Antonio de la Torre

Llega  apresurado  a  su  sanctasanctórum,  una  vieja  tasca  donde  nos  ha  citado.  Saluda  a  los parroquianos y pide un oloroso. Es bajo de estatura. Nos sentamos en un patio trasero con aires de decrépito cine de verano. Despeinado e hiperactivo, gesticula con vigor como si quisiera espantar a todos  los  personajes  que  le  merodean.  Lleva  en  la  mirada  el  azul  plata  del  Mediterráneo  de  su infancia y su pelo, color rubio travesura, está alborotado de tanto soñar con un mundo mejor. Libera su vitalidad rascándose la mano hasta abrirse una pequeña herida. Pasional y reflexivo, conversador efervescente, afirma porque duda constantemente. Cordel tenso entre el idealismo y la vil realidad. Se  hizo  periodista  por El  Butanito  y  actor  para  huir  del  miedo  al  abandono.  Es  la  negación  del glamur,  la  evidencia  de  que  el  tesón  y  la  sobriedad dan  frutos.  Antonio  de  la  Torre,  el  hombre obsesionado en contar historias desde la honestidad consigo mismo.

¿Fue un niño feliz?

Sí. Luego, cuando creces, te das cuenta que había cosas que tus padres no te supieron dar como yo no sabré dárselas a mis hijos. Era el pequeño de tres, mi madre era ama de casa casi analfabeta y mi padre, huérfano de padre, empezó a trabajar con doce años. Nadie les enseñó a ser padres. Mis abuelos vivían con nosotros, éramos la casa de Cuéntame, pero un Cuéntame real: en una VPO de setenta metros en Málaga vivíamos siete personas. Quizá hubo momentos en que el niño Antonio Jesús, como me llamaba mi madre a voces desde la ventana, seguramente se sintió solo. Pero no lo percibía en la infancia, ahora, con más edad y la terapia y analizando mis fragilidades, digo ¡hostia! yo tengo un miedo al abandono que está ahí.

¿Cree en el destino?

No, creo en el trabajo duro. La vida se anda, no es ningún camino que te pongan ahí. Tampoco creo que sea tan fatal que cada tren que pierdes ya nunca más pasa. En mi carrera, me vine a Sevilla de periodista pensando que dejaba la interpretación y si alguien me hubiera dicho que diez años después ganaría un Goya y me llamaría Almodóvar, me hubiera ahorrado una depresión. Pero es verdad que aquello que no hagas nunca más lo vas a hacer.

¿José María García cambió su vida? 

Bueno… (risas). Ese José María García en el fondo simbolizaba las ganas de notoriedad y de contar. Si nos ponemos a hilar fino, ahí había algo. En ese reencuentro que he hecho con mi infancia, fundamentalmente a través de analizarme y de hacer terapia, antes de eso estuve en un grupo de teatro infantil. Había ahí un primer intento fallido de ser actor, pero, con el tiempo, ahora descubro que en ese José María García, en ese viaje a Madrid para estudiar periodismo, se escondía un comunicador, un actor, unas ganas de… no sé.

Los viajes… 

Tengo dos viajes a Madrid. Uno para ser como García. Más tarde, me vengo a Málaga y empiezo a currar como periodista en Canal Sur, y luego a Sevilla. En el 92, Alberto San Juan, que vivía conmigo y al que conocí el primer día en la facultad, me propone irnos a Madrid a la escuela de Cristina Rota y dejo una dinámica a la que estaba enganchado. Ahí fue cuando empecé a profundizar en ser actor y sentí de manera inequívoca que eso era lo que quería hacer.

¿Por qué el periodismo deportivo? 

Me fijé en un periodista radiofónico, García. Hay cosas subjetivas que siendo adolescente no sabía. Había algo por debajo a lo que yo debía darle forma. Con la experiencia y el tiempo te das cuenta que el periodismo es otra cosa, es contar historias. Lo otro tenía algo también de figurar. No era un periodista deportivo, era ser como aquel señor que hablaba en las ondas con máxima audiencia. A mí me fascinaba la posibilidad de contar.

