Álvaro Aguado

Álvaro Aguado es un tipo peculiar, nervioso, extrovertido, distinto. Sabe lo que quiere. Se autodefine como “contador de historias”, con esas palabras resume su perfil profesional: un porcentaje de publicista, otro tanto de creativo, director y guionista, pero sobre todo le apasiona contar historias.

Sorprendente, no llega a ser raro. Este joven sureño, que es pura mezcla, desea emigrar a EE. UU. porque cree que hay más oportunidades en su campo que aquí. “Tengo que hacer músculo en mi tierra para triunfar lejos de ella más adelante”.

Estudió en el Instituto de Cine de Madrid y actualmente trabaja en Sevilla. Desempeña la profesión de publicista aunque su formación sea de cineasta. Ha rodado cortos, pero los éxitos le han llegado con la publicidad, donde tiene referentes claros: Toni Segarra, Luis Bassat y “el maestro Mejide”.

Estamos ante un publicista diferente, no le gusta trabajar coaccionado y cree que “es posible vender un producto contando una historia”. Si vendes cerveza y piensas en un spot con una caña bien fría, Aguado no es tu hombre; él va mas allá y crea una historia en torno a la caña porque está convencido de que es la mejor forma de permanecer en el recuerdo de las personas.

En su obra se ayuda de un sentimiento de desamor y desilusión, que él achaca a “mi musa, que es más bien un recuerdo basado en la nostalgia”. No sabría definir qué parte hay de creatividad y de negocio en su trabajo, aunque “un buen publicista intenta que la segunda sea la menor posible. Todo publicista se adapta a lo que el cliente pida, pero hay que ser valientes”. El cliente está satisfecho cuando “la creatividad es buena”, que provoca que el producto “sea bien recibido por las otras marcas de la competencia”.

En la batalla ficticia de los anuncios funcionales (ej. detergentes) contra los creativos (ej. BMW), Álvaro apuesta por los últimos. “Cuanto menos se note que estás vendiendo algo, mejor va a funcionar tu idea. Nadie se acuerda de un anuncio por el producto o servicio que se ofrece, sino por la emoción que le ha suscitado”.

Cada vez que se enfrenta a un nuevo proyecto “necesito feeling con lo que voy a vender, mezclarme con el producto”. “Si construyo una historia sobre el aceite, tendría que ir al campo, ver el olivo, relacionarme con los agricultores, ir al molino, ver el proceso de fabricación, entenderlo todo”, afirma. Al cliente “le hago preguntas y le invito a que las responda desde la piel del consumidor final”. “Todo producto es vendible con una buena historia”. Álvaro Aguado

Ha hecho de la necesidad virtud y en sus últimos trabajos ha utilizado un IPhone 6. “Tengo en el bolsillo una cámara de muy alta calidad y puedo prescindir en algunos casos de los técnicos; por desgracia hay poco presupuesto destinado a la publicidad”. No obstante, sus trabajos con este Smartphone han sido galardonados por su gran calidad y creatividad. “A pesar de eso, defiendo los trabajos realizados con mis técnicos de confianza Antonio Blanco y Antonio de los Santos”.

Ser publicista en Andalucía “es muy difícil”. Por un lado, la mayoría de empresarios “no apuestan por la publicidad, no la ven necesaria”. Por el otro, “están los egos”, que llevan a que en muchas pequeñas empresas “se crean capacitados para crear un anuncio, incluso disfrutan haciéndolo de una forma amateur”, pero si de verdad buscan resultados “deberían confiar en un profesional”.

Piensa que hay grandísimos profesionales y jóvenes publicistas con talento único, pero “les falta ilusión” por cómo está el mercado. Las empresas de publicidad y agencias tienen que pagar a tus trabajadores y “terminan cediendo ante los clientes y creando anuncios sin gancho o aburridos”.

Le preguntamos cómo sería su anuncio ideal: “sustentado en el misterio”. Fan de Christopher Noland, en los anuncios de Aguado “siempre hay un personaje principal al que le van pasando cosas, que a veces tienen un matiz reflexivo y otras rozan el disparate”. “Busco el anuncio donde el director pueda jugar con el público, incluso defiendo anuncios con finales abiertos, dando protagonismo a la imaginación de cada  consumidor”.

La música es fundamental en todos sus spots. “Soy clipero, un publicista muy musical”, ya que una buena música puede ser el 80% del éxito de un anuncio. “Grandes canciones de la historia se han hecho famosas por acompañar un anuncio”.

Tres últimas preguntas breves y directas, como un spot.

Si tu vida fuera una serie, ¿qué tres anuncios meterías en el inicio, en medio y al final de su emisión?

Al principio el de Coca-Cola en que aparecen un abuelo y su nieto. En medio, el de la ilusión de compartirlo de la Lotería de Navidad, porque es un anuncio comprometido. Al final, el de BMW de la mano sacada por la ventanilla y el eslogan ¿Te gusta conducir?

¿Cuál es el mejor anuncio de la historia?

El de Coca-Cola en Argentina, que iniciaba cada frase con “Para los…” y que representaba diferentes personalidades con botellas y recipientes del producto.

¿Qué te gustaría lograr a corto plazo?

Estoy ahora en un proyecto de un corto y me encantaría ganar un Goya (risas).

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