El barbo que vino del Este

Mi nombre es Francisco Javier Brida, quiero recrear en estas líneas una anécdota que viví en primera persona cuando tan solo tenía 19 años. Yo aún era un periquillo que cursaba mis primeros años en la facultad de periodismo, los fines de semana jugaba a la Nintendo en casa de mi vecino y frecuentaba aun poco la noche sevillana.

Todavía me acuerdo de aquella noche de verano del año 1991, mi grupo de clase decidió salir aquel sábado a tomar algo y practicar lo que hoy en día se conoce como “botellona”. Yo me había maqueado, me puse mis branlis de la suerte y salí a la calle en busca de una botellita de VAT 69 para ponernos simpáticos e intentar echar la caña, íbamos dispuestos a conquistar “El Chile”. Y lo que pasó realmente es que aquel día de Julio los que echaron la caña fueron los bomberos para pescar a Dassaev.

Rinat Dassaev, Rafaé para los amigos…

dassaev

Allá por el año 1988 aterriza en Sevilla Dassaev un futbolista ruso que acababa de ser fichado por el Sevilla FC y que llegaba con la vitola de ser unos de los mejores porteros del momento. Esta operación llevada a cabo por el Sevilla se podía considerar como una de las mejores acciones de marketing deportivo de la época que se recuerdan. Dassaev llegó al equipo y sin haber entrenado se le presumía titular indiscutible, miles de aficionados fueron a recibirlo al aeropuerto, fue un desembolso económico grande pero al cual esperaban sacar partido. Apostaron por una de las estrellas del momento.

Por lo visto la operación no fue todo lo bien que se había planificado. Dassaev estaba lejos de ser aquel “Telón de acero”, tal y como le apodaban, e intercalaba actuaciones de mérito con grandes fiascos como aquel mítico gol que encajó ante el Logroñés. Con el paso del tiempo sufrió una lesión de rodilla y pasó a dejar su puesto de extranjero a  Zamorano. Aquello fue un punto de inflexión en su carrera deportiva. Cuentan que era fácil verlo junto a Monchi y a otros jugadores de aquella época en una famosa bodeguita sevillana, por lo visto era un gran amante de los bigotes de Sanlúcar y de la cerveza gélida. Cuando fue apartado del equipo, el club le facilitó casa y coche, un Citroën BX, el cual estrelló alguna que otra vez.

Este Julio se cumplen 25 años desde que Dassaev fuera víctima de uno de las anécdotas más recordadas en la historia del fútbol hispalense. A altas horas de la madrugada, Rinat conducía el coche del club por la calle Palos de la Frontera y fruto de la posible embriaguez que sufría en aquel momento,  hecho que siempre ha negado el propio individuo, pegó un volantazo y estrelló su coche contra la barandilla que protege la acera del foso, lo que provocó que el auto cayera dentro del foso que rodea el rectorado de la universidad hispalense. Las secuelas podrían haber sido mucho peores, ya que la caída fue de 5 metros y a una velocidad considerable, únicamente Dassaev se fracturo los huesos de su mano y se hizo una herida en la cara a la altura del parpado. El meta ruso salió indemne de aquel aparatoso accidente, aunque la lesión en la mano lo aparto definitivamente de la actividad profesional.

Aquel lugar debido a lo aparatoso del porrazo, no tardó en llenarse de curiosos. Acudieron efectivos de la policía local, bomberos, médicos y un sinfín de chavales como yo que estaban en los alrededores. Desde aquel momento aquel eslalon que hace la calle Palos de la Frontera, pasó a llamarse popularmente la “Curva Dassaev”.

Cuentan que  cayó al foso no una sino en dos ocasiones y ambas por las mismas circunstancias, haberse tomado más de un combinado. El propio Rinat lo ha desmentido en varias ocasiones, reconociendo que había sufrido dos accidentes de tráfico durante su etapa en el Sevilla pero que tan solo uno terminó con su coche en el foso.

Tras este desafortunado hecho, Dassaev dejó de jugar al futbol pero siguió viviendo en Sevilla algún tiempo más. Trabajó como preparador de porteros en la entidad de Nervión, montó una tienda de artículos deportivos y finalmente a los pocos años marchó a su país con su actual esposa sevillana. Considera España como su segunda casa.

El accidente de Rafaé, asi es como lo llamaban los futboleros de la época que no sabían pronunciar su nombre ruso, es una más de las anécdotas que nos cogen en fuera de juego y que muchos desconocen de nuestro deporte. Hace 25 años que fue pescado del foso, que aunque sin agua, sigue recibiendo la visita de algún que otro merluzo que se distrae demasiado en las tabernas.

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