Años cumplidos, sueños por cumplir

Cerramos el segundo año de nuestra corta pero interesante y fructífera trayectoria como revista. Y lo hacemos con una portada apabullante, y de mismita casualidad, protagonizada por un profesional de la comunicación. Un periodista de profesión y de devoción. Alguien que igual contaba las hazañas de Miguel Induráin en París que decidía narrar el intento de golpe de Estado del 23F frente al Congreso de los Diputados ante la perplejidad de sus compañeros de deportes de Hora 25 en la Cadena Ser.

Parece el momento oportuno de hacer balance, no sin antes contaros una anécdota de esas que en su momento aturden, enfadan e incluso llegan a confundir. Algo que muy pocos saben y que tiene que ver con nuestros inicios. Justo cuando soñábamos reportajes maravillosos, colaboradores inalcanzables, techos de publicidad y portadas de personajes sevillanos con vidas y obras más que contrastadas aunque ocultas en algunas de sus parcelas.

Aún me resulta increíble echar la mirada atrás y comprobar que en un 80% del proyecto hemos cumplido los objetivos: los reportajes periodísticos, científicos, de temas sociales, históricos, musicales, firmados por plumas reconocidísimas, no solo en el ámbito local sino en el nacional e internacional. Algunas de ellas mediante colaboraciones puntuales y otras a las que estáis agradablemente acostumbrados los que coleccionáis cada publicación. Con respecto al techo de publicidad, digamos que hemos conseguido mantener unos mínimos con los que se sostiene la revista, para ser sinceros. Aún hay mucho por hacer. Es curiosa la reflexión que hace acerca de este tema José María García.

No obstante, el último de los apartados, el de los protagonistas de portada es, de largo, el que más nos ha sorprendido. No os engaño si os digo que nuestras aspiraciones en cuanto a esto eran extremadamente más humildes. No quiero nombrar a nadie de los que estaban en nuestras quinielas por no caer en comparaciones baladíes, aunque haré una excepción con el personaje que pensamos para la primera portada y que, tras consultar a los pepitos grillos que nos aconsejaban en nuestros inicios, parecía perfecto.

En los años sesenta la ciudad de Sevilla (que es donde nace la revista y sobre la cual comenzamos a montar esta publicación de lo local a lo global, como dice alguno de los nuestros) sufre una pequeña revolución cultural coincidente con la movida madrileña. Un periodo en el que la sociedad parece empezar a desperezarse de la dolorosa pesadilla del franquismo. En ese caldo de cultivo en que la homosexualidad apenas puede disimularse y la copla, el chiste y la sevillanas se mezclan en la misma coctelera, con el beneplácito de una heterosexualidad divertida y ansiosa de espectáculo y risas, brotan una serie de personajes que rompen la baraja.

La trasgresión, el atrevimiento, el descaro, la poca vergüenza, la modernidad, lo kitsch, empiezan a crear un tejido cultural undergroung que contextualiza a esos personajes peligrosos de los que hablaba Mansilla en El Canijo, y a la vez a otros excepcionales como La Esmeralda, Ocaña de Cantillana y otros tantos diferentes que abrieron puertas por las que más tarde entraron y salieron muchos.

Y en el de nombre de mineral precioso de color verde pusimos el punto de mira. Reunía las características intelectuales y sociales del personaje tipo que soñábamos para nuestra primera portada: libre, heterodoxo, infractor, moderno, sevillano. Investigamos, llamamos, e incluso nos presentamos en su casa de la calle San Luis para presentarle nuestros respetos y admiración. Apelamos a sus devociones más sacras como Santa Ángela de la Cruz o la Esperanza, pero no sirvieron de mucho. El problema fue que La Esmeralda había desaparecido. Los mayores vuelven a ser niños y La Esmeralda vuelve a ser quien dice ser en su pasaporte: Alfonso.

Lo que a priori parece lo más sencillo resulta ser lo más complicado y viceversa. Es un dicho que nos ha acompañado en este segundo año persistentemente, logrando acceder de manera natural a los que habéis encontrado a lo largo de las páginas que suceden a ésta.

Con la ilusión renovada de cada revista en la calle y con la misma filosofía vital de tomarnos a nosotros mismos muy poco en serio, cerramos el segundo año y enfilamos el siguiente. El tercero. No sin antes dar la bienvenida a aquellos malagueños y granadinos que desde este número podrán encontrarnos en su centro Fnac correspondiente. Hemos llegado para quedarnos (todo el tiempo que podamos).

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