ASSEJAZZ. La escena subterránea del jazz en Sevilla

Entre los muchos mitos que circulan alrededor del mundo de la música, uno de los más extendidos tiene que ver con el elitismo del jazz. Es una percepción distorsionada, claro, que está relacionada con la apropiación del género por parte de una élite cultural esnobista, que demostraba así su supremacía respecto a estilos más “populares”, como el rock o el pop. Lejos de estas convenciones, lejos también de subvenciones y amarres institucionales, en Sevilla ha surgido un movimiento de músicos y aficionados que conspiran para devolver esta música a las calles.

“Ahora mismo, Sevilla dispone de una programación estable de jazz mucho más interesante que la que existe en ciudades con grandes festivales y una supuesta tradición al respecto, como San Sebastián o Vitoria-Gasteiz”. El que habla así es Javier Gutiérrez Padilla, director técnico de actividades culturales en el Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla (CICUS), y responsable del Festival de Jazz de la Universidad de Sevilla, que acaba de celebrar su vigésima edición. Gutiérrez, que habla desde el conocimiento que le proporciona su posición como agente cultural, pero también como seguidor del género desde hace más de cuarenta años, explica que esta programación es poliédrica y que funciona a varios niveles diferentes.

En el nivel superior estarían “los conciertos que forman parte de la oferta habitual de algunos teatros, por ejemplo el Lope de Vega o el Teatro Central, o los que otros centros públicos introducen de manera ocasional, como hacemos nosotros en el CICUS”. Por otro lado están los locales especializados, ya sea el Café Jazz Naima en la Alameda de Hércules, que dispone de una programación diaria en la que se mezclan jam sessions y conciertos de autor (y que entiende esto del jazz con una cierta manga ancha), o El Soberao en Dos Hermanas, un club de jazz organizado alrededor de una pequeña asociación local, que acoge actividades de formación, conciertos y jam sessions de manera regular. “Un local muy cómodo y agradable, al que voy menos de lo que me gustaría porque está lejos y hay que coger el coche. Y claro, que menos que tomarte un par de whiskyes si vas a disfrutar de un buen concierto”, confiesa Gutiérrez entre risas. Existe un tercer nivel entre estos extremos, que es el que ocupa Assejazz.

Jazz de base

La Asociación Sevillana de Jazz se fundó a finales del año 2012, “inspirada en la que ya existía en Almería”. Su director, Javier Delgado, descubrió allí que, “mediante un sistema de socios y cuotas, habían conseguido establecer una programación estable de conciertos, y además estaban realizando actividades formativas para los músicos locales”. Decidido a trasladar ese concepto de jazz de base a Sevilla, dio forma a la asociación “con ayuda de los cinco o seis músicos más cercanos, aquellos con los que más estaba trabajando en aquel momento. Luego nos anunciamos, a través del boca a boca y en los tablones de anuncios de los conservatorios, y ya a la primera reunión asistieron cuarenta personas”.

En sus primeros tiempos, la Asociación concentraba sus actividades en La Carpa Espacio Artístico, una asociación cultural que había instalado la carpa de un circo en una parcela baldía del barrio de Miraflores. Allí ya comenzaron a definir los ejes principales de su actividad. “Desde el principio realizábamos conciertos de bandas los viernes y jam sessions los domingos, y a partir del segundo año comenzamos también con el primer taller de big band”. Actividades que sólo se suspendieron cuando el Ayuntamiento canceló la licencia de La Carpa en 2014. La asociación intentó entonces la cesión del Pabellón del Siglo XV para dar acomodo de manera estable a todas las actividades que acogía bajo su techo, “y aunque aquellas negociaciones no llegaron a ningún puerto, a nosotros nos sirvieron para entrar en contacto con el CAAC, que desde entonces nos permite utilizar el espacio situado al lado de la cafetería a modo de escenario”. En ese lugar, Assejazz realiza desde entonces sus populares jam sessions todos los domingos por la mañana, excepto en verano, cuando las trasladan a los martes por la noche. “Las montamos alrededor de varios músicos locales, miembros de la asociación a los que se añaden invitados cuando tenemos la suerte de que alguien interesante pasa por la ciudad”. Y también allí estuvo programando la asociación sus conciertos semanales, hasta que desde el Ayuntamiento le invitaron a utilizar el Espacio Turina.

Pasos de gigante

 A principios de temporada, el Ayuntamiento reunió a los responsables del CICUS, Teatro Central, Teatro Lope de Vega y Assejazz. “La intención era ver cómo se podía potenciar la escena del jazz en la ciudad”, explica Gutiérrez, “y una de las ideas que se puso sobre la mesa consistía en la participación del Lope de Vega y del Central dentro del Festival de Jazz”. Y es que “ahora mismo el Festival tiene un nivel interesante, pero su alcance es limitado. Quiero decir, este año nos hemos traído a gente como el trompetista Dave Douglas o el pianista Steve Kuhn, que tocó en el cuarteto de John Coltrane; músicos muy importantes, pero que interesan sobre todo a los que ya son aficionados al jazz. Para aumentar ese público, para atraer a gente que está fuera de la esfera, es necesario programar a nombres más populares, y para eso hace falta el músculo económico de los teatros”. Por desgracia, no se llegó a un acuerdo; es la eterna historia de esta ciudad: un conjunto de instituciones culturales que funcionan como pequeños reinos de taifas, ajenos por completo al diálogo y la colaboración.

