Antonio Gala

Lo sucinto y esencial llevado al extremo, incluso en lo físico. Aspecto cadavérico y una fuerza subyugante en su mirar, adonde de vez en cuando se asoma un niño de buena familia cordobesa para juguetear con las palabras y gastar bromas. Cráneo de anciano, risa infantil. Frágilmente bello, como Thoracata de alhelíes. El domador de la palabra nos recibe en su retiro conventual; ahora es más en sus gestos y silencios que en su discursos, ahora dice más en sus circunloquios espontáneos que en la respuesta precisa. Sin pañuelo de seda, nos muestra sin pudor el arpa de su cuello en una renuncia final a lo accesorio. Su médula es ya absolutamente senequista.

No obstante sigue siendo un seductor irredimible, se permite incluso coquetear con el fotógrafo. No suele mostrarse ni conceder entrevistas, pero hace una excepción para La Muy. Con más de setenta obras publicadas, es Premio Nacional de Literatura e Hijo Predilecto de Andalucía, además de acumular incontables galardones. Es Antonio Gala, el poeta de la indómita mirada de miel.

¿Es una condena escribir?

No es una condena, es una realización porque no tengo más remedio, lo que sé decir, sé decirlo con palabras… y es conveniente que no procure pintarlo ni esculpirlo porque no lo sé hacer (risas). Siempre he tenido una gran admiración por los plásticos, porque a mí escribir no me gusta, lo que pasa es que no tengo más remedio porque es lo único que sé hacer.

¿Todo lo que ha hecho en su vida ha sido en demasía?

No, he tenido una educación muy estricta. No soy persona de pata por alto. Lo que sí sé es decir lo que normalmente se dice con la pata por alto y se considera un insulto, eso lo sé hacer mejor. Yo no sé si porque no se dan cuenta o porque se dan bien cuenta de la intención, todas las personas que yo aborrezco -yo no odio- acaban dándome las gracias; no sé si lo digo bien, sin insultar, o es que de pronto se convencen de que tengo razón en lo que digo (con socarronería). No lo sé ni lo quiero preguntar.

¿Algún ejemplo, señor Gala?

Pienso en… ¿Ramona se llama? No, la de Valencia que está medio presa… Rita Barberá, sabía que empezaba por erre porque ella ha estado todo el tiempo erre que erre. Ella hizo una excepción muy curiosa conmigo: me gustaba mucho la Lonja de Valencia y le dije “Qué cena tan bonita se daría aquí”; pues de repente me dio una cena homenaje en la Lonja. Me preocupa lo mandona que debe ser porque aquel lugar no se había utilizado para nada que no fuera de ella misma. Debe tenerme miedo, o admiración o simpatía, porque todo lo que yo he sugerido lo ha hecho (mirada de candidez impostada y tono de inocencia maliciosa).

Hablando de presuntos corruptos, ¿qué le revuelve el estómago?

Tengo un estómago muy fácil de revolver (pausa larga). De modo que me lo revuelven muchas cosas. Por ejemplo, hay ahora un estado de ánimo general pesimista, terrible, desganado, es decir, damos la impresión como pueblo de que si no se nos gobierna con cierta rectitud intensa nos venimos abajo, y eso es triste.

Antonio Gala¿España sigue gritando “Vivan las caenas”?

Es el país del “vivan las caenas”, pero luego, cuando quieren ponérselas, no se las quiere poner. Es un país para ser gobernado por gente muy inteligente, extraordinariamente justa, es decir, por gente irreprochable. Lo que de verdad necesita España es un gobierno honesto, exigente y sacrificado; lo que peor ha tenido siempre: el gobierno. Porque es un país dócil; si fuese indócil, estábamos en guerra interna.

¿Andalucía tiene remedio?

En Andalucía se presume de lo contrario, el meritorio andaluz es el mayor sinvergüenza del mundo (su voz se vuelve cavernosa para intensificar las tres últimas palabras). Además, algunos menos oportunos y diplomáticos, alardean de eso: “¿No se puede hacer eso?, eso lo hago yo con los ojos cerrados”, y al final es un disparate horroroso.

En Andalucía, siempre he pensado que la excusa es, si lo haces con cierta gracia y no es dañina, una manera de vivir. Claro que se aprovechan, pero luego tienen un detalle por Navidad (carcajadas).

Damos la impresión como pueblo de que si no se nos gobierna con cierta rectitud intensa nos venimos abajo, y eso es triste

¿Es una entelequia Andalucía?