“El franquismo ideológico sigue,

de alguna manera la sociedad española sigue teniendo miedo”

¿Cómo ve el periodismo actual?

La profesión está en crisis. Sí, se hace periodismo, pero entre 7.000 y 11.000 puestos de trabajo de periodista se han ido al traste desde que estalló la crisis en 2007. Hay un desmantelamiento general de los medios de comunicación y una precariedad en el ejercicio del oficio, lo sé por amigos, como los despedidos en El Mundo Andalucía. Por otro lado, internet está democratizando la comunicación y el periodismo, el reto es saber encontrar la información. Han salido un montón de medios digitales que están muy bien. Creo que se cuentan historias, pero de otra manera.

Trabajó en Canal Sur TV, ¿tienen sentido las televisiones públicas? 

Totalmente. Lo que no tiene sentido es este modelo. El modelo que intentó Zapatero, el que hay en Reino Unido con la BBC me parece el modelo: una televisión pública que requiere gran consenso en el parlamento, que no está sometida al poder político de turno, con independencia. Un derecho tan básico, el derecho a la información pública, es imprescindible, como la educación. Una sociedad sin información y sin cultura es una sociedad cautiva.

¿España tiene unas tragaderas infinitas? 

Sí. Hablaba con un amigo sobre esto a raíz del comentario de Trueba. Él se sorprendía de la polémica y, sin embargo, con las cosas que hacen los políticos y la corrupción hay una especie de justificación. Creo que es herencia de una época del miedo, que es un poco la que vivieron mis pobres padres, quizás de ahí esos pequeños déficits conmigo que están más que perdonados. Aún vivimos en una época del miedo. Mi amigo comentaba que la gente que despotricaba en las redes contra Trueba tenían menos de cuarenta años, no han conocido el franquismo y ¡mira cómo piensan! Porque el franquismo ideológico sigue, de alguna manera la sociedad española sigue teniendo miedo. Y el miedo mata la vida.

¿Cree que el cielo se asalta?

La única revolución posible, útil y permanente es la revolución de las ideas, la silenciosa, la del cambio de paradigma, de la manera de pensar. ¿Cómo se consigue? Igual es una mezcla de cosas. Por ejemplo, contra la violencia de género se legisla y eso va cambiando la mentalidad para que se vea como un delito execrable, pero sólo dejará de haber muertes cuando la mayoría de los hombres dejemos de ver a la mujer como algo inferior y, sobre todo, como una posesión.

¿Podemos aún se conjuga en presente o es Pudimos? 

Es un movimiento que me simpatiza, me parece que era necesario. Me hubiera encantado un gobierno de Unidos Podemos y el PSOE, pero las izquierdas no se han puesto de acuerdo…

¿Este movimiento ha quedado reducido a la estética?

Ha crecido tan rápido que necesita asentarse. También los medios han ido a por ellos sin disimulo. En un momento hubo miedo a Podemos, de esa España que tiene miedo a lo desconocido. A Iglesias le he oído cosas que me han parecido errores estéticos. Le conocí y me pareció un chaval que no había venido para quedarse, pero las personas también cambiamos con el tiempo. Creo que la verdadera revolución es cuando no necesitas el poder para relacionarte con los demás.

Su visión es bastante idealista. 

Cuando realmente crezcamos como ser humano de una manera más universal y generosa, más nos acercaremos a ese tiempo nuevo. Yo tengo sueños, unos Estados Unidos de la Humanidad. Cualquier ser humano es infinitamente más valioso que cualquier frontera, nación o bandera.

La crisis de los refugiados niega todo eso.

La manera en que Europa ha tratado la crisis de los refugiados ha reflejado nuestro fracaso como modelo de civilización. Es como si al ser humano aún le faltara subir un escalón evolutivo. Para mí, la violencia, la cosificación de los otros, nos emparenta más con el mono. No hay nada más primitivo que cosificar al otro. El gran desarrollo intelectual, moral y emocional del ser humano es superar la confrontación.