Pero de aquella reunión sí salieron dos acuerdos de colaboración. Por un lado, la propuesta de utilización del Espacio Turina. “Nos ofrecieron realizar conciertos puntuales en la sala grande”, cuenta Delgado, “pero nosotros preferimos quedarnos con la sala pequeña y utilizarla de una manera regular, para poder consolidar al público”. Estos conciertos consisten principalmente “en bandas y artistas que vienen de fuera de la ciudad, y al menos una vez al mes proyectos de Sevilla, para apoyar la escena local”. El otro acuerdo vinculó a la asociación con el CICUS. A medias, han programado una serie de conciertos en su sede de la calle Madre de Dios, bajo el nombre Jazz & Clubs. Y también han colaborado en el diseño del Festival de Jazz, que este año ha crecido para acoger jam sessions, conciertos especiales, un ciclo de películas y distintas actividades de formación.

Estos pasos de gigante han sido posibles gracias al carácter autogestionario de la asociación, que siempre se asegura de que los participantes en sus actividades reciban una compensación económica decente. “En el caso de los conciertos pagamos cien euros por músico, con independencia del tipo de formación que venga, aparte de la cena y alojamiento. En las jam sessions, dado su carácter particular, esta cifra se rebaja a los cincuenta euros por músico. Por supuesto, les damos de alta en todos los casos y nos preocupamos de que estén bien atendidos”. Unos gastos que se financian con las cuotas de los socios (hoy día ya son más de 180), con la entrada que pagan todos los que no pertenecen a la asociación y los beneficios que deja el ambigú que montan y desmontan en la Sala Turina todas las semanas, y con un acuerdo de colaboración que mantienen con la cafetería del CAAC, beneficiaria colateral del éxito que tienen las jam sessions.

Crear escuela

Como advertía Delgado, uno de los objetivos principales de Assejazz consiste en el desarrollo de actividades formativas, que puedan paliar la falta de una oferta educativa reglada. “Hasta ahora, el CICUS era la única institución que se interesaba por esta cuestión, a través de su taller de jazz. No existen escuelas en la ciudad, y en los conservatorios ni siquiera se planteaba la creación de líneas dedicadas al jazz; algo que parece que va a cambiar el año que viene”. Así que ellos decidieron cubrir esa carencia. “Empezamos en La Carpa, con algunas masterclass que impartían los propios socios, o contratando a algunos de los músicos que venían a tocar, y ahora tenemos tres talleres estables: uno para big band, otro dedicado a los cantantes y uno para niños”. Y si no tienen más es sólo por un problema logístico. “Nos limita la falta de espacio, porque un taller debe tener siempre su backline montado para funcionar bien, y nosotros carecemos de locales propios”. Una circunstancia que parece que se arreglará el año que viene. “Hemos llegado a un acuerdo con Radiópolis para que nos cedan la planta alta de la Torre Encendida. Ahora estamos hablando acerca de los horarios, pero parece que podremos ampliar la oferta e incluir talleres de combo y de improvisación a los que ya tenemos”.

Corporativismo en positivo 

Más allá de su creciente labor a nivel local, Assejazz también está contribuyendo a potenciar Andajazz, una Federación de Asociaciones de Jazz que engloba a toda Andalucía: está la de Almería, por supuesto, pero también las de Córdoba, Málaga (AJM), Algeciras (Rizoma), Jaén (Jaén Jazzy), Cádiz (El Musicario) y Granada (Ool-Y-Koo), “y acaba de sumarse la de Huelva, Muzzic. Aparte de la transmisión de ideas y de información, la federación nos permite organizar giras con artistas de fuera de Andalucía. Gente de primer nivel, que no podríamos permitirnos si estuviéramos solos, pero que están dispuestos a viajar para realizar una serie de conciertos por el circuito de asociaciones”. Un circuito al que acuden músicos de todo el mundo, “que de otra manera no podrían venir a España”, y que para los aficionados al jazz supone un regalo del cielo. Y es que, como bien señala Juan Miguel Martín, bajista de Malheur y socio colaborador (“a veces ayudo con el Facebook, me encargo de las taquillas o presto mi equipo”), “no es lo mismo estar siempre rodeado de la misma gente que enfrentarte a músicos de otros países, que tocan de manera diferente y entienden de otro modo sus instrumentos. Eso es una fuente continua de inspiración”. Sobre todo porque es habitual que acudan “músicos conocidos con proyectos más experimentales, o artistas que están a punto de explotar comercialmente”. Un ejemplo de esto último sería el del portugués Salvador Sobral: el reciente ganador de Eurovisión estuvo tocando en el CAAC el verano pasado.

Como Assejazz, todas estas asociaciones utilizan espacios públicos o locales propios cuando es posible, y dedican muchos de sus esfuerzos a la creación de un tejido de músicos y aficionados locales. Un ejemplo modélico de cooperativismo, de corporativismo en positivo, que tal y como dice Martín “sería imposible sin el esfuerzo desinteresado de todos los que participan en las actividades. Si hubiera que poner un sueldo al presidente, al tesorero, a la gente que está en taquilla o ayuda con el equipo, no quedaría dinero para pagar a los músicos”. Por suerte para los aficionados de Sevilla, Delgado no parece mostrar de momento señales de cansancio. “Nos gustaría alcanzar el nivel de la asociación de Almería, que tiene más de trescientos socios y puede permitirse traer a figuras de primer nivel como Brad Mehldau”, explica. Y no acaban ahí sus ambiciones. “El proyecto que más me ilusiona ahora mismo es la creación de una big band con niños”, explica Delgado. Cómo no, también aquí la inspiración llega desde Almería. “Ellos ya tienen varias funcionando por toda la provincia. El próximo curso todavía no nos lo podremos permitir, pero confío en que para el siguiente lo consigamos”.

 

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