Abril sevillano, mayo francés

Autor: Paco Correal.
En el mayo francés yo tenía once años, los que ahora tiene mi hijo Paco, que horas después de escribir estas líneas se gradúa de Primaria con un birrete que su hermana le compró en Pichardo. El mayo francés terminó con un junio sangriento. El 6 de junio asesinan en plena campaña electoral a Robert Kennedy, la gran esperanza blanca del catolicismo irlandés en los Estados Unidos, cinco años después del asesinato de su hermano, John Fitzgerald Kennedy. El 7 de junio de 1968, ETA inaugura su estela de sangre asesinando en un control de tráfico a José Antonio Pardines, un guardia civil gallego de 25 años. Después le seguirían casi novecientas víctimas mortales.

El 8 de marzo de 1968 El Corte Inglés inauguró por todo lo alto su sede en Sevilla, en la plaza del Duque de la Victoria, título del general Espartero, un manchego de Granátula de Calatrava que bombardeó la ciudad y le honraron con ese lugar en el callejero, en la plaza que preside la estatua de Velázquez con la Inmaculada Giganta de Murillo en el escaparate central.

En la primavera de 1968 el Betis y el Sevilla se pusieron de acuerdo para bajar a Segunda División. Yo vivía en Puertollano y el equipo de mi pueblo, el Calvo Sotelo, jugó por única vez en su historia la promoción de ascenso a Primera División. La perdió contra el Córdoba. Esa derrota fue una bendición. Perder es cuestión de método, como tituló su novela el colombiano Santiago Gamboa, porque eso me permitió ver al Calvo Sotelo contra el Betis y el Sevilla en la temporada 1968-1969.

El mayo francés lo debió sentir con mucha intensidad la gente de mi generación, porque el francés era el idioma que se enseñaba a partir de tercero de bachiller. El aprendizaje del inglés era una extravagancia: era el idioma de la pérfida Albión, y daba la sensación de que Franco y sus adláteres no se podían permitir que se le diera pábulo al idioma de quienes a partir del Tratado de Utrecht se habían hecho con el peñón de Gibraltar. Ese anatema del idioma del imperio hacia el inglés es el precedente más cercano de lo que el soberanismo catalán, en un tic franquista, hace con el ninguneo del castellano. Éramos afrancesados culturales. Para reforzar nuestra autoestima colectiva, Massiel ganó en Londres el Festival de Eurovisión. El Manchester United ganaba la Copa de Europa dos años después de que lo hiciera el Madrid yeyé.

Aquella primavera del 68 terminó con la llegada a Sevilla de Francisco Franco en su última visita oficial a la ciudad. Inauguró el puente del Generalísimo, hoy de Los Remedios, y se trajo a casi todo el Gobierno, incluido su vicepresidente Luis Carrero Blanco. Manuel Fraga Iribarne, ministro de Información y Turismo, inauguró la ampliación del hotel Inglaterra y la Feria del Libro de Sevilla. El premio Planeta lo ganó el sevillano Manuel Ferrand con la novela Con  la noche a cuestas. Única vez que lo ha ganado un paisano de José Manuel Lara, el editor de El Pedroso que creó el certamen.

El mayo francés había llegado a Sevilla mucho antes, se había mezclado sutilmente con el abril sevillano. La música que llega desde las bases de Rota y Morón va abriendo fronteras. Agustín García Calvo, catedrático de Latín y Griego, revolucionó a su alumnado, entre el que se encontraba una joven Carmen Romero, futura esposa de quien sería presidente del Gobierno Felipe González, que en 1968 era un joven abogado de 26 años. García Calvo fue expulsado de la Universidad y de la ciudad de María Santísima. Fue el detonante para que uno de los más lúcidos afrancesados de la ciudad, el pintor y cantautor Benito Moreno, hiciera los bártulos y dejara su Sevilla natal para irse a Francia. El mayo francés le cogió en Bretaña. En 1968 se celebraron los Juegos Olímpicos de México, marcados por el black power, el acto de rebeldía de los atletas norteamericanos desde el podio.

El fin de semana que Franco vino a Sevilla -22, 23 y 24 de junio- hubo elecciones generales en Francia. Las primeras después de la revolución en las calles de París, en las aulas de Nanterre y la Sorbona. Charles de Gaulle era el presidente de la República Francesa y concurrían a los comicios Giscard d’Estaing y François Mitterrand, que regirían en épocas posteriores los destinos de ese país con alardes de reyes de una monarquía republicana.

En el festival de Cannes, Truffaut y Godard se solidarizaban con los estudiantes. Daniel Cohn-Bendit se convertía en un líder carismático que con el tiempo encarnaría el desencanto, la evidencia de que toda revolución devora a sus revolucionarios, estigma de la mantis religiosa que contaron Alejo Carpentier en su novela El siglo de las luces o los hermanos Taviani en su película Alosanfan. El mayo francés abrileaba en Sevilla con apellidos como Montpensier, el hombre que pudo reinar como la película de John Huston, o Forestier, el botánico que diseñó el parque de María Luisa. Lo verde empezaba en los Pirineos y al otro lado de Godard y Truffaut estaban Alfredo Landa y López Vázquez con su particular síndrome de Estocolmo, cuando España descubrió las suecas.

Año 68, gozne de revoluciones cotidianas, el doble tránsito cultural de los emigrantes que se iban al extranjero y los turistas que descubrían el sol, la playa y un país insólito. Las divisas de los primeros y los ingresos de los segundos fueron un acicate para la autarquía. Un cruce de influencias que narra magistralmente Juan Goytisolo en Señas de identidad. La muerte política de Franco se adelantaba a su muerte biológica. El Franco gallego iniciaba su devaluación. Se iba mayo en Sevilla y abrían los cines de verano, que medio siglo después es un lujo de arqueólogos. Cuando el dictador visitó Sevilla ponían Sor Citroen en el Candelaria, La caída del imperio romano en el Cruz Roja o La batalla de las colinas del whisky en el Palmera Cinema.

Medio siglo después, mi hijo tiene los once años que su padre tenía en el mayo francés. El vecino que aportó a nuestra historia vocablos como Suresnes, la refundación del socialismo, o Colliure, el triste final de Antonio Machado. La Transición empezó cuando Santiago Carrillo vino desde Montpellier con una peluca que le había dejado el peluquero de Picasso. El mayo francés se apellidó en 2018 Zidane y Benzema, que evitaron que medio siglo después otro equipo inglés volviera a ganar la Copa de Europa. Aliados contra la pérfida Albión, como en el gol de Zarra en Maracaná.

Paco Correal
Paco Correal

Periodista y escritor.

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