Ese ser humano ideal acabaría con la materia prima del actor.

Podríamos hacer películas del pasado, de cuando los hombres se odiaban. Pero es cierto, el material más valioso para un actor es lo más irracional del ser humano. También lo bueno. Cuanto más polarizado, más riqueza para el actor.

¿Qué rasgos definirían a un corrupto a la hora de interpretarlo? 

Que sea español (sonrisa). En España tenemos una tolerancia bastante alta con el fraude.

¿Qué hubiera hecho con una tarjeta black?

No lo sé, es difícil. En otra época de mi vida, seguro que la hubiera usado. Afortunadamente he tenido suerte y, con esfuerzo, he conseguido que mi vida profesional vaya bien; no tengo grandes ambiciones de riquezas ni ostentación, tengo menos necesidades y miedos a que me falte, entonces me es más difícil (toca la madera de la mesa) caer en la tentación. Pero me remitiré a aquella frase, creo que de Terencio: “Soy humano, por lo tanto nada humano me es ajeno”.

¿Qué siente al ver una cola ante las oficinas de empleo o Cáritas? 

¿Sabes lo peor?, que a veces estoy hasta inmunizado, a veces paso con mi niña y… En general, digo que soy sensible hacia eso, pero supongo que podría hacer mucho y no lo hago.

El dolor, la angustia, el sufrimiento, ¿son sentimientos importables para usted como actor? 

Buena pregunta. Siempre he dicho que no se puede contar lo que no se conoce. Supongo que nunca llegaré a la grandeza, sin frivolizar, del sentimiento ese tan potente de una persona que sufre. Cuando haces un trabajo así te acercas, hablas con ellos, tratas de bucear y terminas haciendo una especie de abstracción imaginaria de cómo lo haría yo si estuviera ahí. Pero nunca lo sabes. Cuando me ha tocado interpretar situaciones así, trato de ser honesto conmigo mismo y me tiro a la piscina de imaginar ese escenario ficticio donde vivo eso.

¿Llega a vivir realmente esos sentimientos interpretando? 

A mí, como actor, me pasa. Por eso me fastidia cuando el director te dice “vamos a repetir esta toma”. Philip Seymour Hoffman decía “yo nunca repito toma, siempre hago una diferente”. Como actor, me gustaría pensar en la vivencia, no en el resultado. Sé que va a pasar esta situación y ya veremos cómo reacciono ante ella.

¿Eso es improvisar?

Bueno, sí. No sé. De alguna manera, hay que improvisar la interpretación. Hay que improvisar el guion. Improvisar la vivencia, la reacción. En la vida, ahora estoy hablando contigo y no sé si voy a hacer así (mueve su mano) o tirar esto contra el suelo… se me ocurre en un segundo. Pues intentar que ocurra eso, no que sea la frase leída, intentar no saber, como en la vida.

¿Qué significa Cristina Rota en su carrera? 

Una especie de figura casi mítica, reverenciada, admirada. Cuando vio Que Dios nos perdone, me escribió una cosa preciosa: “Antonio, has dignificado el trabajo del actor”. Me sentí muy orgulloso de que casi veinticinco años después de empezar en su escuela me dijera eso. Es curioso porque he aprendido a asimilar sus enseñanzas con los años. Una vez me dijo (inicia un soliloquio)… Entonces yo tenía mucha ansiedad, estaba con la muerte de mis padres muy reciente, me angustiaba la vida, quería tener seguridad y respuestas. No estaba preparado para aceptar que la vida no tiene nunca certezas. En esas cosas el cristianismo es horrible porque nos quiere educar en la certeza de que hay otra vida… (silencio, mira al suelo). Vengo del funeral del padre de un buen amigo, le han hecho una misa y mi amigo y yo decíamos pa qué. Creo que la religión sirve para enfrentarse al dilema de que somos la única especie que es conocedora de su propia muerte y para asumir lo difícil que es la incertidumbre de la vida. (Fin de la digresión, me mira de nuevo). Recuerdo que Cristina me decía en aquellos años “cuando tú te sientas actor”. Con el tiempo, cuando he ido trabajando y la gente me llama, y puedo vivir de esto, por fin me he creído actor y he descubierto ahora muchas de sus enseñanzas que no estaba preparado para entender.

