Benny Galant

Benny Galant era un luchador europeo que sorprendió a todos cuando venció a Mil Máscaras, la estrella de la lucha libre mejicana de los 60. De hecho, fue el único capaz de hacerlo en un combate uno contra uno.

El Temible Oxigenado, como era conocido por su pelo rubio, había llegado unos años antes a México a luchar en los rings de la época y había causado sensación. Las webs especializadas mejicanas hablan todavía de él como “un personaje que conectaba con el público a pesar de su condición de “villano” y que presumía de su atractivo físico y capacidad técnica. A menudo, contra rivales menores, fingía que ninguno de los golpes que recibía le hacían daño y, cuando su oponente estaba en el suelo, iniciaba un “baile” un tanto ridículo, levantando el pie izquierdo y dando saltos con los brazos extendidos”. Esa descripción de baile a mí me suena a una variación de las sevillanas, y puede que así fuera porque el temible y villano Benny Galant se llamaba en realidad Benito Galán, y es sevillano.

La lucha libre en Sevilla durante los 50 y 60 me obsesiona desde hace tiempo, y la historia de Benito en concreto es maravillosa. Salió de los rings que se instalaban en los cines de verano de la ciudad. El franquismo miraba aquello con recelo, y no sabía muy bien si esas peleas con ambigú de tomate aliñao y pescado frito eran a favor de obra o una crítica velada que volvía a escurrírsele.

Pensar en lucha libre en Sevilla es precioso, detrás de los nombres de la época, Tagua, Gran Maña, Lolo Mano Dura, Pepe el Masa o Gallardo, había costaleros, capataces de Los Gitanos, estibadores del puerto, porteros de la discoteca Holiday o currantes generosos de Construcciones Aeronáuticas.

Benito saltó de estos rings y se fue a Barcelona, y de allí saltó a México, creyéndose lo que hacía. Benito Galán se cambió el nombre a Benny Galant y allí comenzó a apostarse la melena con todo aquel que quisiera. El procedimiento era claro, “si me ganas, me cortas el pelo, si te gano, te lo corto yo a ti”. Nuestro sevillano se llevó en su carrera pelo suficiente para poner una tienda de almohadones, hasta que se encontró con El Santo, el 26 de abril del 63, y este vengó a todos los mejicanos en un combate que las webs de lucha de allí siguen calificando 50 años después como “uno de los mejores combates de la lucha mejicana”.

Quizá ahí, quizá antes, quizá después, nació una relación con El Santo y empezó a actuar en películas. Si miras su ficha en IMDb, la base de datos más completa que existe en Internet sobre cine, Beny Galán aparece en ocho películas de títulos apasionantes que a partir de ahora buscaré con ahínco en los puestos de El Jueves: Juan Polainas, Santo, el enmascarado de plata vs los villanos del ring, Santo vs. La invasión de los marcianos, El barón Brakola, La mano que aprieta, Los endemoniados del ring, Santo vs. El estrangulador, Santo en el museo de cera. En IMDb no pone que antes también fue especialista y actor secundario en otras dos películas de Hollywood que se grabaron en España, El Cid en 1961, protagonizada por Charlton Heston y Sofía Loren, y La caída del imperio romano, donde parece que hizo de gladiador y volvió a coincidir con Sofía Loren.

Benito Galán colgó el traje de Benny Galant y volvió a su Sevilla, donde sigue. Quién sabe si aquel que rapó a los mejores luchadores de Méjico, ese del que vendían caretas con su pelo rubio para los aficionados, ese que grabó películas con Sofía Loren o El Santo, no es ese hombre mayor que espera tranquilamente el Tussam contigo. Si subís los dos y solo queda un sitio libre en el autobús, cédeselo, por educación y porque igual acaba cortándote la cabellera. En Sevilla nunca se sabe qué maravillosa vida arrastra el que tienes al lado.

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