Arrogancias verticales

Dibujan en el aire el diagrama de barras de la ambición. Marcan los niveles del ecualizador del poder. El skyline no es más que el electrocardiograma de las ciudades, que indica la sístole de sus sueños de grandeza y la diástole de la caída. Han crecido a lo largo de la historia como signos de exclamación que advierten de que siguen existiendo las diferencias. Cuando los humildes han querido levantarlas como señal de dignidad, se les ha condenado a verticalidades multitudinarias de bloques impersonales en barrios marginales. Y es que el poder ha privatizado las alturas e impuesto el vértigo para los demás, obligándoles a doblar la cerviz en una postura de nueva sumisión, la de mirar hacia arriba desde el suelo. Amenaza o seguridad, capricho o necesidad, belleza o aberración, pasado o futuro, depende de cómo las miremos… y de cómo nos miren ellas. Son las torres de la ciudad, tubos del órgano de la arrogancia humana que escupe notas de vanidad hacia el cielo. 
Comentarios

Dejar un comentario

Tu eMail no será publicado

Debes usar estas HTML etiquetas y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>