¿Y está preparado para entender la victoria de Trump?

No sé, el desencanto, la falta de información… Lo que está claro que los voceros del sistema no supieron ver que una cosa más fuerte estaba viniendo.

¿No son cínicas algunas críticas desde España a Trump?

Claro que sí. Trump es como si Jesús Gil hubiese sido presidente del gobierno. Gil se quedó en alcalde in pectore de toda la Costa del Sol.

¿La opinión pública actual está en las redes sociales?

No sé hasta qué punto las redes sociales representan el país. Tengo Twitter, sobre todo por la información, que me interesa mucho. Pero no sé hasta qué punto las redes representan la vida.

¿Las redes trivializan el debate público?

Creo que el debate público se trivializa en general. Lo hablaba con un diputado amigo mío y le decía “tengo la sensación de que hay mucho periodismo parlamentario de Sálvame”. No se habla de leyes ni de las cosas que de verdad influyen en la vida. Se hace más un periodismo de Juego de Tronos. Él me daba la razón. Estamos mucho en el juego de sables, que si pablistas y errojonistas, susanistas y pedristas, marianistas y sorayistas… y no tanto en las leyes que de verdad afectan a los ciudadanos.

¿Es un debate público secuestrado?

Se le hurta algo con los ruidos. El ruido es una manera de enmascarar la verdad. Mira las tertulias políticas del prime time, son Sálvames de información política. Se hace mucho ruido en aras del espectáculo y las audiencias.

¿Para qué sirve un Goya?

Pues no lo sé. En mi caso, cambió mi carrera, pero era un cúmulo de cosas. Me pilló en un edad muy concreta, yo venía ya con cierto bagaje detrás. Me consta de gente que ha ganado un Goya y está en su casa muerta de asco. Así que no sé para qué sirve; solo el 8% de la profesión vivimos de esto.

Sin embargo, a los actores se les asocia con una vida glamurosa.

¡Que coño! Me pongo un traje y tal, pero es que me lo prestan para la gala de los Goya. (Repentinamente se pone de pie). Mira cómo he venido hoy, bastante bien. Este abrigo es de Caníbal, los zapatos no sé y la camisa es de Gordos. Así que voy vestido de cine (ríe y se sienta).

¿Y el boom de Ocho apellidos vascos?

Una maravilla. Cuando Martínez Lázaro dice con mucha gracia “no tengo ni puta idea de cuál es el secreto”, estaría genial tenerlo para hacer muchas pelis como esa. Demuestra que podemos hacer películas más allá de la comedia, que son hitos del cine, estuvo durante semanas en el top 15 mundial de las más vistas y desmiente el mito de que a la gente no le gusta el cine español… mentira, es un rollo patatero que se inventan los de la derecha (risotadas de villano de Disney para acentuar la broma). A la gente que le gusta el cine, le gusta el buen cine. Hay pelis buenas o malas españolas.

(En el patio de la tasca aparece uno de los dueños. Antonio le interpela, dejando en suspense hitchcockiano la entrevista)

– Don Roberto, una pregunta. Este es el coñac ese dulce, ¿no? Pero yo decía el oloroso, joé. Ya no es hora de coñac. No pasa nada, estaba bueno (Antonio me mira de nuevo).

¿Qué diferencia a un actor genial? 

No lo sé. Hombre, ya es genial que un actor sea bueno, ¿no? (risa impostada).

¿Usted no verá una película como yo, verdad?

No, imposible. Una de las putadas de esto es que, joder, nunca voy a poder ver Azul oscuro casi negro como tú. Vendería el alma al diablo por ir un día al cine y ver Azul oscuro casi negro sin tener ni puta idea de quién coño es ese del pelo rapado. Es como decirle a un niño quiénes son los Reyes Magos. Eso te lo pierdes.

