Beltrán Calvo

Nada más sentarnos percibimos que es una persona resolutiva y directa, poco interesada en el pasado y mucho en solucionar los problemas del presente para emprender con garantías de éxito el camino hacia el futuro. Este ingeniero industrial, fundador de Isotrol, es presidente del Círculo de Empresarios de Cartuja (CEC), una asociación de empresas que desarrollan su actividad en el Parque Científico y Tecnológico de la Isla de la Cartuja. Su objetivo al frente del Círculo es mejorar la competitividad empresarial y contribuir al desarrollo económico y social de Andalucía. De emprendimiento empresarial y entornos competitivos hablamos con Beltrán Calvo.  

¿Qué es el CEC?

Es una asociación de empresas, ubicadas en la Isla de la Cartuja y dentro del Parque Científico y Tecnológico, que surge en 2001 con tres objetivos básicos: potenciar el conocimiento y la colaboración entre todas las empresas, entidades y centros radicados en la isla; servir de interlocutor con las administraciones públicas, fundamentalmente con el ayuntamiento, la Junta y el Ministerio; y actuar de portavoz y altavoz hacia el exterior para que se conozca la realidad de este entorno único.

¿Cuál es la tipología de las empresas asociadas?

El Círculo es bastante representativo de la realidad del entorno de la isla: desde pequeñas empresas de reciente creación, pymes andaluzas con una larga trayectoria, hasta un número elevado de multinacionales. Y eso es lo bueno de La Cartuja, que es un entorno colaborativo, donde hay diferentes tipos de entidades que se benefician de las sinergias.

¿Cuáles son los principales problemas actuales para las empresas de La Cartuja?

Aún tenemos que recorrer un camino en el conocimiento y la colaboración entre todas las empresas que trabajamos en la isla. También nos preocupa que este recinto, que tuvo una fuerte inversión pública en los años previos y en la Expo 92, ha tenido desde entonces muy poca inversión en los espacios públicos. Y, por supuesto, nos preocupa que la isla es una gran desconocida dentro y fuera de Sevilla. Se trata de aprovechar las capacidades que tenemos, conseguir que el recinto esté a la altura y que seamos más conocidos. Esos son nuestros retos.

¿Qué aportan las empresas de la isla a Sevilla?

Primero, empleo cualificado. Fundamentalmente son empresas de base tecnológica con un empleo altamente cualificado, con una oferta muy especializada y unos mercados fuertemente internacionalizados. A Sevilla le aporta generación de ese empleo de alta cualificación, que es algo que buscan todas las regiones en la economía del siglo XXI. Además, las empresas del entorno de La Cartuja facturan cerca de 2.000 millones de euros, lo que supone un porcentaje elevado de la riqueza total de la ciudad. Aportamos riqueza a nivel cuantitativo y cualitativo.

¿Y cómo se percibe el tejido empresarial de la ciudad fuera de Sevilla?

Por desgracia, Sevilla y Andalucía no han destacado tradicionalmente por tener un tejido empresarial potente. No obstante, con las nuevas tecnologías y los nuevos modelos de negocio, si tienes talento y buenos centros de formación, puedes ir desarrollando esa nueva economía asociada al talento, las tecnologías de la información, las comunicaciones e internet.

¿Es el modelo que funciona en la isla?

Todo lo anterior permite que aquí vaya surgiendo un germen, donde se unen las spin off, con las pymes andaluzas y las cada vez más numerosas multinacionales que se van instalando en la isla. Así se va generando un entorno colaborativo que propicia ventajas competitivas frente a otros entornos empresariales similares.

¿Ahí radica el valor añadido empresarial de La Cartuja?

La principal ventaja competitiva viene por el entorno. Es un entorno privilegiado, único. Esta isla tuvo un obstáculo histórico: el muro de la calle Torneo, que durante cien años aisló este terreno del desarrollo de la ciudad. Con la Expo 92 se liberó de ese muro y se hizo una inversión enorme en este entorno. En esa época se ideó el Proyecto Cartuja 93, que ya preveía que se construyera un parque científico y tecnológico una vez terminada la muestra universal. Todo eso permitió que al terminar la Expo, aquí hubiera un recinto perfectamente ubicado en el entorno urbano, con una ingente inversión pública y unas infraestructuras muy potentes, que hizo posible que se ubicaran empresas en un entorno privilegiado.

¿Y además del entorno físico?

Hubo otro hecho determinante: la ubicación en estos terrenos de la Escuela de Ingenieros, un centro formativo de primer nivel, además de otros centros tecnológicos públicos punteros. Todo eso configuró un espacio único y atrayente para las pymes andaluzas, las startups y las multinacionales.

¿Existen entornos empresariales similares?

Es el único que es herencia de una exposición universal y que está dentro de un recinto urbano. Desde cualquier empresa de la isla puedes ir andando al ayuntamiento en diez minutos. Es cierto que desde lo público se han potenciado muchos parques tecnológicos, pero este posee unas características únicas en nuestro país y fuera de él, que es difícil que existan en otros entornos.

¿Una especie de Silicon Valley?

