y sobre todo jóvenes, muestre orgulloso sus encantos por doquier, como primera hoja de presentación, sin reparar en el trasfondo de hacerlo.

Ahora que ya no estamos sumidos en un mundo de mojigatería y pudor, al menos en gran parte de Occidente, tenemos no solo la libertad, sino también el derecho y el deber, de darle a la desnudez la dignidad que se merece. No os contentéis con presentaros a vosotros mismos como cosas de bella carne trémula.

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