Alta cultura vs. cultura de masas

La alta cultura es un concepto utilizado por algunos para aunar una serie de disciplinas artísticas o productos culturales y modos de producción de los mismos, para ponderarlos en el summum de lo que ellos entienden como cultura. Una definición que ya desde su concepción lleva implícito un carácter aislador y clasista que da que pensar.

Sin embargo, es cierto que existe un conflicto intelectual entre lo que entendemos como alta cultura y la cultura de masas. Un conflicto no sé si real, que quizás pueda resumirse en cultura y no cultura. Me explico.

En el libro La civilización del espectáculo de Mario Vargas Llosa, el escritor expresa su preocupación sobre esta cuestión e intenta explicar la transformación que ha sufrido la cultura de los años cincuenta, sesenta y setenta hasta la actualidad. ¿Cultura = entretenimiento? Mi respuesta es no. Un no rotundo. No podemos confundir acepciones de lo que la RAE dice que es cultura. En primer lugar, dice que cultura es el conjunto de conocimientos que nos permiten a los seres humanos tener un juicio crítico y complejo. En segundo lugar, define cultura como el modo de comportamiento, costumbres y modos de vida que definen a un grupo.

Los productos culturales -obras teatrales, ensayos literarios, novelas, performances, películas, música, etc.- no dejan de ser productos de entretenimiento en tanto en cuanto no estén preñados de un objetivo cultural, es decir, ese aporte de conocimientos que ayuden a adquirir un juicio complejo. Serán “culturales” cuando vayan más allá.

También es cierto que esos productos pseudoculturales han facilitado la integración y la liberación del individuo que antes podía sentirse prisionero de académicos y eruditos farragosos. A ese conjunto de actividades se le suele llamar cultura de placer y coincide, en buena parte, con la cultura mayoritaria o de masas.

Al hilo de todo esto acabo de acordarme de una conversación. Un profesor de esos que no se olvidan me dijo que una persona culta puede ser feliz en ocasiones puntuales, pero necesariamente esconde un trasfondo triste, crítico, conocedor de los intereses más salvajes del ser humano y, sobre todo, tiene una mente analítica y profundamente compleja que hace que nunca llegue a ser feliz plenamente.

Me preguntarás por qué me planteo estas cuestiones. Hace unas semanas nos hicieron una entrevista y nos preguntaban si íbamos dirigidos a las élites culturales. Ni siquiera sé a ciencia cierta si hacemos un producto cultural o de mero entretenimiento.

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