Pues pregúntaselo a un bilbaíno o a un castellano viejo. Mira, a Andalucía ¡le da exactamente igual lo que me estás preguntando!, y ese es su carácter. Su carácter es que en el fondo está encima. Cuánto tiempo para la reconquista, porque la consideraban

muy difícil, y cuando la conquistaron se metieron en Andalucía como si hubiesen ejercido siempre de andaluces… porque nos envidiaban (casi en un susurro, como quien desvela un ancestral secreto).

Siempre el Norte ha envidiado al Sur, por eso nos critican y dicen eso de “Sí, es del Sur” (remeda el tono de un personaje femenino malcriado) con un encogimiento de hombros. Pero se respeta y se envidia. El Sur es envidiable.

Para Cernuda, el andaluz es sombra hecha de luz. ¿Y para usted?

Al andaluz yo no lo definiría, me abstendría absolutamente (ríe y gesticula para espantar algo parecido al hada de los imposibles); nos equivocaríamos siempre, porque el andaluz no existe, existe lo andaluz, pero el andaluz… es un medio gitano, gracioso, sinvergüenza, trincón, engañoso, pero lo andaluz no es así.

¿Cómo es lo andaluz?

Lo andaluz es, en el buen sentido de la palabra, aristócrata (se yergue en el sillón adoptando una pose cuasi imperial).

¿Los andaluces maltratan mucho a Andalucía?

Hablar mal de Andalucía delante de un andaluz es imposible. Pero el andaluz, cuando está hablando mal de Andalucía, se sabe andaluz y que también depende de él. En general, el andaluz no es mala persona, pero tolera a las malas personas. Y gitaneando colabora para que le den un compartimento estanco de beneficios… que también es lógico (tono picaresco).

Antonio Gala¿Para qué sirve la literatura, señor Gala?

Servir, servir, para nada. Cuando se dice, para qué sirve la lluvia, pues para nada. La literatura, en realidad, para nada, para que uno se desahogue y le guste lo que está haciendo; incluso que gane dinero.

Entonces ¿usted habrá ganado mucho dinero con algo inservible?

(Comienza a hablar con seriedad) A mí el dinero me importa menos, quizá no me ha faltado y algo de menos sí que lo he echado… Pero para qué sirve el dinero, para lo que se ha creado: yo hago esto y tú haces lo otro, podemos intercambiarlo, ¿cómo lo intercambiamos? No sé, a ojo… ¿Y por qué no tenemos un idioma común ya que tú hablas inglés, yo arameo? El idioma común es el dinero.

Pero es un idioma injusto, ¿no cree?

Los listillos se han aprovechado, ese pacto del dinero era un pacto de confianza, de acuerdo personal. Luego vinieron los que ya no son personas, que son los que mandan, y dijeron “Hay que organizarlo porque si no el ser humano es muy malo”… y son ellos los que lo hacen malo. Se creó el dinero, y empezó a empeorarlo todo.

Viajemos del dinero a la lírica. ¿Qué es para usted la poesía?

¡La poesía es una manera de hacer el imbécil! Porque no tienes más remedio, el que no sea de verdad poeta debe dejar de serlo, porque el poeta es indiferente al daño, no quiere ganar dinero, quiere expresarse y expresar lo que tiene alrededor, también la queja y también la adoración a dioses o a lo que sea.

¿Ese sería su consejo a un joven poeta, que lo dejara?

El que sale poeta… (con aflicción, casi con dolor). Y te lo digo yo, que a mí me ha pegado cada torta mi ama, que me adoraba, porque escribí a los cuatro años: “En mi balcón / ha crecido con estas lluvias / un manojito tupido de hierbas rubias”. Era el balcón de mi dormitorio, de la calle Claudio Marcelo, había llovido como llueve en Córdoba, ah (para demostrar la brevedad del chaparrón) y deja de llover, que llueve como si escupiera, y en mi balcón de la casa familiar ha crecido con estas lluvias un manojito tupido de hierbas rubias (al recitar de nuevo esos versos infantiles queda ensimismado, con la mirada perdida, quizá, en su niñez). Y el ama dijo “Oye, este niño nos va a matar a todos”. Era un piropo, la pobre me adoraba (risas), se llamaba Amalia. Todo lo que yo hacía o decía le parecía de persona mayor, y ella decía “Ya se le pasará”.

(Fragmento de la entrevista a Antonio Gala. Sigue leyéndola en nuestra versión en papel.) 

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