Caballo de la sabana

En mi afán por seguir contando historias que nos dejen un poco en fuera de juego, he decidido narrar una totalmente opuesta a la que escribí en la anterior La Muy. Y es que en esta ocasión la suerte fue más buena que nunca. ¿Os imagináis a un keniata esquiando? En las películas tal vez… El 12 de diciembre de 1971 nació el Caballo de la Sabana, así lo he apodado yo. Un corredor de media distancia en su Kenia natal, un país africano que, si por algo se caracteriza, es por la ausencia de nieve.

Philip, como otros muchos jóvenes keniatas, practicaba el atletismo con el fin de alcanzar algún día una clasificación olímpica, motivado también por los logros de su tío Mike Boit, que alcanzó una meritoria medalla de bronce en los 800 metros en los Juego Olímpicos de Munich 72. Un día la suerte de Philip dio un giro inesperado y se cruzó en su camino la famosa marca deportiva Nike, que, motivada por una estrategia más bien de marketing que deportiva, decidió llevar a unos Juegos Olímpicos de invierno a un africano. La marca de ropa y el comité olímpico keniata decidieron crear un equipo olímpico de esquí, que estaba formado por Philip Boit y Henry Bitok.

La idea era encontrar dos corredores medios que pudieran participar en la prueba de esquí de fondo representando por primera vez a un país africano en una Olimpiada de invierno. La marca financió la estancia de ambos corredores en Finlandia, donde se estuvieron preparando para la cita. Ambos keniatas no habían tenido nunca contacto con la nieve y para ellos era totalmente una odisea poder competir en aquella disciplina. Pero el empeño de la marca, el comité y la perseverancia de aquellos jóvenes tuvo sus frutos. Únicamente Philip logró clasificarse para asistir a la cita olímpica que se celebraría en Japón en el año 1998, concretamente en las instalaciones de Nagano. Comenzaba así una leyenda, estamos ante el primer africano que compitió en dicha modalidad.

Era la primera vez que Boit competía en la nieve, todo resultaba nuevo para él. En su país había estado entrenando con la ayuda de unos esquís con ruedas y unos palos, pero nada sería lo mismo. Así sucedió todo:

“Buenas y frías noches desde Nagano, soy Flancisco Blida de Ladio Nacional de Japón. Estamos en directo con Philip Boit, un chico que viene del mismo África para competir por primera vez en unos Juegos Olímpicos. ¿Cómo te sientes Philip?

-Hombre estoy asustao, aquí es verdad que no hay guepardos sueltos, pero yo en verdad no he visto la nieve en mi vida, salvo cuando mi madre descongelaba el frigo porque hacía escarcha. Imagínese usted cómo vengo.

-Bueno, ¿y expectativas para mañana? ¿En qué puesto le gustaría acabar?

-A mí lo que me gustaría es acabar, porque me caigo más que un castillo de cartas. Así que veremos a ver”.

Y al día siguiente…

“Llegó el gran día, y la modalidad de esquí de fondo tiene hoy una de sus finales. Si no quiere perderse nada de lo que ocurra, sintonice ya nuestro dial. El jaleo que hay es importante, los esquiadores charlan con sus entrenadores, que dan sus últimas indicaciones. Y aquí llega Philip tiritando pero sonriente, sabe que va a hacer historia haga lo que haga. Comienza la carrera, bonita salida la protagonizada por los participantes. ¿Y el keniata? Ojo, Boit se pone en última posición, esquía todo lo rápido que puede, pero definitivamente está lejos de alcanzar a sus rivales”.

Pasaban ya 20 minutos desde que el campeón noruego Bjorn Daehlie terminó la carrera. Comenzaba la ceremonia de entrega de metales, cuando se escuchó una voz entre el gentío que decía “¡Mi primo, mi primo!”. Philip seguía esquiando, fue entonces cuando en un gesto de deportividad, o quizás de urgencia por terminar, el noruego se calzó los esquís y fue en busca del keniata. Abrazo fuerte entre ambos deportistas, imagínense la escena, tan emotivo fue aquello que se escuchó de la boca de Boit: “Como yo tenga un niño, por mis castas que le pongo Daehlie como tú. Eres pa comerte, noruego”.

Aquella ceremonia se paró porque Philip aún no había llegado. Puede ser que algunas cosas no fueran tal y como las he contado, pero que el niño de Boit se llama Daehlie es tan cierto como que Kenia ha participado en unos Juegos Olímpicos de invierno.

Después de aquellas Olimpiadas invernales, Boit ha participado en otras dos citas, mejorando en algo su clasificación en Nagano, pero sin alejarse de los últimos puestos. La marca de ropa, tras financiar algunos años más los entrenamientos de Boit en Finlandia, dejó de lado al keniata y éste autofinanció su preparación durante algún tiempo. Quiso retirarse en los Juegos Olímpicos de Vancouver, pero unas fiebres altas provocadas por los cambios de temperatura se lo impidieron; quien sabe, si su madre hubiera estado allí, se habría puesto la pelliza para salir a la calle. Aguantó un año más y en Oslo no logró colarse en la final masculina de 15 kilómetros de esquí de fondo.

Estaremos de acuerdo en que Philip Boit tendría más futuro en los maratones, pero hay que reconocer el esfuerzo y la constancia del chaval. Cuentan que Boit tiene en mente abrir una empresa de cubitos de hielo, eso es de arte.

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