La vida cobra peajes.

Las cosas que haces en la vida te marcan un recorrido por donde creces y avanzas, pero en otro te quita cosas. No sé quien dijo “El ser humano prefiere lo nuevo a lo grande”, porque lo nuevo siempre te proporciona una experiencia. Una de las cosas que te hace sentir vivo es mantener la curiosidad.

¿Qué admira en un actor?

La sinceridad y el riesgo. Hay muchos que lo tienen, Bardem, Meryl Streep… esa sensación de estar esperando a ver qué hace en su próximo trabajo. Brando le dijo a Johnny Depp “Oye, si te vas a dedicar al cine, no hagas muchas películas, porque un actor no tiene muchas caras”. Si lo dijo Brando, sería verdad.

Juguemos con los títulos de algunas de sus películas. ¿Qué merece una balada triste de trompeta?

La polarización y ver que aún siguen las dos Españas, el miedo, la intransigencia, la dificultad para empatizar.

“El material más valioso para un actor es lo más irracional del ser humano”

¿Quiénes son los primos actualmente?

Los mismos de siempre, los trabajadores, las clases más populares, los desahuciados…

¿Con quién no le importaría ser un caníbal?

Sólo concibo comer como un acto de amor y disfrute, así que supongo que con todo el mundo.

¿Qué convertiría una tarde en una tarde para la ira?

Cuando pierde el Málaga, lo paso fatal y me cabreo.

¿Y qué tiene que perdonarle dios?

No haber sido más valiente muchas veces y no haberme atrevido a ser yo en muchos momentos. Pero bueno, le diría a dios que no se preocupe, que yo ya me lo he perdonado.

Fin del juego. ¿Por qué ha hecho tan poco teatro? 

Durante muchos años he trabajado en Canal Sur, algo que podía compatibilizar difícilmente con el teatro. Luego, no han cuadrado cosas porque… (comienza a repetir el sonido de la letra erre). Perdona, pero me estoy dando cuenta que me han puesto un bracket y tengo problemas con las erres, con dr… ¡Coño, qué coraje! Mi madgre, mi padgre, cuadgradgro. Dicen que se me va a pasar. (Retoma la respuesta). No ha cua-dra-do. El teatro requiere más tiempo, pero estoy deseando.

¿Tiene reparos a ciertos trabajos por lo que puedan pensar sus hijos en el futuro?

Para nada. Soy un actor, espero que mis hijos se sientan orgullosos de su padre.

De sus personajes, ¿cuál le ha hecho sentirse más repugnante? 

Ninguno. Siempre he pensado, como actor y como persona, que todo el mundo tiene una razón para hacer algo. El terrorismo no tiene justificación, pero sí una explicación. Si somos valientes y llegamos a eso, quizás podamos reducir muchísimo las grandes lacras de la humanidad. La violencia nunca está justificada, pero sí tiene causas. Que no estén justificadas, por supuesto, pero las hay. Hay que tener la valentía y la altura intelectual, moral y política para buscarlas y atreverse a plantear el debate desde el origen.

¿Miedos? 

Supongo que sí. Mi miedo más grande ahora mismo está en mis hijos. Pero intento que eso no me paralice en la educación y en ayudarles a que anden con alegría por la vida.

¿Sus pasiones? 

El fútbol es una pasión muy grande. Me gusta mucho el cine, correr, la comida, la bebida, el sexo… Eso da pa una vida.

Una escena típica del cine es que un personaje aguante lo justo para decir una frase a alguien antes de morir. ¿Cuál sería la suya?

Soy muy Peter Sellers, alargaría ese momento. Mi frase final es… ¿Por qué nunca os pusisteis de acuerdo, gilipollas?

¿En qué momento es más Antonio de la Torre? 

Eso me lo pregunto yo todos los días mirándome al espejo. No lo sé. Cada vez me preocupa menos.

 

THE END

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