Tenemos mucho que envidiar a Silicon Valley. Además de que California es una región que ha recibido lo mejor de muchas culturas y desde la aparición de HP ha sido un entorno propicio a la generación de empresas de base tecnológica, lo fundamental es que tiene el potente mercado americano. Las iniciativas que surgen y triunfan en un entorno tan competitivo, luego ya pueden competir con una capacidad muy ventajosa en cualquier mercado mundial. Compararnos con aquello en entorno, cultura empresarial, mercado y capacidad financiera y de innovación, sería muy pretencioso. Otra cosa es comparar este entorno como parque científico y tecnológico como territorio; el recinto sí puede competir con cualquiera a nivel mundial.

¿Para triunfar empresarialmente hay que irse fuera de Sevilla? 

En cualquier entorno puedes triunfar con una empresa. Los entornos tienen sus características y una empresa que no puede triunfar en uno, a lo mejor en otro sí. Lo que sí es importante es que se den circunstancias como la cultura empresarial, que aquí no ha sido característica, la receptividad a las nuevas iniciativas empresariales y la disponibilidad de los elementos que necesites, que empiezan por la capacitación humana, los mercados de capitales y la capacidad de acceder a mercados donde llevar tus ofertas.

¿Y dónde hay que incidir?

Tenemos nuestras características, con ventajas e inconvenientes, pero no podemos pretender, si no tenemos aquí cultura y experiencia en determinado sector, montar de repente una empresa y competir de manera exitosa con otros territorios que llevan años dedicados a esa actividad. La aeronáutica lleva en Sevilla cien años, ahí sí tenemos una ventaja competitiva, que tenemos que potenciar. Otro sector es el turismo, en el que Andalucía es una potencia a nivel mundial, la pena es que no tengamos cadenas hoteleras andaluzas líderes a nivel mundial.

¿Y el sector tecnológico?

En los últimos treinta años se ha avanzado mucho y ahora empieza a haber empresas en Andalucía y Sevilla que ya tienen una oferta competitiva y ganadora, que podemos ir exportando a mercados internacionales.

¿Cómo está el transporte en la isla?

Aquí hay del orden de 25.000 personas cada día, y cada vez habrá más. Hay ciertos problemas de movilidad y de acceso, de aparcamiento, pero no son tan críticos. Que debería haber más puentes, pues sí; más y mejor transporte público, que debería poder venir en bici o andando, pues sí. Todo eso se va a ir consiguiendo. El alcalde nos ha pedido que hagamos encuestas para diseñar planes de movilidad para la isla. En esa dirección trabajamos: tenemos un entorno privilegiado que cada vez más será un entorno de referencia, de futuro, con menos emisiones contaminantes, transporte colectivo y público… Pero eso no es un grave problema en estos momentos.

¿Cómo participa el CEC en el aniversario de la Expo 92?

El alcalde nos pidió formar parte de la comisión. Le dijimos que sí, pero no para mirar con nostalgia al 92, sino para mirar con ojo crítico la realidad de 2017 y poner en valor lo que es hoy la isla y el Parque Científico y Tecnológico; para dar un mensaje esperanzador de futuro.

¿Y cree que ese mensaje trasciende?

Poco a poco va siendo recibido, entendido y asumido. Me gustaría decir que el alcalde desde el primer día lo ha hecho suyo. Si cualquier ciudad europea tuviera este entorno, con estas posibilidades, seguro que haría un esfuerzo por darlo a conocer y potenciarlo. Muchas veces no nos damos cuenta de lo que tenemos y no lo apoyamos lo suficiente.

¿Y cómo se puede dar a conocer?

Lo venimos haciendo diariamente. Ahora se dan unas circunstancias especiales que debemos aprovechar: con la “excusa” del veinticinco aniversario de la Expo se están volviendo muchos ojos a mirar cuál es la realidad de La Cartuja un cuarto de siglo después.

¿Y qué piensa cuando dicen que la isla está abandonada?

Es muy grande, doscientas y pico de hectáreas. Las parcelas de los antiguos pabellones están muy bien conservadas y explotadas en su día a día. Después hay un entorno público que debe ser mantenido. Esa parte, que no está adecuadamente mantenida, está deteriorada y quien se da una vuelta, como no puede entrar en los edificios, se queda con que el canal tiene jaramagos. Pero es el 1% del espacio. Siempre hemos pedido que esto que pertenece a la ciudad desde junio de 1993 esté mantenido igual que otras zonas de Sevilla.

¿El ciudadano disfruta la isla? 

El Parque está abierto y se puede entrar. Cada vez más se va integrando en la ciudad, ha sido fundamental la Torre Sevilla, el Caixaforum, se acaba de inaugurar el centro de piragüismo, está a punto de inaugurarse el Paseo de Magallanes… Está el Pabellón de la Navegación, el Jardín Americano, el Auditorio, el Pabellón del Futuro, los Jardines del Guadalquivir, el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, el Monasterio de la Cartuja, la Torre Schindler… Poco a poco la ciudadanía va a venir a la isla porque, entre otras cosas, hay una oferta cultural muy potente. Pero necesitamos que esté conservado como espacio público.

¿Qué diría Curro de la actividad empresarial de la isla? 

Se llevaría una alegría. El esfuerzo conjunto ha permitido un nuevo entorno que ha pasado de ser lúdico a productivo, tecnológico, empresarial, formativo y científico; aquel recinto que recibía la visita diaria de 100.000 personas, ahora recibe a 25.000 personas que trabajan aquí. Aquello que fue para seis meses, veinticinco años después no ha parado, va a más y ha generado actividad de alto valor añadido que puede y debe volver a ser referente y centro de atención a nivel mundial.

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