Agente 00

De repente soy un agente cultural. O al menos eso me han dicho que soy de la noche a la mañana. Es como ser un agente 00 pero sin armas. Bueno en realidad tengo la más codiciada: la palabra. El traje de agente no me lo han hecho a mi medida y me queda algo grande pero me he apuntado al gimnasio para que al menos los hombros me queden en su sitio.

El día que me comunicaron que había entrado en este selecto cuerpo, me reuní con mi particular M. Me condecoró y desde entonces tengo la obligación y la curiosidad de tener que asistir a reuniones secretas. En la primera no conocía a absolutamente nadie. Era el nuevo y sabía que mi rol era ser discreto y escuchar mucho. M explicó el motivo del llamamiento: crear una marca cultural para Sevilla y planificar a medio plazo su desarrollo.

Sentados entorno a una mesa redonda como la del rey Arturo, estábamos algunos de los agentes, de edades muy variadas y con experiencias diferentes. Unos exponían su desconfianza en la organización, su dirección e intenciones; otros reclamaban un aumento del presupuesto para sus operaciones concretas; los menos pedíamos operaciones al menos y nadie callaba.

La segunda reunión secreta a la que asistí como agente fue un poco más organizada. Era más bien un congreso. Ahí sí conocí a más gente aunque decidí sentarme a un lado solo y observé. Estaban todos los peces gordos de la cultura de Sevilla (o al menos los que a ellos mismos así se consideran). Nos dividieron en grupos y empezamos a trabajar en base a unos argumentos impuestos.

Eché de menos un poco de análisis: dónde nos encontramos, por qué, qué queremos, cómo lo queremos y para cuándo. También observé un corporativismo impostado y muy de cara a la galería que no intenta más que esconder egoísmo y un que cada uno luche por lo suyo. Quizás debiéramos preguntarnos más allá del propio interés de nuestro pequeño corrillo, qué nos pide la ciudad y los ciudadanos. ¿Qué quieren de nosotros? ¿Y si no quieren nada o necesitan otro enfoque?

Si hablamos del dónde… Sevilla se ha convertido en un espacio cultural o desculturalizado en sí mismo. Mal reformados lugares que tuvieron una identidad en su tiempo y que se intentan restaurar o se restauran para darles una utilidad para el que no se crearon. No hay que dar nombres pero todos sabemos de qué hablo. Terminan por ser sombras de lo que originariamente fueron. Sombras deformadas que emborronan nuestra cultura y nuestra identidad. Curioso que intentemos elaborar una marca cultural y eliminemos nuestra idiosincrasia más profunda.

Al final de las pelis, el agente se lleva a la chica y salva al mundo. Lo de la chica me gusta, lo de salvar el mundo un poco menos. Pero con estos argumentos el mismísimo Ian Fleming no haría ni dos cortometrajes.

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